<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552</id><updated>2012-01-02T02:53:27.736-08:00</updated><title type='text'>Jóvenes universitarios producen</title><subtitle type='html'>Este blog será nuestro medio de comunicación: aquí incluiremos textos teóricos varios y, sobre todo, el material que ustedes vayan produciendo a lo largo del año. Creo que va a ser un buen espacio no sólo para nuestra tarea cotidiana sino, también, como posibilidad de publicar, de trabajar realmente para un tercero, para un lector que pueda interesarse, nutrirse y disfrutar de nuestros textos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>129</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8531644278897929499</id><published>2011-12-17T15:41:00.000-08:00</published><updated>2011-12-17T15:43:06.976-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Temores</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Llegué temprano, quince minutos para las siete. Dudé al abrir la puerta blindada de la entrada. Pero respiré hondo y entré. Caminé por un gran pasillo que me llevó directo a una sala. Las paredes eran de color gris, al igual que las sillas, que el techo, que la alfombra, y hasta el teléfono de la secretaria que amablemente me ofreció sentarme. Todavía no había llegado nadie, así que tomé asiento. Me fue inevitable pensar en Carla. Toda la noche estuvo dándose vueltas sin poder conciliar el sueño, quizás sea que la panza de siete meses la tenga  cansada. No quise despertarla. Sin desayunar vine directo a la oficina de  Pro Seguridad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;A las siete de la mañana ya éramos tres los postulantes.  Un señor de unos cincuenta años que no paraba de bostezar y un pibe más chico que yo que no dejaba de frotar con su mano derecha  un llavero con un pequeño  revólver. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;La  secretaria se nos acercó y  propuso que llenáramos unos formularios antes de  pasar a nuestras entrevistas individuales. Para mí era  una experiencia nueva completar uno de esos. Traté de medir las palabras para no cometer alguno de mis horrores de ortografía. Desde pequeño no hice otra cosa más que malabares con la madera. Bueno, después de todo no parecían tan difíciles las preguntas. ¿Quien puede ser tan ignorante para no saber qué poner en nombre, edad, barrio, disponibilidad horaria? Pero la última pregunta o me resultó tan sencilla, la miré una y otra vez, ¿cómo iba a saber que me preguntarían esto?  Todo era tan ameno. Pero con esa pregunta: todo cambió. ¿Qué decir? ¿Qué callar? Sólo sabía  que era  imposible no recordar...   &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;      Esa tarde calurosa de martes Don Araujo quiso enseñarnos  a usar el rifle que tenía en el patio de atrás. Nos puso en fila y dijo que cada uno debía intentar matar al menos un pajarito. Todos estaban tan entusiasmados que se peleaban porque les tocara su turno. Entonces hicimos un círculo como cada vez que teníamos que tomar una decisión como grupo. Santiago, sin pensarlo demasiado, le jugó una pulseadita china a Leandro para saber quién sería el primero. Los dos eran muy buenos, pasados diez minutos aún  no había definición. Mientras tanto el viejo pasaba por detrás de nosotros tan cerca que me fue inevitable sentir su aliento en mi nuca. Eso me puso nervioso del todo, aunque traté de disimularlo alentando a Leandro.  La espera se me hacía interminable. Y  casi no podía esconder el temblor de mis piernas. Ese temblequeo era igual al que sentía en mis pesadillas. Cada noche desde hacía un año  sufría el mismo sueño. Siempre el mismo sueño: estoy solo en un campo. Camino. Escucho un disparo, tengo miedo y corro a mi casa. El cielo se nubla de golpe. Corro tan fuerte como puedo. Me distraigo mirando un perro negro atorado en una cerca. Lo quiero ayudar. Intenta morderme. Salgo disparando y el perro se zafa y me persigue. Corro tan rápido como puedo. Tropiezo y caigo en un pozo. Siento mucho frío. Empiezo a tiritar. No puedo moverme. Un hombre viene con su rifle y se queda al lado del perro. No puedo ver su cara. Me dispara. &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;Entonces despierto… Esa pesadilla comenzó cuando el abuelo tuvo que irse. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;     Tras la partida del abuelo, &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;mamá quiso alejarse de la capital y nos fuimos a vivir a un lugar más tranquilo, en Cañuelas. Quería establecer ahí la carpintería familiar y que yo continuara con el oficio de su padre.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;     Cerca de la iglesia del pueblo se ubicaban unas quince casas con grandes terrenos verdes. No había mucha gente mayor pero sí bastantes niños. Fácilmente pude hacer amigos. Teníamos algo en común: nos gustaba jugar a la pelota. Así fue que todos los días hacíamos un picadito después de almorzar. El lugar preferido era esa vieja casa cuidada por Don Araujo, contaba con grandes nogales que eran perfectos para tirarse un rato y descansar en los entretiempos. Santiago era el que siempre llegaba primero, la curiosidad por las armas lo tenía atrapado. Golpeaba las manos para pedir permiso, aunque &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;a veces el viejo estaba de tan mal humor que no se asomaba y solo se escuchaba desde adentro: “no jodan”. Entonces esperábamos a que se fuera a visitar a su hermana mayor que vivía cerca y nos acercábamos al portón de atrás, generalmente sin llave y entrábamos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;    En lo mejor de muchos partidos don Araujo aparecía y nos interrumpía &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;pateando sin consideraciones las botellas de plástico que poníamos como arco. Primero nos retaba por entrar sin permiso. Luego buscaba el rifle. Ninguno de nosotros se atrevía a moverse. Yo ya sabía lo que haría después. Otra vez nos  empezaría a llenar la cabeza con sus historias sobre la guerra de las Malvinas. Muchas veces empezaba alegre relatando como cientos de jóvenes habían sido valientes por luchar por la patria, pero luego, a medida que continuaba, recordaba cuántos muchachos habían muerto en sus brazos, su mirada se transformaba, no podía controlar su rabia y nos echaba sin contemplaciones.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;    Varias veces&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; les &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;pedí a los demás que no volviéramos. Argumentar que el ex militar estaba loco fue mi coartada. Pero la verdad era que yo le tenía terror. Votamos y ganaron ellos. Ese martes no pude dejar de ir si no quería quedarme sin amigos. Durante unos meses me habían servido los pretextos. Me encerraba en el baño en la escuela, antes de que terminara el segundo recreo y fingía sentirme mal. Rápidamente algún maestro notaba mi ausencia y mandaba a alguno de mis compañeros a buscarme. Entonces pedía que llamaran a casa para que vinieran por mí. Al despedirme les decía a mis compañeros que no iría a jugar. Recién entonces podía respirar tranquilo. Me sentía aliviado. Aunque a veces el plan no funcionaba. La portera del colegio me traía un té con limón y me decía que el malestar se me pasaría volando. Así que tenía que decirles a mis amigos la excusa típica, usarla a mi mamá como la mala de la película : “Hoy no puedo ir, mi vieja me encargó ayudarla en el taller”. Pero ellos eran testarudos, iban de todos modos a mi casa y golpeaban las manos una y otra vez. Mamá me ordenaba que fuera a atenderlos. Después de varias veces de repetirse esa situación, sospechó y me sometió a uno de sus interrogatorios. No supe qué decirle. Así que preferí callar y esperarlos listo ese martes&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt; a las tres de la tarde. Mamá no podía saber mi secreto. Aquella tarde de primavera, crucial para mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    Había caído viernes ese veintiuno de septiembre. Yo había llegado temprano del colegio, dejé el guardapolvo en mi casa y, como mis padres no estaban, fui a visitar a mi abuelo a la carpintería. Llevaba en mi mano el alfajor que mi maestra me había regalado por la primavera. Pensaba dárselo a mi abuelo a cambio de que hiciera una repisa nueva para mi habitación. Pero cuando estaba llegando escuché un disparo. Corrí tan rápido como pude. Al llegar vi la puerta rota y el arma de mi abuelo cubierta de sangre en el cordón de la vereda. Entré y con la desesperación no me fije por dónde caminaba y  me golpeé con unas de las máquinas que estaban tiradas en el piso, caí sobre una madera con un clavo y me hice un tajo. Llamé varias veces al abuelo pero no contestó.  Entonces fui  al baño a buscar algo con que limpiarme la lastimadura y ahí lo vi.  Él&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;  estaba inconsciente en el suelo del baño. Por un instante quedé paralizado. No sabía qué hacer. Como un tonto, mientras mis lágrimas corrían por mis mejillas grité: “abuelo, abuelo”. Pero él seguía quieto. No me animé a moverlo. Solo seguí llorando. Como no &lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;respondía, salí desesperado.&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;Sentí tanto miedo que apenas atiné a agarrar algo para limpiarme la herida y  huí. Caminé lo más rápido que pude hasta llegar a casa. Al abrir la puerta, mamá estaba inmóvil con el teléfono en su mano. Por unos minutos me quedé mirándola, no pude preguntarle nada pero su llanto me dijo que ya sabía la mala noticia.  Estaba en estado de shock, aunque al volver en sí, medio ida aún,  me preguntó qué me había pasado en la pierna. No supe qué decirle. Tenía mucho miedo. Así que cobardemente  preferí callar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    Solo me permitía hablar en sueños, cuando no era consciente, a veces balbuceaba unas palabras. Mamá pensó que alejándonos del barrio desaparecerían mis pesadillas frecuentes. Pensó que así podríamos olvidar la pérdida del nono. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;    Cuando llegamos&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt; ese martes Araujo salió a recibirnos con una sonrisita y nos hizo pasar sin chistar, la expresión de su rostro hacía notar que se traía algo entre manos. Daba vueltas alrededor del círculo donde Leandro y Santiago jugaban a la pulseadita china, cual lobo que busca su presa. Después de unos minutos,  se paró en el medio del círculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-No pierdan más tiempo con pavadas. Si quieren jugar van a tener que ganárselo –dijo con prepotencia- A ver, vení vos, Juancito. Vas a tener que matar tres pájaros si querés el picadito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por un segundo quedé inmóvil, tanto que cuando quise salir del grupo&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;ya les había dado ventaja a mis amigos para que hicieran una suerte de barrera y no me dejaran escapar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-Es fácil, me dijo el viejo. Pero cuando toqué aquel rifle, cada uno de mis dedos sintió un frío idéntico al que se apoderaba de mi cuerpo en mis pesadillas. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;  “Pro Seguridad les da la bienvenida a todos, en breve pasarán a una entrevista personalizada”,  retumbó por los altoparlantes en la sala de espera. Me sentí muy nervioso. Comenzaron a temblarme las piernas. Cada vez que miraba el reloj la hora parecía no avanzar. Me quería ir. Pero mi mente no dejaba de recordar la imagen de Carla sonriendo cuando le prometí que con el primer sueldo nos mudaríamos y compraríamos la cunita para Ramiro. Entonces traté de&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;ayudar a la espera hablando con otro de los postulantes, le sonreí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-No pude resumir toda mi experiencia con armas, pero puse lo más importante: cómo solía ir de caza con una Winchester que me regaló mi abuelo- dijo fervientemente el pibe más chico que yo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-Mira qué bien- respondí por decir algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;           Armas y más armas.  Y la imagen de mi abuelo que estaba más presente que nunca.  No sabía qué hacer. Estaba tan aturdido que decidí ir a pensar al baño, como cuando buscaba excusas en el colegio. Necesitaba estar solo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;     La soledad me había cacheteado aquel día martes. Únicamente estábamos mis pensamientos y yo. Mis recuerdos me asediaban.  Ellos me hacían ver que si disparaba sería un criminal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;background:white"&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;     Fue cuando Don Araujo gritó: “Dispará, es un pajarito de mierda”. Pero mis manos no me respondían. Intentaba ver los pájaros, pero se atravesaba  la cara de mi abuelo. Mataría a un animal indefenso. Cerré los ojos, pero su figura se hacía cada vez más fuerte. Mi corazón parecía que quería salirse de mi pecho y ese frío idéntico al de mis sueños me hacía tiritar sin poder frenarme. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;     “Dispará”, me decían todos. Yo no podía, no quería. No iba a matar un pajarito. Podía escuchar la voz de mi abuelo susurrarme al oído mi nombre. Araujo me agarró del cuello y me zamarreó. No tuve otro remedio que apretar los dientes, levantar el rifle y decidirme a disparar. Entonces la vi a mamá que  llegó a buscarme y yo, sin querer, solté una bala al aire. Don Araujo giró tan de prisa su cabeza que se le cayó su viejo peluquín y mis amigos a carcajadas limpias salieron corriendo. Sin embargo ella se dio cuenta que mi mirada reflejaba la misma actitud de pánico que sentía cada vez que mis compañeros iban a buscarme. “Ahora entiendo”, dijo. Y  afortunadamente nunca más me dejó ir a ese lugar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:15.75pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;     Nadie supo lo que viví  esa tarde de primavera. ¡Si tan solo hubiera llegado diez minutos antes a la carpintería! ¡Si hubiese podido defenderlo! ¡Si no hubiese sido tan cobarde! ¡Cobarde! ¡Cobarde! ¡Cobarde! Taladraba mi cabeza. Me miré en el  espejo del baño y todas esas imágenes del pasado pasaron por mi mente. Era el momento de decir la verdad, mi verdad. Me lavé la cara y salí. Me acerqué al escritorio de la secretaria. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-Señor Morales lo buscaron y como no lo vieron, pasó el otro joven a la entrevista-, me dijo casi enojada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;- Ah, está bien. No se preocupe- le contesté con gran satisfacción interna- ¿Me permite hacer una llamada?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;-Claro, con confianza. Pase a la oficina que tiene la puerta abierta.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family:Times;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:21.0pt;background: white"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Por suerte Carla me atendió enseguida: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family:Times;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;prepará unos mates que ya voy para casa, tengo que contarte algo”, le dije.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;text-indent: 21pt; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Adrián Moreno&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size:9.0pt;font-family:Arial;background:white"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8531644278897929499?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8531644278897929499/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8531644278897929499' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8531644278897929499'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8531644278897929499'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/12/cuento-temores.html' title='Cuento: Temores'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7903275203791648905</id><published>2011-11-22T19:26:00.000-08:00</published><updated>2011-11-22T19:30:33.508-08:00</updated><title type='text'>Crónica: ¿Me ayudan?</title><content type='html'>&lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;El auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales está repleto de alumnos, como todos los martes. El profesor de Comunicación I está sentado al fondo, con el micrófono en mano, e intenta ser escuchado. Globalización, tecnología, capitalismo, son algunas de las palabras que menciona en su monólogo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Los jóvenes de la primera fila lo miran fijo. Sus caras no revelan la misma pasión por el tema que él, pero al menos pretenden hacerlo. Unas filas más atrás se puede ver la gran cantidad de tareas que se pueden hacer en clase en lugar de escuchar al profesor. Celulares, Ipods, y libros resultan ser alternativas más interesantes. Pero la que más se repite a en el auditorio es la conversación con el compañero de al lado. Claro que estos últimos apenas toman apuntes. El cuaderno de la chica sentada en la tercera fila de la derecha solo dice: “01-10-11”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Una mujer ingresa al auditorio por una de las dos puertas de atrás, precisamente por la izquierda. Al principio los únicos que se percatan de su aparición son los de la última fila, la más cercana a la puerta. Todos menos uno. Tiene la cabeza sumergida en sus brazos para que nadie sepa que está durmiendo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;A medida que camina por el pasillo que separa las dos columnas de asientos, comienza a elevar su voz. Una a una las cabezas de los estudiantes giran, cuando escuchan a la mujer, en dirección a ella. Finalmente se para en frente de todos, delante de la primera fila, justo debajo del profesor, cuyo escritorio está sobre una especie de escenario. Pide permiso para hablar. Las interrupciones no son usuales en el auditorio. A los militantes de los partidos políticos solo les permiten entrar en épocas de elecciones. De todos modos, el profesor asiente con la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;            “Me llamo Gladys, vivo en el hotel municipal acá a dos cuadras. Quería pedirles un favor, chicos. Estuve todo el fin de semana enferma, y no tengo para comer. Estoy muy débil, y no me puedo comprar ningún sándwich. Quería pedirles si me ayudan aunque sea con una moneda.” Mientras habla, muestra sin problemas el pañal que tiene bajo sus pantalones de jean. Explica que entra en este momento porque así los ve a todos juntos, y no tiene que ir pidiendo de a uno. A penas termina de hablar, el profesor le toca la espalda y espera a que se dé vuelta para entregarle dos pesos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;La clase continúa. Observo cómo la mujer camina y, fila por fila, se detiene a esperar. Recorre el auditorio en forma de “u”. Comienza por la derecha. “Gracias, gracias”, repite cada vez que recibe ayuda. En la cuarta fila por primera vez, una joven la ignora. Pretende estar atendiendo a la clase. Lo mismo ocurre en la quinta, y en la sexta. Recién vuelve a tener suerte en el otro pasillo. Un chico la mira sonriendo y le da cinco pesos. Suerte señora, le dice. Lo último que recibe son unas cuantas monedas que le regala un grupo de chicas de adelante. Sus manos están llenas de billetes y monedas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;            En ese momento termina la clase, y los alumnos se preparan para salir del auditorio. Escucho la conversación de un grupo de chicas, justamente las que estaban sentadas adelante. Hablan de la señora. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="TrabajosFacu" style="text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;“No es la primera vez que la veo. El otro día me tomó de sorpresa. Yo estaba en el kiosco del segundo piso, y de repente la mujer salió del ascensor, muy enojada porque no la querían dejar entrar a la facultad. Gritaba, tenía mucha bronca”, dice una de ellas. “Ese día fuimos testigos de una discusión entre Gladys y la señora de seguridad de facultad. “Bruja” le gritaba Gladys.”, agrega otra. “La veo casi todos los martes. En los pasillos, en las aulas, y ahora hasta en el auditorio. Me llama la atención que siempre tenga una razón diferente para pedir dinero.”, explica una tercera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11pt; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;                Me dirijo hacia la salida de la facultad. Allí esta Gladys, escuchando animadamente a los militantes de un partido político. Los mira con interés, pero no opina. Tiene la boca llena y un sándwich casi terminado en su mano. Me acerco y le entrego los dos pesos que no llegué a darle antes. La señora de seguridad está parada a unos metros. Tiene la mirada fija en Gladys y controla cada movimiento. Pero ya no le prohíbe la entrada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11pt; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;i&gt;María Fernanda Vales&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7903275203791648905?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7903275203791648905/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7903275203791648905' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7903275203791648905'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7903275203791648905'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-me-ayudan.html' title='Crónica: ¿Me ayudan?'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4472624943809130089</id><published>2011-11-20T15:47:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T15:48:42.438-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Falsas impresiones</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Las patas de la araña se retorcían como si alguien la estuviera lastimando. Pero lo único que mediaba entre ella y la realidad eran las paredes del frasco de vidrio en que Félix la había encerrado. Recordaba como si fuera ayer el día que Susana, su directora, le había regalado ese magnífico ejemplar. Hacía calor, era marzo, y recién comenzaban las clases. Camino a su primera clase, se había quedado fascinado mirando a una araña que miraba inmóvil desde el escritorio de la directora. Un día más tarde, era suya. Era grande y amenazante, pero para disgusto de su madre, la había alimentado con mucho amor. Ese día quería mostrarle a Susana cuánto había crecido, así que la había guardado en la mochila, entre muchos papeles para que no se golpeara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;-Félix, otra vez tenemos que felicitarte por tu boletín, las notas no bajan de ocho, y tu comportamiento es excelente, la directora dice que quiere que pases después por su oficina para mostrarte lo que hablaron el otro día- la maestra dijo esto al mismo tiempo que se acercaba un grupo de compañeros al banco del niño, los que siempre le pedían sus tareas, ya que sin dudas Félix era el mejor alumno de la clase. En el momento que se puso en marcha hacia la oficina, levantó la cabeza y pudo ver las caras de bronca con la que lo miraban otros compañeros, pero eso ya no le afectaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;-¿Cómo anda mi alumno estrella?- saludó la directora cuando Félix abrió la puerta, y  antes de que él pudiera contestar, le señaló un frasco en su escritorio, y agregó: “hoy traje a las demás para que las veas”. Al principio miró extrañado y luego sonrió asintiendo. Recordó aquel otro día de mayo, cuando la directora le había prometido mostrarle su colección de arañas. Él estaba nervioso, la nueva escuela lo inquietaba y aunque su madre le había asegurado que todo iba a ir estar bien aún no se había adaptado y no podía evitar sentirse incómodo. Por eso fue un alivio cuando tan pronto descubrió lo simpática que era Susana, cariñosa como su mamá y además le permitía jugar con bichos, algo que su madre no hacía. No tardaron en descubrir que los dos compartían un amor por ellos, especialmente por las arañas, él sabía mucho  sobre arácnidos ya que desde chico los admiraba y estudiaba. Ella le había prometido mostrarle su colección.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Félix era  llamado a la oficina de la directora muchas veces a la semana. Él sabia por qué lo llamaban y corría contento, aunque a los otros les parecía raro, porque nunca había que retarlo por nada, solo felicitarlo, y las veces que la directora felicitaba a los alumnos lo hacía en la clase enfrente de todos, pero como Félix se divertía tanto no parecía preocuparse mucho por lo que pensaran los demás. Además, n&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;adie parecía preocuparse mucho. Cuando le preguntaban, él solo contestaba que era un secreto. Pasaba desapercibido para la mayoría, salvo para Liliana, que quería mucho a Félix y nunca parecía terminar de entender por qué debía abandonar sus clases sin explicación alguna de manera tan repentina ante el llamado de Susana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;C&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="background:white"&gt;uando los chicos volvieron de las vacaciones de invierno las visitas a la dirección se incrementaron. Al parecer ya no pasaba tan desapercibido para los demás porque le empezaron a llover las preguntas. La maestra le preguntó muchas veces por qué Susana lo llamaba tanto y siempre respondía “porque ella también es fanática de los bichos, y tiene una colección de arañas, además es re buena, siempre me abraza y dice que soy su preferido”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;“Ir a la oficina de Susana es divertido, siempre nos reímos”. Repetía sin cesar. Miraba los ojos de su maestra y los veía llenos de confusión, pero no entendía el porqué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;-Tengo que mostrarte algo nuevo, pero a cambio de una condición- le había dicho Susana una tarde. Félix la miró sin entender por un momento pero rápidamente volvió su atención a los frascos de arañas que habían puesto huevos. Atención que le fue difícil mantener cuando la directora deslizó la mano sobre su espalda.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Ya era el mes de octubre y su entusiasmo comenzó a desaparecer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;background:white"&gt;. Ya no le gustaba que fuera tan cariñosa.&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;Las ganas de ir a la oficina disminuyeron notablemente, al igual que su pasión por las arañas. “Liliana, me quiero quedar en la clase, tengo que terminar un trabajo, si voy a la oficina no voy a poder”, esas eran las excusas frecuentes que comenzó a esgrimir para no encontrarse con Susana. Sabía que la maestra le comunicaba esto a la directora pero también se imaginaba lo incómoda que debería sentirse ante su cara de enojo,&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;por eso, cada tanto, volvía a esa oficina.&lt;span style="color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Liliana estaba cada día más segura de que algo pasaba, y no era bueno. Félix no solo había perdido una clase previa a una evaluación sino que había empezado a participar menos, estaba más callado, faltaba algunos días y su comportamiento no era tan ejemplar como antes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-converted-space"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Esa mañana, Félix había faltado otra vez, era la segunda vez en una semana. El lunes lo había encontrado encerrado en uno de los baños pero cuando le preguntó que sucedía, le dijo que solamente le dolía la panza y corrió de vuelta a clase. La maestra comenzó a preocuparse más, y antes de llamar a sus padres para informarles sobre la situación que estaba sospechando, decidió seguirlo a la oficina de la directora la siguiente vez que lo llamara. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Cuando finalmente llegó el momento, abandonó la clase y siguió a Félix. Se paró en la ventana, viendo lo que podía entre las cortinas apenas abiertas. En el instante que apoyó la nariz contra el vidrio pegó un salto y entró violentamente. Sin darse cuenta tiró un frasco que estaba al lado de la puerta. Veinte arañas se desparramaron por el piso y se retorcieron &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;background:white"&gt;intentando esconderse&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;en los rincones. Mientras, Félix salía disparado a abrazar a la maestra. La única araña que no se escondió fue la más grande, la que aunque no fuese venenosa era la más peligrosa. Esta continuó retorciéndose en el piso sin poder incorporarse por unos agónicos segundos hasta que se quedó tiesa. Las picaduras habían causado su efecto.&lt;span style="color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: Arial; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Victoria Olmedo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;background:white"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4472624943809130089?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4472624943809130089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4472624943809130089' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4472624943809130089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4472624943809130089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cuento-falsas-impresiones.html' title='Cuento: Falsas impresiones'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-1614887288227234578</id><published>2011-11-20T15:39:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T15:41:11.053-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Una silla en medio de una multitud</title><content type='html'>Durante la semana a toda hora es “hora pico”. Ya no existe diferencia entre la mañana y el mediodía. La gente camina con un objetivo claro, llegar al tren. Todos quieren llegar rápido, sus miradas están fijas en el piso. Evitan pisar las baldosas flojas o a los que se detienen a comprar alguna provisión. Parece una carrera de obstáculos, con atropellos, intercambio de miradas y hasta a veces insultos.&lt;br /&gt;Una larga fila de puestos interrumpen el camino que pareciera estar marcado para los que se dirigen hacia la entrada del andén donde está la boletería. “Fundas para celulares, las mejores”, “Flores frescas”, “Cosas para aprovechar” se escucha en ese trayecto que divide las dos estaciones de trenes. Todos siguen en su camino. Oficinistas llegando tarde, niños gritando, vendedores ambulantes que se cruzan de vereda a vereda, las chicas que reparten folletos.&lt;br /&gt;Se escucha la bocina del tren, la gente se apresura más, algunos corren, pocos mantienen su ritmo lento lo que provoca un problema para los que tienen los minutos contados. Nadie se lo quiere perder. Abundan las caras de cansancio, o de recién levantadas.&lt;br /&gt;En medio de tanto barullo y de las cientos de personas que van y vienen, está ella sentada. Una mujer de apenas unos cuarenta años, de contextura grande y pelo corto, morocha. Repite una y mil veces la misma letanía “La razón, diario a voluntad”. Nadie se da cuenta de su presencia. Pareciera que su voz no tiene fuerza, sus palabras se pierden en medio de tanta gente. Solo es un obstáculo más para aquellos que caminan por allí. La mayor parte de su día lo pasa en esa silla. Sola entre medio de una multitud que ni una mirada le dirigen.&lt;br /&gt;Entonces se oyen las sirenas del patrullero, allí vienen aquellos hombres vestidos con uniforme azul. A ninguno de los caminantes les cambia su presencia, pero la miro a ella y me doy cuenta de que su cara sí cambió. No tiene tiempo para seguir sentada. Se levanta de inmediato tomando su silla, los policías comienzan a levantar a los vendedores ambulantes, entonces ella con mucha prisa recoge los diarios que puede, pero en el camino se le van cayendo. Se refugia muy agitada dentro de la estación del tren. Los policías toman los diarios que quedaron en el piso y los tiran en el tacho. Ella espera a que se vayan, pero cuando vuelve ya no quedan periódicos.&lt;br /&gt;Cuando vuelvo, al final del día, la vuelvo a ver, su rostro parece mostrar menos ganas que antes, nadie parece percatarlo. Su vida es recoger los diarios que sobran a la mañana. Esos diarios para ella son su comida.&lt;br /&gt;Pero al mediodía siguiente vuelve con su silla y con sus diarios a repetir las mismas palabras de siempre. Ella lo sigue intentando pero entre tanta gente su imagen y su voz nuevamente se pierden. &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Luciana Vecchiarelli&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-1614887288227234578?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/1614887288227234578/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=1614887288227234578' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1614887288227234578'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1614887288227234578'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-una-silla-en-medio-de.html' title='Crónica urbana: Una silla en medio de una multitud'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8693523617492521353</id><published>2011-11-20T15:27:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T15:28:55.918-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: ¿A quien madruga Dios lo ayuda?</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Ella tiene grandes ojos claros. Su pelo de color negro azabache casi le llega a la cintura. Es delgada y esbelta. Sus zapatillas están rotas. El pantalón no le cubre los tobillos y la campera de colores desgastados es varios talles más grande que su cuerpo. Carga una pesada bolsa y mira a la gente que pasa apurada a su alrededor, algunos caminan rápido, otros corren. El tren está a punto de salir de Retiro hacia Tigre y todos quieren llegar rápido a casa. Yo soy uno de ellos, pero parado junto a la puerta del tren no puedo dejar de mirar los ojos tristes de aquella pequeña, me demoro en subir al vagón, abro un paquete de palitos, estoy hambriento. Ella  mira la multitud, agotada, se nota que no fue un día fácil, sus párpados parecen pesarle, tiene su pequeña mano apoyada en el vientre y su cara expresa dolor, a esta hora de la noche debe ansiar un buen plato de comida. De pronto, la veo correr hacia el molinete, estoy a pocos metros de distancia, lo salta y se apresura a subir al tren, pasa corriendo a mi lado, casi me atropella. Entro rápidamente al vagón detrás de ella mientras se escuchan los gritos de uno de TBA persiguiéndola. No la alcanza, las puertas del tren se cierran y ella suspira aliviada. La observo de cerca. Está agitada por la corrida de unos segundos atrás. Palpa sus bolsillos, sólo cuenta con unas pocas monedas, según puedo ver la mayoría de diez y veinticinco centavos. Busca en el otro. Encuentra un billete de cinco pesos, lo mira alegremente por un instante y lo vuelve a guardar. Observa las luces del hipódromo de Palermo a través de la ventana, es de noche, un poco más de las diez. Estamos en los últimos días de octubre, pero la temperatura no llega a los diez grados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Se desocupa un asiento y mientras me acomodo me doy cuenta de que aún no ha terminado el día para aquella pequeña. Comienza a recorrer el vagón saludando persona por persona con una técnica que causa la sonrisa de algunos y la mirada compasiva de otros. Ella saluda a cada persona con un beso en la mejilla y a continuación enseña a cada pasajero un particular saludo: cierra su mano derecha y golpea con el puño de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba el puño de la otra persona, luego de frente, para finalizar con un “choque los cinco”. Vuelve a repetir la misma actividad una y otra vez, es tal su soltura y frescura que es muy difícil negarse a prestarle unos segundos de atención. Va  dejando a su paso un pequeño papel arrugado en donde dice que se llama Belén, tiene nueve años, cinco hermanitos, una madre sin trabajo y la necesidad de llevar el pan diario a su hogar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Aún tengo mi paquete de palitos casi lleno. Siento la necesidad de regalárselo, temo que las monedas que recibe de los demás no lleguen a buen puerto. Pasa frente a mí, mira los palitos pero no dice nada, espero unos segundos y le regalo el paquete. Ella me sonríe y dice gracias. Se sienta en el piso, come con ansias pero no termina el paquete, guarda un poco. Pasan las estaciones, ella sigue sentada allí, saboreando la punta de sus dedos. El tren frena en la estación de Virreyes, ella se apresura a bajar, el tren se demora en arrancar. Veo por la ventana una mujer de unos cuarenta años, bastante desmejorada y robusta que agarra a Belén por el brazo, no llego a escuchar lo que le dice. Parece enojada, la sujeta  con fuerza y gesticula duramente contra ella. La niña saca del bolsillo las monedas. La mujer las cuenta y parece reprocharle. Mira el paquete de palitos, lo tira con violencia al suelo, está enfurecida. Los que estamos sentados en el vagón miramos la escena sin saber qué hacer. La zarandea de un lado a otro hasta que la niña saca con manos temblorosas el billete de cinco pesos que tenía en su otro bolsillo. La mujer lo agarra rápidamente, lo golpea tres veces contra la frente de la niña con una sonrisa sobradora. Se da media vuelta y comienza a caminar. Belén mira los palitos tirados en el suelo. Recoge un par. La mujer se da la vuelta, le grita y hace un ademán para que se apure. Las puertas del tren se cierran. El tren avanza. Atrás queda Belén. Yo sigo sentado allí sin poder sacarme de la mente sus grandes ojos tristes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt; Agustina Arias, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: Arial; line-height: 18px; font-size: small; "&gt;Magdalena Pascucci, &lt;/i&gt;&lt;i style="font-family: Arial; line-height: 18px; font-size: small; "&gt;Laura Pomilio &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8693523617492521353?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8693523617492521353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8693523617492521353' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8693523617492521353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8693523617492521353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-quien-madruga-dios-lo.html' title='Crónica urbana: ¿A quien madruga Dios lo ayuda?'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-1362427415505210105</id><published>2011-11-20T15:14:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T15:16:16.909-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Adrenalina</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    S&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;on las doce del mediodía del cuatro de octubre. El tren viene de Retiro, como es usual está lleno de gente, todos los asientos ocupados, los pasillos llenos y los vendedores alzando la voz para hacer conocer de manera interesante su producto y así poder venderlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;El tren va a un buen ritmo, hace aproximadamente treinta minutos que salió de Retiro. Llega a la estación Villa Adelina y se detiene. Hay intercambio de pasajeros: bajan y suben. El viaje es una odisea. A pesar del calor, la gente se amontona sin otra opción. Sin embargo ese mediodía hay algo diferente. El tren no arranca. Ya pasó más tiempo del que generalmente destina a cada estación. La gente empieza a preguntar qué pasa, ya lleva más de diez minutos parado, pero no hay nadie a quién preguntarle ni nadie que dé respuestas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Unos minutos después aparece un empleado avisando que hay personas protestando en la estación Boulogne, y que debido a eso no se puede avanzar. “¿¡Cómo hacemos para ir hasta Aramburu ahora!?” es la pregunta más frecuente entre los pasajeros. A la mayoría les falta la mitad del viaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;    Se instala un clima de desesperación, algunos pasajeros incluso piden como opción que el tren avance igual. Hay mujeres cargando a niños que lloran, hombres quejándose y ancianos preocupados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;            -No se entiende, siempre pasa algo, nunca se puede viajar tranquilo en este país, nos tratan como ganado- dice una señora exasperada. Los más tolerantes la miran con pena, algunos asienten. Cuando es evidente que la llegada a Aramburu será imposible, la mayoría de los pasajeros se rinde. Cansados de insistir, se bajan para continuar su viaje en colectivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;De repente el tren comienza a moverse, unos pocos miran sin entender mucho pero se vuelven a subir. “¿Arranca de nuevo?”, preguntan otros, y corren para alcanzarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;            -No puede ser que este servicio funcione así, el gobierno no hace nada– dice un chico de uniforme. Un señor lo mira sorprendido por su acotación, pero vuelve a posar su mirada en los edificios que pasan a su derecha. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;    Finalmente el tren reemprende su rumbo, hay muchos asientos vacíos ya que la mayoría no pudo volver a subirse. Pero hay una sensación de inquietud que crece a medida que avanza. Una señora mayor pide preocupada que cierren todas las ventanas y las puertas, porque al pasar por Boulogne les van a tirar piedras, dice. Algunos le hacen caso, otros no escuchan, entonces ella lo repite, cada vez más ansiosa, la estación está muy cerca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;    Con todas las ventanas y puertas cerradas el tren pasa por el lugar del piquete. Están todos agachados entre los asientos, pidiendo que no pase nada, y para suerte de todos así es. Ninguna piedra se lanza hacia el tren, y este sigue su viaje normalmente. Una mujer con un niño en sus brazos mira a los protestantes que dejó el tren atrás. - Hay que ver por qué protestan también, por ahí se quedaron sin trabajo, o no les quieren aumentar los sueldos, son épocas difíciles, sin solidaridad no vamos a llegar a ningún lado- dice, pero nadie parece apoyar su opinión. Se baja en la última estación. Es una de las pocas que le dan una moneda a la señora de la estación Aramburu que siempre está al lado de ese puesto de diarios pidiendo. Las monedas rebotan en el vaso contra las otras y mientras la señora sonríe, la joven cruza la calle con su hijo, ahora de la mano y desaparece entre la multitud de autos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Victoria Olmedo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-1362427415505210105?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/1362427415505210105/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=1362427415505210105' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1362427415505210105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1362427415505210105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-adrenalina.html' title='Crónica urbana: Adrenalina'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7050766137398543523</id><published>2011-11-20T08:43:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T08:45:27.398-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Clásica tentación</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Por Tomás de Azkue &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11pt; line-height: 150%; "&gt;Tigre, 26 de febrero de 2010&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt; “Te vi llegar, del brazo de…” ahí es donde se corta la canción para mí. Porque no fue del brazo de un amigo que te vi llegar, sino del brazo del tío Marcelo. Era verano, siempre lo era cuando pasábamos la mayor cantidad de tiempo juntos en la quinta que nuestras familias alquilan en Tigre. Cualquier momento compartido con vos es una excusa para sonreír de oreja a oreja: ya sea cuando nos tiramos agua y luego como dos zonzos nos quejamos del agua que nos entra en los ojos, el sabor en el punto justo de los churrascos de tu papá, esas eterna batallas donde los objetivos se desvían y todo pasa a ser un capricho para ver quién tiene Kamchatka bajo su dominio. Situaciones que para más de uno quizá no signifiquen nada, pero a mí me completa el día cuando veo sonreírte así.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    Por ahí no me creas, pero todavía tengo bien fresco en mi mente el recuerdo de la primera vez que dormimos juntos… Claro que aquella vez éramos solo unos nenes, vos con tres y yo con cinco estábamos intentando dormir la siesta que nos habían impuesto nuestros papás porque estábamos muy chinchudos. Fue un momento único porque en ese mismo instante me di cuenta de lo nervioso que podía llegar a estar al lado tuyo… Sí, lo que pasó en esa siesta no fue por todo el jugo que había tomado a la tarde… Algún día tenía que decírtelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    Quizá porque los dos somos hijos únicos es que siempre tuvimos tan buena relación. Sin embargo nunca me fue fácil avanzar, y no porque todo esto me pase justamente con vos, sino por él. Desde chiquito que te pertenece. Una navidad, el destino quiso que ese fuera tu regalo. Admito que hasta a mí me pareció adorable, e inclusive lindo cuando después de recibir tantísima atención, me vio por primera vez y me enfrentó. Claro que por ese entonces con tan solo un mes de vida, esa “enfrentada” resultó un acto de ternura que divirtió a toda la familia. Pero en realidad en ese momento nació el odio mutuo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    “No te hagas la víctima, está jugando nomás, pobrecito” embobado te miro y no sigo discutiéndote, aunque está más que claro que lo que decís no es así. Por culpa del apego que te tiene, ese bicho me odia porque no puede tolerar que pases más tiempo conmigo que con él durante el verano. Por eso siempre que nos ve juntos nos sigue e intenta evitar que te hable muy de cerca, ¡y menos pretender cualquier contacto físico! Una vez casi pierdo la mano por el tarascón que me tiró…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    La primera vez que me hizo la vida imposible (seguro te acordás) fue en el verano siguiente al que te lo regalaron. Vos tenías ocho años y yo diez, estábamos cazando ranas porque nos habíamos emocionado con ellas cuando vimos una adentro de la pileta. Era un momento lindo y yo miraba hipnotizado tu pelo brillando a la luz del sol. Estábamos persiguiendo la misma rana cuando tu animal, que parecía estar esperándome, saltó de un arbusto y le pegó un mordisco al pantalón. Me lo arrancó y  me dejó con un calzoncillo casi destruido en frente tuyo. Obviamente vos te reíste mucho y yo me morí de la vergüenza. A tal punto me avergoncé que por ese verano no me animé a meterme al agua con vos al lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    El día más feliz de mi vida fue cuando te probé por primera vez hace tres años. Congo (tal y como decidió llamarlo el tío) estuvo ausente durante año nuevo por una enfermedad que tuvo y por la cuál tenía que estar internado en una veterinaria, ¿te acordás? Para mi gusto, eso fue el karma equilibrando las cosas a mi lado. Nuestros papás cantaban y reían mostrando los efectos del champagne. Te dio tal vergüenza ajena que me tomaste de la mano y me llevaste hacía los arbusto pinchudos, a la izquierda del terreno. La humedad de tus labios y el mar alborotado por un tsunami de mariposas que tenía en mi panza en ese momento minimizaban el esplendor y la magnificencia de los fuegos artificiales que iluminaban el cielo esa noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;     Después de ese verano se me hizo más fácil acercarme a vos. Siempre algún que otro beso nos dábamos: llave única para el placer. Aunque… había algo que me inquietaba mucho, porque yo estaba seguro de que me importabas tanto como para ligarme a vos para siempre, pero vos solo jugabas y bromeabas conmigo. Como si todo fuese igual después de ese año nuevo, es cierto que a eso solo se le agregaron un par de besos esporádicos. Gran parte de culpa por esto la tiene Congo, porque si no está ahí para molestarnos en persona, se pone a aullar lastimosamente hasta que aparecés y lo consolás. “Me extraña, el bobito” me decís cuando ves mi cara de resignación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    Pasaron varios veranos, él ya es adulto. Creció tanto como sus ganas de molestarme. No pudimos pasear una vez en paz por la quinta sin que se pusiera a olfatearnos para encontrarte. Para vos –como siempre- es un juego, y nos escondemos para que no nos vea. Seguís jugando y divirtiéndote conmigo como aquella vez que me arrancó el pantalón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;    Pasó el último día de verano. Lo pensé mucho y creo que es la mejor opción; y cuando lo veo ahí mirándome, casi como riéndose de mí, me convenzo más de mi decisión… Cuando llegues a tu casa, Congo no va a despertar. El plato de comida con el que se alimentó antes de partir, va a ser el último. Espero que a partir de ahora, habiendo quitado esa distracción, entiendas todo lo que siento por vos, ya que vas creciendo y seguro que no va a tardar en aparecer la fila de buitres atrás tuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style="text-align: right; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Luciano Barros, tu primo favorito&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7050766137398543523?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7050766137398543523/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7050766137398543523' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7050766137398543523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7050766137398543523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cuento-clasica-tentacion.html' title='Cuento: Clásica tentación'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4901279207717258398</id><published>2011-11-20T08:15:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T08:16:31.871-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: No dejá, es para llevar</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    Octubre, el calor empieza a dar el presente. Es de noche y tengo que comprar comida. Me acerco a uno de los tantos locales de comida rápida que se encuentran en la ciudad. Entro justo cuando dos hombres salen con su pedido quem a juzgar por el olor que los acompaña, pidieron hamburguesas con unas papas fritas. Me siento en un banquito a esperar que me atienda el muchacho. Mientras tanto veo los cuadros colgados en la pared que representan las hamburguesas disponibles y noto que hay un espacio en donde debería haber un cuadro de la “súper”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Buenas, ¿si?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Buenas, una hamburguesa con queso y fritas, por favor ¿En cuánto la tendrías?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Unos quince minutos.- Me parece un poco prolongado el tiempo de espera, pero no importa, al menos hay televisión. Veo que el muchacho cabecea y pareciera que saca tema de charla para no quedarse dormido del todo: -Van a venir a ponerme cable… Ya la semana pasada lo pedí, así no me aburro tanto, ¿viste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    Le pregunto hace cuanto trabaja ahí: -Un mes.- me dice. -Lo que pasa es que se me hace muy larga toda la noche acá. Además a esta hora no pasa mucha gente, pero más a la madrugada sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -¿Y no te da miedo estar acá a la madrugada?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Justo la semana pasada hubo un lío. Resulta que aparecieron tres peruanos con plata y canchereaban mucho con eso. También había otros tres pibes más cabeza, ¿viste? -El chico, a pesar de tener no más de dieciséis años, ya cuenta con rasgos xenófobos en su discurso- Uno le escupió a otro y se fueron a las manos. Llamé a mi jefe para ver qué hacer y me dijo que si se ponía muy pesado que llame a los canas. -Me cuenta todo con una mirada indiferente, como acostumbrada a esta clase de eventos- Volaron un par de bancos y rompieron el vidrio de la ventana de allá y el cuadro de ahí, ¿ves que quedó la marca del que falta?- Le sonrío y asiento con la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    Hay un momento de silencio. En la tele que se encuentra atrás del mostrador protegido por una reja y cautiva la atención del chico, se ve el programa de Tinelli. El programa no me seduce, elijo pasar el tiempo leyendo los diferentes carteles con las promociones. Papeles ya medio amarillentos por el paso del tiempo. Lo veo cabeceando nuevamente, de una manera más decidida que la anterior&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -No te me vayas a dormir que se me van a quemar los patys- le digo bromeando, y al mismo tiempo en serio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Disculpá. Es que hace unos días que sigo de largo. Hace dos días que estoy despierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -¿Saliste a bailar ayer, che?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -No, no, es que trabajé en el otro local que tiene el dueño en Once. Cada tanto me ofrece trabajar en uno y en otro, dos días seguidos, para hacer unos mangos. Dormí dos horas nomás…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    Está mi pedido, me lo sirve en un plato. -No dejá, es para llevar.- le digo. Entonces saca el plato, lo pone en una bandeja, lo envuelve en papel y me lo da adentro de una bolsa&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Me llamo Ramiro.- Me dice el chico, como intentando retenerme para hacerle compañía un rato más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;    -Gracias, Ramiro. Suerte y ojala se te haga corta la noche.- Lo despido y salgo del local. Cruzo la esquina, me doy vuelta y veo a Ramiro a través del vidrio que no está intentando ver la tele mientras cabecea, luchando para no quedarse dormido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Tomás de Azkue&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4901279207717258398?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4901279207717258398/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4901279207717258398' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4901279207717258398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4901279207717258398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-no-deja-es-para-llevar.html' title='Crónica urbana: No dejá, es para llevar'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4574785353634817382</id><published>2011-11-18T14:55:00.000-08:00</published><updated>2011-11-18T14:59:45.392-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Un vestido elegante</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Era casi el mediodía cuando Lucía caminaba por la lujosa calle Alvear. Cada local era un punto de atracción para detenerse a mirar su vidriera. Había paseado horas buscando ese vestido perfecto para ese tan importante evento por el que había esperado tanto tiempo y que le había costado mucho esfuerzo. Era hora de que alguno de sus libros recibiera alguna mención. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Nada de lo que había visto cubría sus expectativas. Luego del agotador recorrido y con un intenso mal humor, cuando ya estaba a punto de desistir, sus ojos se detuvieron en esa prenda. Era única. Sus colores deslumbraban y no dejaba belleza para ninguna de las otras con las que compartía el perchero. Lucía no tardó en acercarse a ese vestido que en segundos la había dejado sin palabras. Era todo lo que buscaba, elegante, sencillo y corto. Su tela era aterciopelada y, el negro, el rojo y el beige se mezclaban formando un deslumbrante “animal print”. Lo apoyó sobre su cuerpo mirándose al espejo, no había tiempo para probárselo mejor porque su trabajo en la oficina la estaba esperando. Era un talle único pero nada la detuvo para no comprárselo. Lucía se dirigió hasta la caja, lo pagó y salió del local con una sonrisa de oreja a oreja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;A la noche cuando llegó a su casa, después de una larga jornada de trabajo, y luego de una placentera ducha, se lo probó. No fue fácil pasarlo por su cuerpo por lo angosto que era, pero con algunos tirones y la ayuda de Daniel, su marido, pudo ponérselo. Le quedaba pintado, combinaba muy bien con sus zapatos y le hacía una silueta de modelo. Después de mirárselo durante un largo rato, escuchó la opinión de Daniel, a quien no le gustó por corto y apretado.  No le interesaba lo que le dijeran, ella estaba convencida de que ese vestido era el que la haría deslumbrar frente a los demás invitados. Tanta era su ansiedad, que todos los días, después de tomar un baño, se lo probaba. Cada vez le costaba más ponérselo, pero siempre le pedía ayuda a Daniel, quien lo hacía bajo protesta. El vestido no le gustaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Lucía se volvió obsesiva con el vestido, al probárselo una y otra vez tenía sensaciones únicas que hasta a veces le daban escalofríos. Al ponérselo dejaba de sentir cualquier sensación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El día del evento llegó, era un atardecer cálido. Lucía tomó su vestido, se lo puso aunque nuevamente le implicó una larga lucha. Se maquilló, tomó sus zapatos, su cartera y así salió para la fiesta junto a Daniel. En el camino, en el auto se dio cuenta de que no tenía nada de ansiedad ni nerviosismo, le pareció muy raro ya que era la entrega de un premio muy importante que había esperado años, tampoco estaba tranquila, no tenía sensaciones. Pensó que tal vez su vestido la hacía sentir muy contenida y segura de si misma. Llegó al salón, entró. Un gran catering estaba esperando a todos los invitados. Lucía enseguida se acercó a la mesa para servirse pero su vestido le apretaba tanto su panza que no la dejaba probar bocado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Quiso charlar con varios colegas pero tampoco le salían las palabras, cada vez sentía con menos fuerza su voz, pensó que eso sí eran los nervios que tendría que tener, entonces prefirió cuidar su garganta para cuando la llamaran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Comenzó la entrega de premios, la segunda en ser premiada fue Lucía. Enseguida se levantó, pero al caminar hacia el escenario se sintió agotada y con mucha sed, como si se estuviera deshidratando. No le importó y continuó. Subió las escaleras con un enorme esfuerzo. Recibió la medalla y una placa, intentó agradecer con unas pocas palabras, pero fue imposible. Ya estaba totalmente afónica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;Daniel, desde la mesa, percibió lo extraña que estaba su esposa pero se lo adjudicó a los nervios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;Lucía bajó del escenario arrastrando los pies, le costaba levantarlos. Se dirigió a baño, debía tranquilizarse y acomodarse el vestido. Apenas entró se miró al espejo, se vio demasiada flaca, se sintió incómoda. Creyó necesario desabrocharse algún botón del vestido para no sentirse tan comprimida, pero le fue imposible, los botones parecían estar pegados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Comenzó a desesperarse, le era difícil respirar. Sentía que, de tan oprimida que estaba, sus pulmones ya no trabajaban bien. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:10.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Con la poca fuerza que le quedaba intentó arrancarse el vestido pero fue imposible. Era como una fiera que estaba avanzando sobre su cuerpo. En medio de la desesperación, abrió la ducha y se paró debajo para intentar desprender la tela del cuerpo,  pero fue en vano.  Cada vez sentía más la presión de la tela. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;Mientras tanto Daniel, entre medio de tanto agradecimiento, no se percató de la ausencia de su mujer hasta que en la mesa comenzaron a preguntar por ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 0px;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="text-indent: -24px; "&gt;&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman'; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 19px;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 150%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="text-indent: -24px; font-size: 10pt; line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;Debe estar charlando como todas las mujeres en el baño.- comentó Daniel ya un poco inquieto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;Lucía apenas se mantenía de pie, quiso sujetarse de la cortina pero el plástico no aguantó su peso y cayó bajo la ducha. El vestido arremetió sobre su estómago y sobre el resto de sus órganos. Enseguida su respiración se cortó y su corazón dejó de latir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;Su marido comenzó a preocuparse aún más, ya había pasado mucho tiempo. No podía seguir esperando. Se dirigió al baño, cuando estaba por entrar una figura irreconocible, ¿un vestido con volumen y movimiento?, rozó su brazo. No había tiempo para pensar en la extraña silueta. Buscó a Lucía pero no la encontró, había desaparecido. Pidió ayuda a las mujeres que estaban cerca pero nadie había visto nada, hasta que se oyó el grito de una niña. Daniel se acercó, y allí se encontró con la cortina que escondía debajo los restos de su mujer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:8.0pt;font-family:Arial;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language: ES-TRAD;mso-fareast-language:ES-TRAD;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;i&gt;LUCIANA VECCHIARELLI&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 13px; line-height: 19px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4574785353634817382?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4574785353634817382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4574785353634817382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4574785353634817382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4574785353634817382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cuento-un-vestido-elegante.html' title='Cuento: Un vestido elegante'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7672812500838242281</id><published>2011-11-13T19:31:00.000-08:00</published><updated>2011-11-13T19:32:59.394-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Sed de venganza</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Caro se despertó temprano, compró los ingredientes: harina, huevos, leche, azúcar, manteca, chocolate, y demás. Cocinó toda la mañana, luego limpió la casa de arriba a abajo, prendió unos sahumerios y regó las flores del masetero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;A media tarde comenzaron a llegar, con elegantes vestimentas y bijouteri de lujo,  todos traían hermosos regalos, una cartera, dos libros, una caja de bombones, zapatos, entre otros. Mientras comían y charlaban, sonó el timbre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Caro se acercó intrigada, ya era tarde y estaban todos los invitados, al observar por la mirilla de la puerta su piel se erizó, sus manos comenzaron a transpirar, dio vuelta la llave torpemente y abrió despacio. Ahí estaba Abel, un viejo ex novio, reviviendo uno de los tantos fantasmas que habían quedado de la secundaria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-¡Hola, Caro! ¡Feliz cumpleaños!- dijo el joven con entusiasmo, aunque su cara no parecía tan alegre como sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Un frío sudor le recorrió la espalda, la imagen volvía nuevamente, aquel joven llorando sin consuelo en el patio del colegio, las risas burlonas de sus compañeros y de Juan, los gritos, las bromas. Aún podía verlo sumergido en ese mar de humillación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-Abel- respondió tratando de disimular su aprensión - no te esperaba… ¿no estabas en Italia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-Estaba… vine a pasar unos días y me acordé de que hoy era tu cumple.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-No cambiás más vos, siempre tan atento… ¿Querés pasar?-  Hacía tiempo que no lo veía y el reencuentro despertó ese dolor que los años habían adormecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-No, gracias, tengo que armar el bolso, mañana temprano me vuelvo para Italia, pero tomá, te traje un regalo- dijo con un acento italiano intimidante mientras entregaba el obsequio- Espero que te guste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-¡Gracias, Abel! No te hubieses molestado…- La culpa hostigaba su conciencia cada vez que recordaba su cara envuelta en lágrimas. Al abrir el paquete observó un precioso collar, una gruesa cadena bañada en oro, con finísimos detalles, y una perla verde como sus ojos. ¿Cómo podría comprar un regalo así? ¿Cómo un joven tan humilde había cambiado tanto? Su aspecto no era el mismo, pulseras y relojes de oro colgaban de sus muñecas, hasta sus gestos parecían haber cambiado.   &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-No es una molestia, al contrario,  ¿a ver cómo te queda?- preguntó con su mirada fija en los ojos de de Carolina. Ella lo miraba embobada, ¿cómo pudo no imaginar el motivo de tanta atención? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-Es hermoso- dijo la joven mientras se lo prendía. No podía evitar pensar en Juan, su imagen aparecía una y otra vez al mirar a Abel a los ojos.   &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-Me alegro de que te guste, ¡que lo disfrutes! Adiós- dijo mientras se despedía con un beso. Sus ojos dejaban ver un cierto rencor pero Carolina no se permitió verlo. Juan aun continuaba en la mente de ambos, como una sombra los asediaba, presente pero innombrable. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-¡Adiós, gracias por la visita!- Se despidió, tratando de erradicar lo que creía burdas sospechas. Sabía que Abel había pasado por momentos muy duros, sentía mucha pena por él y por haberlo herido de esa forma; ella y su hermano eran lo único que él tenía y ambos le fallaron. Nunca se perdonó haberlo lastimado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt; El cumpleaños seguía, Caro contó a los invitados sobre la inesperada visita de Abel,  Sus amigas quedaron encantadas con el gesto del joven, pero sobre todo con el precioso collar que se apoyaba sobre su pecho. El festejo siguió su curso, todos hablaban y reían, todos excepto Caro, la aparición de Abel la había shockeado, él estaba distinto, se notaba la madurez en su mirada, vestía muy elegante, pero no se explicaba semejante gesto después de lo ocurrido con Juan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-¿Qué pasa qué tenés esa cara? Sos la cumpleañera tendrías que estar contenta- Le dijo Ana, su madre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;-No pasa nada, mami, hoy me levanté temprano y me agarró sueño, es eso- contestó Caro fingiendo un bostezo mientras en su mente seguían apareciendo fotos de los momentos lindos que había vivido con Abel, aunque estos se esfumaban en esa triste imagen en el patio del colegio, una de las últimas veces que lo vio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Llegada la medianoche comenzaron a irse los invitados, Caro los despidió uno por uno. Terminó de limpiar los restos de su festejo y subió a su cuarto agotada por el trajín de la jornada. Se quitó los zapatos, luego sus anillos, pulseras y demás accesorios, se limpió el maquillaje y se puso un camisón de seda blanco que su madre le había regalado. Activó el despertador, se metió en la cama y apagó el velador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt; El sueño no tardó en venir, sus párpados le pesaban, su mente pedía un descanso, y su cuerpo yacía desparramado torpemente en el enorme colchón, Caro se durmió pensando: ¿cómo sería su vida al lado de Abel si todo aquello no hubiese pasado?, si no se hubiese dejado llevar por la tentación de una aventura, si nunca se hubiese acercado a Juan. Si al final, la vida la dejó sola y con la culpa a cuestas.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Soñó con aquel patio, los chicos, las risas burlonas, las lágrimas de Abel, lo vio tan solo, tan vulnerable, el dolor se sentía en el aire; el sufrimiento, omnipresente en su realidad, se negaba a darle un suspiro, el sueño se transformaba en pesadilla y ahí también estaba Juan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Al despertarse no entendió, pudo ver desde lejos su cuerpo desparramado entre restos de cemento, en otro sitio desconocido pudo ver el cuerpo de Juan, una imagen borrosa en su lecho de muerte. Su madre pedía una explicación, los medios formulaban hipótesis de la explosión, las lágrimas bajaban suavemente por los rostros, el dolor inundaba los corazones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Abel miraba desde el balcón de enfrente. Fue testigo de la escena. La sonrisa iba ganando espacio en su cara. Necesitaba sangre para saciar su sed.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;i&gt;Matías Álvarez Moreno&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7672812500838242281?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7672812500838242281/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7672812500838242281' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7672812500838242281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7672812500838242281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cuento-sed-de-venganza.html' title='Cuento: Sed de venganza'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3803676988866326600</id><published>2011-11-13T18:48:00.000-08:00</published><updated>2011-11-13T18:49:14.598-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Códigos</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;En el último vagón que se dirige desde Plaza Constitución a Ezeiza; precisamente en Banfield sube un joven de unos veinte años: viste un jean desflecado y descolorido, y una remera con la cara del “Che”. Trae en su mano un parlante pequeño y un micrófono.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;   Sin dejar pasar mucho tiempo, el muchacho conecta un reproductor de mp3 al equipo y comienza a hablar tímidamente por el micrófono diciendo: - ¡Buenas tardes, señores pasajeros! – Antes que nada disculpen las molestias que pueda llegar a ocasionarles, voy a cantarles “Solo le pido a Dios”, espero que les guste.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;   Algunos de los pasajeros se dan vuelta para ver al joven: Un par de niños curiosos  corren en zigzag, esquivando a los que están parados hasta colocarse cerca.- ¡Jonathan! ¡Camila! ¡Quédense quietos! Se escucha la voz aguda de la madre detrás de ellos. Un vendedor de cd piratas con una gran panza y tan alto que tiene que encorvarse para no chocarse con el techo,  se acerca velozmente y se sienta enfrente del músico. No le quita los ojos de encima.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;  &lt;i&gt;Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente&lt;/i&gt;… canta  el muchacho cuando el tren pasa por Lomas de Zamora. El comerciante frunce cada vez más su ceño. Deja en el piso sus discos y el radiograbador. Una y otra vez hace tronar sus dedos. Parece no soportar la presencia del pibe.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;  Un matrimonio tararea la canción. Unos pocos siguen en su mundo sin quitarse los auriculares. Pero una gran cantidad presta atención al show. El joven canta cada vez más fuerte. Ya no se ve tímido como al principio. No cesa de marcar el ritmo con su pierna derecha. Pero sus ojos la mayor parte del tiempo permanecen cerrados. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;   Dos vendedores se acercan con caminata compadrona y se unen a su colega que parece no poder más con su genio. Se para. Los que están más cerca escuchan a uno de los compadritos provocando al pirata: - ¿No vas a hacer nada?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;    El tren llega a Temperley. Una señora antes de bajarse le dice al cantante: - ¡Muy bueno! Y le da dos pesos. Aunque él sigue cantando, con una sonrisa le agradece. Al ver el dinero el vendedor no puede contenerse y alentado por los otros dos agarra al joven del brazo y le dice sin decoros ni anestesia: ¡Bajate, pendejo!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;   -Son códigos, afirma un anciano en voz baja. El joven trata de hablar civilizadamente con el vendedor, no lo logra debido a la seguidilla de insultos que tapan sus respetuosas palabras. La gente no deja de mirarlos. Muchos comentan que el muchacho podría resultar golpeado. Afortunadamente no pasa nada de eso.  El enojo del vendedor repercute contra el micrófono. Se lo saca a su dueño y lo tira por una de las ventanas con vidrios rotos.  Ante estos incidentes algunos de los pasajeros prefieren abstraerse leyendo o conversando con sus acompañantes. Otros no pueden dejar de mirar al joven que, a pesar de no pedir más explicaciones ni proferir palabras, expresa su congoja con ojos llorosos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;   Cuando el tren arriba a Monte Grande las carcajadas de los vendedores retumban en el vagón. Ningún pasajero se atreve a decir nada. Excepto una señora que con su bastón se acerca tan rápido como puede y le toca la espalda al cantante: - ¡No te desanimes! ¡Cantás lindo! Pero el muchacho está desanimado. Baja con su equipo en la mano. Mira hacia el cielo. Luego se cierran las puertas y el tren comienza a andar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Adrián Moreno&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3803676988866326600?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3803676988866326600/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3803676988866326600' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3803676988866326600'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3803676988866326600'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-codigos.html' title='Crónica urbana: Códigos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3172397094540140917</id><published>2011-11-13T18:20:00.000-08:00</published><updated>2011-11-13T18:21:09.301-08:00</updated><title type='text'>Panóptico</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Y ahí sigue estando, como todas las tardes, parado en la tranquera de su casa, casa que entonces me parecía de cuento, a media cuadra de la mía. Parece  estar limpio de conciencia; perdura firme, aun jugando con su simpatía y bondad, saludando a todo el que pasa por esa calle; el viejo querido del barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Esa tarde calurosa de enero, también se mostró divino conmigo y con mi hermano, y nos invitó a juntar cerezas de sus árboles. Lo que viví fue&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;como el cuento de Blancanieves, que tanto me gustaba y solía contarme el abuelo, pero en vez de la anciana con su manzana roja y deliciosa, se trataba de un anciano y sus árboles de cerezas.&lt;span style="color:#00B050"&gt; &lt;/span&gt;Nosotros, que ya lo conocíamos de saludarlo todos los días cuando pasábamos por la puerta de su casa, lo habíamos adoptado como aquel abuelo del&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;que la distancia y el tiempo nos había separado. Así que sin pensarlo y sin pensar siquiera en aquellas palabras taladrantes de mamá: “No hablen con desconocidos.”, agradecimos su invitación y &lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;corrimos desesperados para llegar a los árboles de cerezas que estaban a pocos metros de la entrada, y que siempre mirábamos y deseábamos desde afuera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El mono de mi hermano menor trepó hasta lo alto&lt;span style="color:#00B050"&gt; &lt;/span&gt;de aquel majestuoso árbol repleto. Yo, sin poder subirme, inmediatamente recibí la ayuda de ese ser de aspecto tierno y bueno. Contenta por su asistencia y ansiosa por una de sus cerezas, me entregué a sus brazos ya que mi fuerza era la de una pequeña niña, y de tan poca altura que no podía llegar a esa maldita rama que estaba a unos cuantos centímetros más arriba de mi mano estirada. En ese momento su mano comenzó a rozar mi pecho casi acariciándolo, mientras que la otra impactó entre mis piernas intentando elevarme.  Fue entonces cuando la imagen de Blancanieves mordiendo la manzana pasó por mi mente, mi corazón se aceleró; aunque las barreras de mi inocencia no me permitían entender ese malestar.  Yo sólo estaba hipnotizada por las apetitosas cerezas;  ese era mi único deseo, ¿cómo percibir el del viejo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Finalmente, después de esa rara sensación, llegué a la rama pero al enfrentarme a las pequeñas frutas que siempre tanto me tentaron, quise bajarme rápidamente. Era inexplicable, pero fue haber llegado a esa cima, con demasiado sacrificio para ver las deseadas y llamativas cerezas llenas de gusanos, ¡qué desilusión! Esa imagen de blancos gusanos comedores de fruta que alucinó mi cabeza en aquel instante,  fue como la voz alarmante de mamá retándome porque algo mal había hecho.  Esos gusanos, esa voz... que no permitían que disfrutara de aquel momento. Por lo que  casi impulsivamente hice que mi hermano también bajara, total ya tenía dos bolsas repletas; le agradecimos al anciano y nos fuimos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;En el camino, mi hermano me preguntaba, enfadado, por qué lo había hecho bajar de aquel majestuoso árbol,  pero yo seguía pensando en esos asquerosos gusanos saliendo de las cerezas y en la voz enojada de mamá, y no podía emitir respuesta alguna. Escuchaba  a mi hermano a lo lejos, como si ya envenenada me quedara sorda, además de alucinada. Sin saber bien por qué, caminaba preocupada, sentía un miedo inexplicable. Se me cruzaban las manos del viejo, los gritos de mamá, las cerezas, los gusanos y la manzana que  desmaya a Blancanieves. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Al llegar a casa, mi hermano sonriendo le contó a mamá todo lo que hicimos; también le dijo que yo quise irme; en ese momento sentí que ese niño cruel me había traicionado y que era el  momento justo de retirarme por el terror que me ocasionaba pensar en la reacción  de mamá frente a lo relatado por mi hermano. Pero  ella simplemente, con una sonrisa, preguntó por qué y el temor a que me retara desapareció. Y le contesté: vi un gusano saliendo de una cereza y me dio asco, ¡mucho asco!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Esa noche soñé que era raptada por un gusano gigante que tenía la cara del viejo. Cómo olvidar ese sueño…A la mañana, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;cuando desperté, confundida y asqueada por el recuerdo de aquel gusano, las sensaciones y confusiones del día anterior pasaron a ser parte, sin querer o queriendo, de aquel sueño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Desayunando le  conté a mi familia la horrible sensación que me ocasionó lo soñado esa noche. Escuché todos los comentarios y opiniones posibles que un padre y una madre pueden dar en  momento de vacaciones, donde tienen tiempo de hacer todo tipo de conjeturas. Luego de ser amable con todo lo que me aconsejaron, comencé un nuevo día de vacaciones con los amigos del barrio. Mi inquietud y ganas de encontrarme con mi amiga para planear el día superaban a cualquier gusano que invadiera mi cabeza, así que salí en bici, hacia su casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Como siempre, el anciano estaba ahí, desde temprano en la puerta de su cabaña y con su mejor sonrisa, me saludó y me invitó nuevamente a su casa: -“Vení a ver qué linda se ve tu cabaña desde mi ventana”, me dijo el desgraciado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Gracias, pero no puedo, ¡me está esperando mi amiga en su casa!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¡Solo te llevará unos segundos! Y luego podrás seguir camino...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;¡Qué ingenua fui!, tan ingenua que no dudé en entrar  y seguir inmersa en la fantasía que me generaba esa casa de duendes; era recrear aquel mundo de cuentos que me hacía vivir mi abuelo con sus relatos. Ni bien cruce esa pequeña puerta de madera de arco redondo, me sentí en la casa de los enanos que tan amables fueron con esa princesa; así como el anciano parecía conmigo. Pero de repente el sol de la mañana desapareció con la oscuridad que había en la casa, por lo que me asusté un poco pero no dije nada y seguí al anciano que me guió a una pequeña escalera, de siete u ocho escalones que desembocaba en un cuarto  amueblado sólo con una  silla, un armario y una cama cuyo respaldo se apoyaba en la ventana, por la que según él se veía mi casa.&lt;span style="color:#00B050"&gt; &lt;/span&gt;Fue tanta mi curiosidad y mi entusiasmo que no lo pensé y fui directo a fijarme si era verdad que podía ver mi casa y, ¡sí!, allá estaba mi cabaña. Entonces, el viejo se acercó hasta casi rozar con su boca mi oído y me susurró: – ¿Viste?, suelo verte todas las mañanas yendo al colegio, y su mano se apoyó en mi hombro y me dio vuelta de manera que mi rostro quedó en frente del suyo. A medida que sentía sus manos, su respiración, su roce; nuevamente aparecieron Blancanieves, la bruja y la manzana .Su boca arrugada, con sabor a tabaco y alcohol sobre la mía, me hizo recordar el asco que me ocasionó ver los gusanos en la fruta, y entendí, ¡sí, entendí!, todo aquel malestar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Cuando sus labios tocaron los míos, el recuerdo del abuelo se borró y casi escuchando a mamá, corrí a la escalera mientras él, sin tiempo para agarrarme, solo gritaba: –Volvé, estamos jugando-. Pero yo ya no quería jugar más. Con sus palabras  retumbando en mis oídos, bajé lo más rápido que pude los escalones, y desesperadamente, crucé esa puerta que me había gustado tanto. Sin embargo, antes de volver a casa necesité algo que borrara ese olor, olor que todavía no olvido. Sin dudarlo, entré al kiosco de la esquina y no sabía qué pedir primero: si pastillas, chicle, chocolate, no importaba qué, sólo quería algo para sacarme ese espantoso olor. Recién entonces, corrí a los brazos de mis padres a buscar protección; solo necesitaba estar con ellos y que me escucharan, que me abrazaran. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Como pude, entre  lágrimas y palabras que me salían a borbotones, atropelladamente logré explicar  lo ocurrido o, por lo menos, sé que mi papá entendió todo, porque después de mi relato &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;el viejo casi se queda sin cuello. No obstante, fue su máximo castigo, tuvo muy buenos abogados en su defensa: un ejército de latas de cerveza y todas las carencias para ser justificado.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Hoy, cuando viajo a vacacionar y a visitar a mi familia, inevitablemente paso por esa calle. Él sigue ahí, asomado desde esa rara pared que sobresale de su casa, sin techo. La pared solo tiene una ventana cuadrada en el medio. Esa es la ventana, por la cual siempre está viendo. Pero, cuando paso, ya no alza la mirada, ni me saluda. Por el contrario, agacha su cabeza o directamente se esconde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Yo, si bien ando poco por el barrio, nunca dejé de comer cerezas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="line-height: 115%; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Magdalena Sofia Pascucci&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 9pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3172397094540140917?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3172397094540140917/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3172397094540140917' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3172397094540140917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3172397094540140917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/panoptico.html' title='Panóptico'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-2441364959192765878</id><published>2011-11-13T17:19:00.000-08:00</published><updated>2011-11-13T17:20:35.051-08:00</updated><title type='text'>Cuento: Cambios</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:150%"&gt;&lt;u&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="text-decoration:none"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;¡Qué raro que Sabrina se retrase tanto!, pensó Ana. Su niñera se caracterizaba por llegar siempre puntual a buscarla al colegio. Después de esperar media hora, la profesora la acompañó a la secretaría para que llamara a su casa. No atendía nadie. En eso apareció Sabrina.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Caminaron las dos cuadras separaban la escuela de su casa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:red; mso-bidi-font-weight:bold"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;Abrieron la puerta. El televisor encendido era lo único que interrumpía el silencio. “Alerta New York: Encontraron más de diez ratas en el local que comparten Taco Bell y Kentucky Fried Chicken. Todos los establecimientos en Manhattan, Brooklyn y Queens permanecerán cerrados en el día de mañana por desinfección”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;¿Ratas, otra vez? Sabrina le dio un fuerte abrazo, en un débil intento de calmar su miedo. “Todo va a estar bien, yo te voy a cuidar. Vos hacé los deberes mientras te preparo algo rico de comer, ¿qué tal una torta de frutillas?”. Sabía que era su preferida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Fue una tarde tranquila, como muchas otras tardes. Merendaron juntas y Sabrina la ayudó con los ejercicios de matemática que tanto le costaban. Se conocían de pies a cabeza. Hacía ya muchos años que pasaban toda la semana&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext; mso-bidi-font-weight:bold"&gt; juntas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;, y estaban solas la mayor parte del tiempo. Sus padres trabajaban todo el día al otro lado del puente de Brooklyn, y solían tener cenas de trabajo. A veces hacía el esfuerzo de esperarlos despierta, pero el sueño &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;siempre la vencía. Las pocas noches en las que volvían temprano, cenaba con sus padres, sin Sabrina. Rebecca, su madre, insistía en  que el personal de servicio debía comer en la cocina.  L&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;color:windowtext"&gt;a mesa estaba dividida imaginariamente en dos hemisferios, ya que se sentaba uno en cada cabecera. Ella era el meridiano divisorio e invisible. Contaba su día y sus&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt; padres asentían con la cabeza, sin decir una palabra. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext;mso-bidi-font-weight:bold"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Hacía tiempo que le pasaba lo mismo. Ni siquiera había recibido respuesta en uno de los días &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;color:windowtext;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;más importantes&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;: el día que aprendió a leer. Había practicado noche tras noche. Después de tanto esfuerzo, aquel lunes había logrado leer un párrafo entero, prácticamente sin trabarse.  La maestra la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;color:windowtext;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;felicitó y le escribió una nota con una&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt; sonrisa de oreja a oreja. Pero su madre no reaccionó igual. Volvió de la escuela corriendo y la llamó: “Ma, vení que te quiero mostrar algo”. Insistió tres veces &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;con el cuaderno en la mano y como no &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;contestaba,  subió a buscarla. “¿Mamá?”, preguntó, parada en la puerta del estudio. Escuchó hojas caerse del otro lado, y cómo su madre escribía en el teclado de su computadora. Estaba allí, y la ignoraba. Se alejó de la puerta con el rostro bañado en lágrimas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Mientras preparaba dos platos para poner en la mesa, su padre salió del cuarto. “Hola papá, Sabrina no me dijo que estabas”. Pedro aún estaba mojado de la ducha. “Sabrina, ceno con ustedes hoy.” Dijo él, haciendo caso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;omiso a su comentario&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt; Era la primera vez que comían los tres juntos. Sabrina y su padre hablaban con entusiasmo. Entre los temas conversados estaba la invasión de ratas. Su padre comentó que en el centro las calles estaban desiertas.  Aprovechó que se acercaba su horario de ducharse para retirarse de la mesa y dejar de escuchar detalles sobre estos animales a los que tanto temía. Se dio vuelta para decirle a su niñera: “Te espero arriba”. Los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;sorprendió mirándose de una&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial"&gt; manera peculiar. Pedro la contemplaba con la misma ternura que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext"&gt;antes le veía en sus ojos cuando miraba a su madre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Su padre hizo una mueca pícara y le dijo a Sabrina que no tenía que estar todo el tiempo atrás de ella&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#4BACC6;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;que todavía faltaba el café. Ana intentó aguantar el sueño hasta que su niñera subiera a darle el beso de las buenas noches. Pero nunca llegó, y se quedó dormida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Sabrina caminaba por el living de la casa. No se daba por aludida ante los gritos de la niña que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;color:windowtext;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;la venía siguiendo desde arriba. Caminaba de manera extraña, y muy rápido. Papá salió de la cocina. “¿Qué está pasando?”, preguntó asustado. Ana dejó de correr para observar con atención. Vio cómo Sabrina mordía el cuello de su padre. La cara angelical de la niñera se había transformado en la de una rata. Y se lo devoró todo. Recién entonces se percató de la presencia de la niña, y avanzó hacia ella...&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt; Saltó de la cama sobresaltada por la pesadilla. Miró el reloj, eran las once de la noche. Bajó las escaleras como un rayo y mientras se dirigía al cuarto de servicio, escuchó ruidos en la cocina. Allí seguían Sabrina y su papá. En vez de café, en la mesa había dos copas sucias con restos de vino. La angustia de la pesadilla se transformó en perplejidad. Nadie habló. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-bidi-font-weight:bold"&gt;La incomodidad fue interrumpida por el chillido de una rata, por lo que los tres salieron corriendo. Pedro buscó la trampa que guardaba en el garaje y la introdujo en la cocina. Cerraron la puerta con la esperanza de que la rata muriera durante la noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:35.4pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Desde que era muy pequeña, los domingos los pasaba sola. Sus padres se quedaban todo el día en su dormitorio y Sabrina tenía el día libre. Por lo que miraba la televisión la mayor parte del día. Ese domingo fue distinto. Su madre apareció gritando: “Esa chiquita nos arruinó la vida, yo te dije c&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext"&gt;ó&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial"&gt;mo iba a terminar esto, te lo dije.” Pantalones, camisas, desodorante, papeles, zapatillas, una radio, caían uno tras otro por las escaleras. Su padre bajó con una maleta en la mano, y recogió sus pertenencias. Cuando terminó buscó sus llaves, miró a Rebecca, y luego a la niña, y abrió la puerta. El desprecio en la mirada de su padre la dejó atónita. &lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;Entonces, era ella la causa de sus peleas. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?  Por eso no le hablaban, ni se interesaban en ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El llanto histérico de su mamá le impidió terminar de procesar lo que estaba &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext"&gt;ocurriendo. Cuando subió la&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt; encontró tirada en el piso, con la cara mojada y roja. Le costaba respirar. Ana la observó por un momento. Recordó todas las veces que ella había estado triste, y que su madre no la había consolado. Por ejemplo, el primer día que fue a la escuela con anteojos. “Cuatro ojos, cuatro ojos”, sus compañeros de curso la burlaban sin parar. Esa noche Rebecca &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext"&gt;la vio llorando, y sin embargo, ni siquiera le preocupó porqué. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;Aún así le partía el corazón verla destrozada y sentía unas extrañas ganas de ayudarla y de verla sonreír. Quiso saber qué había ocurrido, pero ni bien pronunció el nombre de su padre, la intensidad del llanto aumentó tanto que la niña decidió quedarse sin explicaciones, al menos por un tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;Las ojeras bien pronunciadas, y los pómulos hinchados en la cara de su madre se hicieron cotidianos, ya que pasaba las veinticuatro horas del día en la cama. Desde ese día no volvió a trabajar. No quería comer, ningún juego le divertía, ninguna historia le interesaba, ningún programa de televisión la distraía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;Rebecca se quedó dormida. Ana se acostó a su lado, boca abajo como siempre y abrazó a la almohada. Tenía ese hábito desde pequeña. Debajo de esta encontró un papel. Curiosa, lo agarró. Era un sobre rojo empapado. Cambió de planes, tenía que saber qué guardaba ese sobre. Lo llevó a la cocina para poder leerlo tranquila.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Para Pedro, de Sabrina, 16 de&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:windowtext"&gt; junio&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt; del &lt;st1:metricconverter productid="2002”" st="on"&gt;2002”&lt;/st1:metricconverter&gt;, leyó en el sobre rojo. Pero si en ese momento su niñera ni siquiera trabajaba en su casa. ¿Se conocían de antes? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Llamó a Sabrina a su celular. “¿Hola?”, atendió. “Sabrina, encontré una carta. ¿Es verdad? ¿Estuviste siempre enamorada de mi papá? Yo tenía una familia, rara, pero una familia en fin. ¿Qué me hiciste?”. “Ahí voy, amor”, gritó la niñera. Tras escuchar la otra voz, Ana &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;no necesitó saber más nada y cortó. &lt;span style="background: yellow;mso-highlight:yellow"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;text-indent:36.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;Se quedó sentada, inmóvil, hasta que un ruido espantoso que venía del garage la sobresaltó. Temerosa, se asomó a ver qué ocurría. Ya no estaba su padre para esas cosas. Encontró una rata atrapada en una trampa. Estaba muriendo. Con una mezcla de asco y miedo, se acercó. Curiosamente los ojos del animal le recordaron a los de Sabrina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;margin-bottom: 0.0001pt; text-indent: 36pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:windowtext"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Fernanda Vales&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-2441364959192765878?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/2441364959192765878/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=2441364959192765878' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2441364959192765878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2441364959192765878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cuento-cambios.html' title='Cuento: Cambios'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-810361923712330900</id><published>2011-11-09T16:09:00.000-08:00</published><updated>2011-11-09T16:11:17.245-08:00</updated><title type='text'>Veneno</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Las cuentas a fin de mes se acumulaban. El mediocre sueldo de Ignacio no alcanzaba. Pero a Clara no le molestaba estar fuera de casa todo el día.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Por las mañanas trabajaba en el zoológico de Luján hasta las cuatro de la tarde y a las cinco entraba en el mercado más concurrido del pueblo donde ejercía sus labores como cajera hasta las diez. Realizaba estas dos actividades de lunes a viernes, la primera más por placer que por obligación y la segunda sólo por necesidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Varias veces Ignacio le había sugerido, o más bien ordenado, que dejara su trabajo en el zoológico por el cual gastaba la mayor parte del día y no le remuneraban gran cosa. Clara siempre se negó  y continuó yendo. Cómo podría abandonar a sus queridos animales a quienes amaba como si fueran sus propios hijos. Porque hijos no tenían, ni tendrían, luego de numerosos estudios descubrieron que Ignacio no podría ser padre jamás. Los animales del zoológico de Luján serían lo más cercano a hijos que Clara consideraba que podría tener.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Sus labores en el zoo eran varias, la principal era llevar al cuidador de cada animal el alimento correspondiente y los elementos que precisara para su cuidado. Todos querían a Clara, siempre estaba en el lugar y momento indicados, era puntual, responsable y muy simpática. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;La vida de esta mujer de treinta y dos años era bastante rutinaria y sin sobresaltos. Su trabajo como cajera la aburría terriblemente, si fuera por ella pasaría todo el día en el zoo, más aún, en la gran jaula de las serpientes, su lugar favorito. Aquel lugar le producía sentimientos encontrados, le atraía pero a la vez le daba miedo, las serpientes llamaban mucho su atención pero también sabía que no podía descuidarse por su traicionero comportamiento. Sus miedos y temores huían rápidamente si Fernando, el cuidador de las serpientes, estaba junto a ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Con el correr de los meses, sin ninguna razón en particular, Clara comenzó a pasar cada vez más tiempo en el zoo. Su puntualidad comenzó a ser impuntualidad. Llegaba tarde tres de cada cinco días que debía ir al supermercado. Siempre había alguna razón por la cual demorarse. Una y otra vez se disculpaba. Un lunes, eran las cinco y media de la tarde y todavía seguía en el serpentario, Fernando había necesitado de su ayuda para sostener a una pitón gravemente enferma para poder tratarla.Siempre había alguna complicación en aquel sector, desde hacía un tiempo, eran cada vez más frecuentes sus demoras allí. Sin embargo, no llamaba la atención de nadie en el zoo, todos sabían de su predilección. Pero, ese día, sí llamó la atención de Daniel, el encargado del supermercado, que no dudó en despedirla sin quejas ni llanto. Clara no le dijo nada de lo sucedido a Ignacio, estaba segura de que le diría que todo era culpa de su maldito trabajo en el zoológico y que cuanto antes encontrara otra cosa sería mejor. Pero ella no estaba dispuesta a dejar lo que más amaba. Habló con el personal del zoo para hacer horas extras y quedarse hasta el cierre, de este modo recuperaría parte del sueldo perdido como cajera y junto con la indemnización lograría subsistir un par de meses más sin levantar sospechas. Siguió con su rutina como si nada hubiese cambiado. Seguía llegando a su casa a las diez y treinta de la noche con el mismo uniforme de cajera pero de un humor y con una energía inusual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Si antes Clara se había destacado por estar en el momento justo cuando se la necesitaba ahora la gran odisea era encontrarla. Era más fácil preguntar por Fernando y allí estaba ella. Sus compañeros comenzaron a hacerle bromas advirtiéndole que debía tener cuidado de pasar tanto tiempo con las serpientes, no fuera cosa que se convirtiera en una.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;A Ignacio casi ni lo veía, en el poco tiempo que pasaban juntos ella no hacía más que hablar de serpientes, todos los días le contaba algo nuevo sobre ellas. Ni bien Ignacio se mostraba desinteresado por el tema y molesto por verla tan poco, comenzaban las peleas y los reproches. “Todo por culpa de los malditos explotadores del supermercado que ahora se les antojó hacerme trabajar horas extras los fines de semana”, explicaba Clara a su marido cada vez que éste se quejaba por sus ausencias, “¡Y qué querés que haga Nacho si cada vez todo está más caro y cada vez nos pagan menos! ¡Buscate vos un laburo más decente!, decía enfurecida. Ella se escuchaba gritando, mintiendo, insultando y sin poder evitarlo, escuchaba una y otra vez los débiles sonidos de las serpientes, veía en sus ojos la mirada traicionera de la pitón, sentía a Fernando tocando su mano, oliendo su perfume nuevo. Fue en ese momento cuando inexplicablemente comenzaron las pesadillas, no podía dejar de soñar con serpientes y escuchar sus sonidos durante toda la noche como si la acecharan por debajo de la cama esperando a que se durmiera para rozarla, acariciarla, enroscarla y asfixiarla. Sentía terror, pero a la vez una adrenalina que la hacía percibirse más viva que nunca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Gritos por las noches, ojeras durante el día y cambios de humor constantes en Clara comenzaron a sembrar la duda en Ignacio, comenzó a sospechar que algo no andaba bien. Preocupado por su esposa y  con la culpa de no poder mantenerla como debería, decidió prestarle más atención y darle una sorpresa. Un viernes por la tarde fue a buscarla al zoológico con un ramo de rosas y dos entradas para el cine para esa misma noche. Le daría el ramo, la acompañaría al supermercado y luego a la noche la pasaría a buscar para ir juntos a ver una película romántica. Se hicieron casi las cinco y Clara aún no salía por la puerta del personal. Compró una entrada y decidió irla a buscar personalmente al zoo. Cuando preguntó por ella, le dijeron que probablemente se encontrara en el serpentario. Al llegar a aquel lugar, tuvo un mal presentimiento. Por unos instantes se quedó mirando las diversas especies, aunque las serpientes no le producían tanta curiosidad como a su mujer. Fue entonces cuando vio la cartera de Clara tirada atrás de un poste. Se asustó, ¿por qué estaría allí? Una puerta entreabierta al costado del serpentario llamó su atención. Pensando que quizás Clara podría estar en problemas, decidió entrar. Caminó varios metros por un angosto y oscuro pasillo. Le pareció oír su voz entrecortada. Apuró el paso. Otra puerta entreabierta. Lentamente se acercó a ella, y sin abrirla demasiado, miró hacia el interior de aquel cuarto y allí encontró a su mujer. Un sucio reptil, estaba acariciando su pierna, mordiendo su cuello y ella no hacía nada por defenderse. Ignacio se quedó paralizado, no sabía qué hacer, ¿mataría primero al maldito animal o a su esposa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Pero no mató a ninguno de los dos. Volvió a su casa devastado y mientras esperaba que Clara regresara, sonó el teléfono. Estaba tan confundido que por poco no atiende pero el contestador se activó y escuchó que se trataba del responsable de recursos humanos del supermercado donde trabajaba Clara. Casi cuando estaba por cortar, Ignacio atendió y volvió a escuchar aquello que no quería terminar de creer: le avisaban que la indemnización por despido ya estaba lista para que Clara la pasara a retirar y que disculpara la demora, cuatro meses según le dijeron. Todo cobró sentido. Aquella perturbadora imagen volvía una y otra vez a su cabeza. Recordó las serpientes que había observado antes de aquel momento. Traición, engaño, desilusión, dolor, rabia y una frase que en pocas palabras lo resumía todo. La escribió en un pequeño papel y comenzó a  empacar rápidamente sus cosas. Con la valija en la mano, en el umbral no pudo evitar una última mirada. Los muebles que habían elegido con tanto cuidado, las paredes ahora un poco descascaradas lo llevaron a aquella cálida tarde de domingo cuando se mudaron para comenzar juntos una nueva vida, a su mente vinieron una tras otra las imágenes de aquel día: Clara con su vestido favorito y el pelo suelto desempacando y tarareando llena de alegría, las paredes recién pintadas, los muebles a estrenar, el brindis con champagne, el beso más dulce, un cuarto vacío que ocuparía su primer hijo, esperanza, amor, todo por delante. Pero ya nada de eso quedaba. Cerró la puerta y se marchó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Mientras tanto, Clara impresionada de lo rápido que se había pasado esa tarde y viendo que ya era de noche, bastante tarde en realidad, decidió emprender la vuelta a casa. Estaba tan acalorada por aquel momento vivido que ni siquiera recordaba dónde había dejado su cartera. La buscó por todo el cuarto ubicado en la  parte trasera del serpentario al que se accedía por una pequeña puerta casi escondida, en aquella habitación transcurrían sus momentos más placenteros. Podía quedarse hasta tarde ya que Fernando vivía allí y hacía tanto tiempo que trabajaba en el zoo que le habían dejado a su cargo la llave de la puerta de personal para que ingresara y saliera del lugar las veces que fuera necesario. Luego de buscar la cartera por todos los rincones, la halló tirada en el suelo del serpentario bastante sucia y demasiado pesada para su gusto. Era una muestra de su inconciencia, tan desesperada por llegar a aquel cuarto luego de dejar el alimento para las serpientes que ni se percató de que había apoyado su cartera en el suelo a la vista de cualquiera. Por suerte nadie se había dado cuenta. Se despidió de Fernando para luego tomar un taxi, de esperar el colectivo no llegaría a las diez y treinta a su casa.&lt;span style="color:red"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Al llegar al departamento, lo encontró oscuro. No tuvo con quien pelear ni a quien mentir. Llamó su atención una nota arriba de la mesa de la cocina. Se acercó, dejó la cartera sobre la mesada, podía sentir el perturbador sonido de las serpientes en sus oídos. Con manos temblorosas agarró el pedazo de papel y leyó: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;“Te convertiste en una serpiente...traicionera y venenosa”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Aturdida y confundida, trató de rearmar la historia revisando qué cabo había dejado suelto. Tan enfrascada en su tragedia ni pensó por qué esa noche su cartera estaba más pesada que de costumbre. Quizás al haber tomado un taxi en lugar de haber estado esperando el colectivo un buen rato no tuvo chances de sentirla allí metida, escurridiza y al acecho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;En su búsqueda Clara encontró las dos entradas del cine para aquella noche  y luego vio titilando la luz del contestador. Apurada sin siquiera prender la luz, presionó el botón y escuchó  la mitad de la conversación entre Ignacio y el encargado de recursos humanos del supermercado. Rompió a llorar desconsoladamente. El remordimiento ganó terreno.  Las lágrimas le bloqueaban la visión. A tan solo unos pocos metros, aquella pequeña criatura con escamas lisas y brillantes de color amarillo, negro y rojo, tan atractiva como letal, salió de la cartera, se deslizó sigilosamente por la mesada y llegó al piso en pocos minutos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;Clara se sentó derrotada en el sillón del comedor, reclinó su cabeza en el respaldo y cerró los ojos pensando en alguna solución. Se sintió aún peor al volver a oír aquel débil pero insoportable sonido. Los ojos de la serpiente, su textura, su olor, la perseguían, aun allí, en aquel oscuro comedor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoListParagraph" style="text-align:justify;text-indent:-18.0pt; line-height:150%;mso-list:l0 level1 lfo1"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-fareast-font-family:Arial"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;       &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;¡Basta, basta, por Dios! ¡Perdón, me equivoqué! ¡No me torturen más! ¡Cállense! ¡Salgan de mi cabeza, no me susurren más al oído! ¡Basta, por favor!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%;tab-stops:2.0cm"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;En medio de la oscuridad sintió una rápida y profunda mordida en su talón, se levantó sobresaltada e intentó correr a prender la luz para ver qué raro insecto la había mordido pero no llegó al interruptor. Un mareo repentino  apenas le permitió sostenerse en pie. Las  náuseas la obligaron a sentarse nuevamente. Calor, mucho calor. Una sed angustiante. Sus pulsaciones subieron estrepitosamente. Comenzó a ahogarse, apenas entraba aire a sus pulmones. Sin poder mantener el equilibrio en la silla cayó abruptamente al suelo. Aquel horrible sonido taladraba su cabeza. Finalmente la vio, desafiante, con sus llamativos colores apenas&lt;span style="color:red"&gt; &lt;/span&gt;visibles por la débil luz que entraba de la calle por la ventana. Cerró los ojos, pretendió estar soñando pero la sintió demasiado cerca. Primero solo fue un roce, luego, la asqueó  la fría piel del animal sobre su pierna, contrastando con el agobiante calor de su cuerpo.  Aquella peligrosa criatura  la recorría lentamente. Su textura escamada&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt; y pegajosa sobre su piel aumentaba sus náuseas. Cuando la serpiente llegó a su cuello y acarició su mejilla, Clara se sintió más indefensa que nunca, nadie vendría a auxiliarla, Fernando ya no estaba para socorrerla, su marido la había abandonado. Eran solo ellas dos en ese oscuro cuarto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;En aquellos últimos minutos en los que el veneno corría por sus venas y ya nada podría salvarla, un solo sonido retumbaba en sus oídos, una sola mirada se cruzaba con la suya, y en su mente esa dura y corta frase sentenciaba su final.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Laura Pomilio&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-810361923712330900?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/810361923712330900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=810361923712330900' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/810361923712330900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/810361923712330900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/veneno.html' title='Veneno'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-567261257349104281</id><published>2011-11-09T15:22:00.000-08:00</published><updated>2011-11-09T15:24:34.816-08:00</updated><title type='text'>Crónica: Palermo subyacente</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;Las madrugadas de domingo en Palermo son el escenario de una particular forma de encrucijada. Lo que se cruza allí no son dos caminos, sino más bien dos ciudades. La Buenos Aires nocturna, fiestera y con resaca que a medida que avanza el sol, deja la posta a la Buenos Aires armónica y relajada, que plantea una tregua al frenético ritmo del caos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;En Araoz y Santa Fe, esa transición se ve en cuestión de minutos. Los que pasan durante la salida eufórica de los pibes de “Club Araoz” que cantando, peleando o intentando conquistar a una chica, ganan la calle para sí. Se dispersan rápidamente y van en busca de sus guaridas. El día para ellos llega a su fin. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;El vendedor de diarios que tiene su puestito en Güemes y Araoz se hace cargo de la transición y es quien toma la posta. Desde las cinco, está desenvolviendo los paquetes. &lt;i&gt;Clarín&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;La Nación&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Página 12&lt;/i&gt;. El menú de la información está listo, esperando por la gente que quiera desayunar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;En la vereda de en frente&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;, sobre Güemes al 3900, Alejandra es la primera portera en inspeccionar la entrada de su edificio. Los gritos eufóricos cesaron, y la fiesta dio lugar al trabajo. La primera tarea, manguera en mano, es limpiar con el agua la mezcla de bebidas que algunos pibes mean sobre la puerta de vidrio, en la esquinita del panel de los timbres. De fondo no hay muchos ruidos, la banda sonora es la intermitente música que sale de algunos departamentos, pero no suena muy fuerte y casi siempre es la típica música tranquila de &lt;i&gt;Fm Aspen&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;Blue 100.7. &lt;/i&gt;“Quiero terminar temprano, así llego a la misa de las nueve” dice, con el inusitado entusiasmo que despliegan sus veinte y tres años. Para ello irá hasta plaza Güemes, a la que se llega, no por Güemes sino por Salguero y en la que se erige la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. Sonríe y continúa su trabajo, con eficaz pragmatismo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;Unas cuadras más allá, sobre Güemes al 3700, hay un supermercado chino. Su nombre, puesto sobre el toldo amarillo es más bien un saludo, “Supermercado Buen Día” y el plantel laboral que lo compone es una alabanza a los postulados del multiculturalismo. Allí, un grupo de comerciantes orientales, radicados en Argentina tiene como empleados a un cubano y un peruano. Pero lo que los gurúes de la globalización nunca aclararon es por qué los dueños, los que mandan, son siempre de los mismos lugares. Ni tampoco por qué, los que bajan los pesados cajones de las verduras, trapean el piso o limpian los baños son siempre del repertorio de unos pocos países. Hay algunas respuestas parciales en un libro sobre venas y América Latina pero no por algún puñado de respuestas cesarán todas las preguntas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;“Los melones son muy dulces, llegaron hoy tempranito”, promete Diego. Antes de ponerlos en la bolsita, los limpia con una franela roja que cuelga sobre su mameluco de tela. El televisor chiquito que tiene entre los cajones de tomate y los de frutilla alterna entre “el chavo” y un canal de noticias. “Un día esplendido de mucho sol en la ciudad” anuncia el presentador y a continuación presenta la agenda cultural con las actividades al aire libre. Pero ninguna de ellas se extiende más allá de las diez de la noche, que es la hora en que sale Diego. Para ese entonces, otra Buenos Aires habrá salido a la calle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11pt; font-family: Arial, sans-serif; "&gt;&lt;i&gt;Carlos Torres Moraes&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-567261257349104281?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/567261257349104281/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=567261257349104281' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/567261257349104281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/567261257349104281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-palermo-subyacente.html' title='Crónica: Palermo subyacente'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-260322301611941143</id><published>2011-11-06T17:15:00.000-08:00</published><updated>2011-11-06T19:12:45.805-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Los dueños de nada</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;A fines del 1800, olas de inmigrantes vinieron a rellenar un país despoblado. Europa estaba acosada por problemas – guerra, post guerra, persecución y falta de futuro – y Argentina era tierra de promesas, fertilidad y trabajo asegurado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;Unos cuantos años después, nuevas tandas llegaron. Pero ya no fueron rubios ni tuvieron ojos claros. Tampoco vinieron del otro lado del mar. Las nuevas centenas de migrantes tienen el color de la tierra, pero las mismas ganas de trabajar progresar y dar algo mejor a sus hijos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;A unas cuadras de la terminal de micros de Retiro, se encuentra el barrio Carlos Mugica, conocido también como Villa &lt;st1:metricconverter productid="31. A" st="on"&gt;31. A&lt;/st1:metricconverter&gt; medida que uno se adentra en el corazón del lugar, la calle y las veredas desaparecen. Sorprenden las construcciones, casas con puertas en segundos pisos, a las que se accede por unas escaleras irregulares que suben por fuera. Así siguen los terceros y los cuartos pisos. En la villa también está presente el valor del metro cuadrado, pero con menor afán económico, y más del espiritual. Parecieran buscar un trozo de aire más cercano al cielo y un lugar para una antena de cable. En las puertas, la gente hace asados, toma cerveza y escucha cumbia o chamamé a todo volumen. Los chicos corretean una pelota y esquivan bicis que, a su vez, esquivan autos. En una de las canchitas juegan los grandes, en otra, el equipo de hockey de adolescentes. Todo tiene una armonía y una organización que no podrían lograrse ni siquiera con días de premeditación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;Meses atrás, nuevos inquilinos llegaron a ocupar unos metros cuadrados de tierras abandonadas (como ya había sucedido en el Parque Indoamericano), de las cuales quedaban sólo pastizales y galpones vacíos. Algunos se ubicaron en zonas ferroviarias, otros justo en la otra punta del barrio, donde baja la autopista.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;En los alrededores, se escuchan diferentes voces. Estela cuenta que van a pagar cierta cantidad de dinero a los que se fueran, y que “por eso hay algunos que se mandaron, aunque no necesiten el lugar. Mi hijo, por ejemplo”. Se ríe después, con picardía, esperando que su primogénito engañe a la autoridad xenófoba que no los quiere dejar ser.&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "&gt;Sol, una nena del barrio, cuenta que su mamá no está muy de acuerdo con el tema “porque nosotros pagamos para tener nuestra casa”. Pero agrega, con madurez y sensibilidad: “cuando llegamos, nos dejaron estar acá; ellos tienen derecho también a tener su propio terrenito”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;Días después, parece haber un arreglo. Se van, les pagan algo del dinero, y luego, vendrá el resto. “Es para sacarlos. Olvidate de que les den un peso más”, sostiene Mariela, una madre de cuatro hijos ejemplares, que ninguna fe le tiene al Jefe de Gobierno que no eligió. “Puede ser, pero puede ser que les den algo más de plata también y eso ayuda”, le contesta otra, no tan escéptica.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;Parece que algunos se van, pero otros hacen caso omiso. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;A las pocas semanas las casitas van tomando forma y, a pesar de ser visiblemente precarios, hay hogares nuevos a la salida de la autopista Arturo Illia, sin cemento ni veredas pero con familias, perros, bicicletas y música fuerte.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;María Eva González&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-260322301611941143?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/260322301611941143/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=260322301611941143' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/260322301611941143'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/260322301611941143'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana.html' title='Crónica urbana: Los dueños de nada'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4118931906354062982</id><published>2011-11-06T16:43:00.000-08:00</published><updated>2011-11-06T16:47:11.264-08:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Y de repente… ¡Show!</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Una señora camina por la vereda con la ayuda de su bastón, se nota lo agobiante del calor en su rostro. Un joven toma agua desde una botella, empinando con énfasis las últimas gotas que le quedan. Aunque la primavera llegó hace apenas cuatro días, el calor no se hizo esperar. Es un típico mediodía en el obelisco, en pleno caos del microcentro en la ciudad de Buenos Aires. El calor se mezcla con los ruidos de los autos, sus bocinas, y las motos que pasan zumbando tan cerca del cruce peatonal que hacen doler los oídos. A pesar del panorama bullicioso y poco pacifico, la gente esta disfrutando la tregua que ofreció el crudo invierno por unos días.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;Un señor mira sorprendido de reojo cuando una masa de plumas blancas y grises zigzaguea por un costado suyo. Apenas ve que es, solo atina a sacar su celular. Una pareja, mas rápida que el, ya se esta sacando una foto, aunque no sabe muy bien como pasar la mano por el cuello larguísimo de la persona disfrazada de avestruz que es la protagonista. Esa persona, que luego se convierte en otra persona, y que luego se convierten en más y más avestruces que invaden la plaza. Los más curiosos detienen su andar y se quedan a mirar. Otros, escépticos, avanzan mirando de reojo y aceleran el paso, demasiado ocupados con otras cosas. Estos son, los que se mas tarde, se habrán perdido lo que estaba a punto de pasar en una mañana como todas las demás en la ciudad, y más tarde, si tienen la suerte de enterarse lo que aconteció por algún medio o red social, suspiraran aliviados de entender la razón de porque hay avestruces dando vueltas por el obelisco es pleno microcentro.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;La señora del bastón mira con ojos muy abiertos, sorprendida ante un avestruz gigante que corretea, seguida de otras dos. No se preocupe señora, no se escapó ningún animal del zoológico de la ciudad Buenos Aires ni se trata de una estampida. El alegre descontrol que invade la ciudad este 25 de agosto alrededor del mediodía es nada más ni nada menos producto de una campaña de Knorr que viste la ciudad de coloridos bailarines y exóticas avestruces que bailan al compás de la música. &lt;/span&gt;Las personas miran asombradas,  ante el arte por asalto, la alegría de lo inesperado, eso que parecía que solo pasaba allá, en los países de arriba, llegó a nuestra ciudad.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;Un niño aplaude alegre. Dos mujeres caminan juntas y frenan para ver qué pasa. Mirando con desagrado una de ellas niega con la cabeza y le dice a la otra: “¿Sabés cómo aprovechan los pungas de la plaza mientras están todos mirando el bailecito? Decí que hay cámaras, porque si no… Esto de noche es zona liberada”. No tarda en irse del brazo de su compañera que le susurra: “Pasan tantas cosas en el país como para entretenerse con estas cosas… ¿Por qué no promueven policías, en vez de bailecitos?”. &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;Una joven las escucha al pasar y esboza una mueca de resignación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;El espectáculo termina. La multitud se dispersa igual de rápido que se juntó. La última bailarina que queda toma su mochila, que había quedado en un rincón, y se acomoda el pelo, mientras le sonríe cómplice a un joven que la mira, mitad sorprendido, mitad embobado. No entiende mucho, pero igual sonríe, porque esa mañana, para los pocos que pudieron presenciar el momento, tuvo un color distinto.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Florencia Elizalde&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4118931906354062982?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4118931906354062982/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4118931906354062982' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4118931906354062982'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4118931906354062982'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-y-de-repente-show.html' title='Crónica urbana: Y de repente… ¡Show!'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3608892072274332411</id><published>2011-11-02T22:01:00.000-07:00</published><updated>2011-11-02T22:03:14.775-07:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Historias del parque</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;Tarde soleada, los chicos corren de un lado al otro detrás de una pelota que va rebotando torpemente sobre los adoquines, espantando a las palomas que se cruzan en su camino. A lo lejos se puede escuchar música, la calesita, tan colorida, con sus caballos, sus cochecitos,  los niños sonriendo, las madres, detrás de la reja mirando atentas, algunas sacan fotos, otras más relajadas, toman  mate con bizcochos. Alrededor de la fuente de agua se encuentra un grupo de jóvenes, sus uniformes celestes manchados por el  pasto, algunos leen, otros juegan a las cartas, otros miran atentos el fondo de la fuente por si algún iluso sigue creyendo ese cuento de tirar la moneda. Del otro lado de la plaza dos amigas toman sol en biquini, el parquero las mira disimulado mientras pincha los papeles desparramados cerca de los bancos. En unas mesas de cemento, rodeados de palomas dos viejitos juegan al ajedrez. Debajo de un sauce tres señoras mayores charlan mientras se codean, mirando como duerme un linyera a unos pocos metros. Ven un perro que se le acerca, lo olfatea y sale disparando para el otro lado de la plaza. Se ve venir un paseador con unos diez canes, de todos los tamaños, toreando al viento como advirtiéndole sobre su llegada. El joven  los ata a una columna de luz y se sienta en un banco a fumar un cigarro. Mira con atención a un señor de unos sesenta años que camina despacio, viste un jean y un saco blanco, y lleva un parlante grande atado en un carrito. Junto a él, una jovencita de unos quince años, con polleras largas, carga un maletín que no hace juego con su atuendo. Ambos paran a la sombra de un tupido algarrobo en el centro del parque. Enseguida se acercan otros dos jóvenes cargando un generador. La chica abre el maletín y comienza a sacar un rollo de cable, un micrófono y adaptadores, en cuestión de minutos conectan todo y el anciano del saco comienza a hablar: “He venido a traerles la palabra del señor, nuestro salvador, quien creó el sol que nos alumbra, el mismo que nos dio vida a cada uno de nosotros y nos puso a prueba del pecado…” La gente se acerca lentamente, es imposible evitar escucharlo, su tono se eleva a medida que avanza su sermón “No podemos permitir que el diablo nos corrompa, debemos hallar el camino del señor y pisar las cabezas de los demonios”. Poco a poco los espectadores dejan de prestarle atención, aunque su voz se oye fuertemente, como un zumbido ensordecedor. Sí parece molestar a las ancianas. Una de ellas, se acerca al predicador y le dice de modo poco amable que baje el volumen del parlante, el religioso se niega, la enfurecida abuela maldice a los cuatro vientos sacudiendo su brazo. El pastor, sin otra defensa que su palabra, comienza a despotricar: sermones en nombre de Dios contra la agresora. Un hombre de traje negro que cruza la plaza se acerca para tranquilizar a la anciana, que luego de descargarse vuelve a sentarse con  las otras señoras. El elegante intermediario conversa un momento con el pastor, lo convence de bajar el volumen y sigue su camino. Pocos minutos después las ancianas se van, el predicador recoge los cables junto a los jóvenes que lo acompañan y también abandona el parque. El sol comienza a perderse entre los edificios, la sombra avanza sobre el pasto como una cortina que se cierra lentamente. Las palomas limpian las migas sobre las mesas, los chicos se quedan sin partido, el de la pelota se fue. Poco a poco se va despoblando el lugar mientras el parquero barre sus veredas preparándolo para otro día de anécdotas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 115%; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Matías Álvarez Moreno&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3608892072274332411?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3608892072274332411/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3608892072274332411' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3608892072274332411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3608892072274332411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/11/cronica-urbana-historias-del-parque.html' title='Crónica urbana: Historias del parque'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-1725584308872776308</id><published>2011-10-31T19:23:00.000-07:00</published><updated>2011-10-31T19:24:23.795-07:00</updated><title type='text'>Cuento: Cuando nos mudamos</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Lluvia torrencial, humedad, picaduras de mosquitos, peleas, gritos, objetos olvidados en Buenos Aires y otros perdidos en el camino.  Una casa nueva en la  mejor parte de la zona residencial de Posadas, un enorme jardín repleto de árboles de aspecto ancestral y la tan famosa tierra colorada que aparecía en cada lugarcito en que el pasto no crecía.&lt;span style="color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Cuando nuestros padres nos dijeron que nos íbamos a mudar, mi casa se convirtió en un verdadero campo de batalla: portazos, gritos y discusiones comenzaron a ser  cosas de todos los días. Que nos cambien de barrio era una cosa, pero mudarnos a otra provincia era algo totalmente distinto. Al único que parecía no afectarle esta situación era a Pedro, le daba los mismo irse a  Misiones o al Congo Belga, total en donde fuera su actitud de rebelde iba a ser la misma. Desde que mis padres lo habían obligado a terminar con su noviazgo, la relación entre ellos ya no era la misma. En su mirada podía notarse una mezcla entre resentimiento y angustia. Por suerte, era poco el tiempo que le faltaba para irse a vivir solo. &lt;span style="color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Muchísimas estrategias fueron las que utilizaron mamá y papá para convencernos de que la mudanza iba resultar un cambio positivo para todos. Conmigo no tuvieron problemas, solo bastó que me dijeran que iba a tener una vecina de mi edad para poder jugar a diario. Pero persuadir a mis hermanos les resultó bastante más complicado hasta que a papá se le ocurrió decirles que allá iban a poder usar  el auto cuando quisieran ya que el tránsito es mucho más tranquilo que Buenos Aires y que, además, una vez por mes cada uno iba a tener la posibilidad de pasar un fin de semana en Capital Federal. Eso sí, ese viaje no lo iba a poder hacer en auto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Finalmente, dejamos de entrar y salir de la casa llevando y trayendo cosas. Cerramos la puerta y  cada uno eligió su cuarto: Pedro y Manuel, mis hermanos más grandes, eligieron el más alejado de la habitación de mamá y papá, y Alejo y Guillermo se instalaron en el que estaba al lado del mío. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Saqué todas las cosas que tenía embaladas y las ordené en mi nueva habitación. Esta vez, no iba a poner los osos en la repisa, ya me sentía grande. Los guardé, en el ropero.  Pero cuando corrí las cortinas para ventilar el penetrante olor a humedad vi que, posado sobre el marco de la ventana, había un horrible pájaro de plumas negras, un poco más chico que una paloma, con ojos grandes, muy grandes y un pico que aparentaba ser tremendamente filoso. Me asusté pero no grité, mis hermanos siempre me dicen que soy una llorona, entonces últimamente me propongo no llorar ni gritar por cualquier cosa. Miré a mi alrededor y le tiré con lo primero que encontré para que se fuera. Lo hizo, sin embargo su presencia me había dejado una horrible sensación. Logró que no pudiera dormir bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Me desperté a la mañana siguiente y al levantar la persiana para que entrara el radiante sol, el horrendo animal del día anterior se me apareció. Me estremecí, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Le pegué a la ventana para asustarlo. Se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Angustiada, bajé las escaleras para desayunar. Sorprendentemente mis hermanos ya estaban sentados a la mesa. Mamá me sirvió el café con leche y me dijo que me apurara y fuera a vestirme porque íbamos a conocer a los vecinos. Hice todo muy rápido, ansiaba conocer a mi nueva vecina y, seguramente, futura amiga. Subí a mi cuarto, me cambié y bajé enseguida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Como todas las mañanas mamá y Pedro comenzaron a discutir.  Ella estaba completamente desencajada, todos sus movimientos eran exagerados y el color de su piel había llegado a un tono que jamás había visto. Él, furioso, le gritaba que no tenía ganas de hacer “sociales” y que   le importaba un bledo el “qué dirán”. Los dos se dijeron muchas malas palabras, las cuales no puedo repetir, hasta que llegó papá a la cocina y con su grave voz le gritó a Pedro que sus pensamientos no entraban en juego, que hiciera lo que mamá le ordenaba y que si a él no le interesaba lo que pudieran pensar los vecinos, a ellos sí porque eran una familia de clase alta a la que querían causarle una buena primera impresión. Mamá, se calmó, Pedro puso su mejor cara de enojo y finalmente, salimos todos juntos. A mí, lo único que realmente me importaba  era que el tétrico animal no se me apareciera frente a mis hermanos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Caminamos,  intentando no pisar el barro del día anterior, los pocos metros que separaban ambas casas. Antes de tocar el timbre, como siempre, mamá nos pidió que, por Dios y no sé cuántos santos más, fuéramos educados. La vecina abrió la puerta con una gran sonrisa y nos invitó a pasar al living. Adentro estaban sentadas sus cinco hermosas y rubias hijas. Mis hermanos no lo podían creer, estaban anonadados, aunque por otro lado hubieran preferido que fueran hombres para poder ir a jugar al fútbol. Durante toda la visita Pedro y la más grande de ellas no pararon de mirarse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Cuando estábamos por irnos, Irina, la más chica de las hermanas, me tomó del brazo y me invitó a que conociera  su jardín. Pasé todo el día con ella, hamacándonos, saltando la soga y jugando al elástico. Desde su patio se podía ver mi ventana y la de los cuartos de mis hermanos. En la mía estaba, nuevamente, el maldito pájaro mirándome desde allí arriba - ¡qué miedo me daba!- y en la del cuarto de los chicos, se asomaba Pedro. No sé qué andaba buscando, pero sorprendentemente no tenía la expresión de enojo que lleva a diario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Volví a mi  casa a la hora de cenar, estábamos todos menos mi hermano más grande. Pregunté por él pero ninguno de los chicos me quiso contestar, me dijeron que era una chusma y que deje de hablar porque sino papá y mamá iban a empezar  a pelarse por el mismo tema de siempre: la rebeldía de Pedro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Durante toda la comida, mamá no paró de repetir, con el tono más angustiado que encontró,  que esperaba que ninguno de los chicos tuviera algún tipo de relación con las vecinas porque eso le traería muchos problemas con su madre ya que era la esposa del intendente de Posadas, parecía ser muy prejuiciosa, chusma y escandalosa, por lo cual cualquier inconveniente que surgiera entre alguna de sus cuidadas y preciadas hijas y alguno de mis salvajes hermanos iba a causar un tremendo problema. Prácticamente les prohibió acercárseles, sólo yo podía interactuar con la más pequeña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Terminamos de comer. Me fui a mi cuarto y mientras subía las escaleras comencé a oír un extraño ruido. Entré a la habitación y  temblando corrí las cortinas. Allí estaba, picoteando el vidrio mientras me clavaba la mirada. Mordí mi labio para no gritar y le pegué a la ventana logrando que se fuera. Se fue, pero la imagen del pájaro venía cons&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;tantemente a mi cabeza, de nuevo no podía dormirme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Eran las tres de la mañana y los escalones empezaron a rechinar. Con miedo me asomé por la puerta para ver, era Pedro. De dónde vendría, no lo sé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;A causa de mis desvelos nocturnos los días siguientes me desperté muy tarde, sin embargo, volví a ir una y otra vez a lo de la vecina. Casi siempre jugábamos adentro, ya que afuera no queríamos estar para no molestar a su hermana mayor quien se la pasaba todo el día buscando excusas para estar en el jardín. En realidad yo intentaba no estar en mi casa porque de sólo pensar en el pájaro que todas las mañanas y noches estaba en mi ventana se me erizaba la piel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Regresé, de nuevo, para la hora de cenar. Esta vez, Pedro estaba, pero comió rápido y mientras levantaba su plato y lo dejaba en la cocina gritó:- Me voy, vuelvo tarde. De pronto, había comenzado preocuparse por lo que se ponía y se afeitaba a diario, la última vez que lo había visto así fue cuando salía con Beca. Su relación terminó el mismo día que todos no enteramos de que existía. Rebecca, era judía y sus padres, al igual que los míos, no permitieron que se siguieran viendo. Ni siquiera en el colegio. Pedro quedó destrozado y desde ese día cambió completamente de actitud. Comenzó a discutir con mis papás a diario. Supongo que no podría perdonarlos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Después de comer, subí a mi cuarto con desconfianza. Abrí las cortinas de un tirón, rezando para que el tétrico animal no estuviera allí observándome con sus enormes ojos, pero ahí se encontraba, esperándome. Mantuve  mis ojos sobre él, no dejaba de mirarme, estaba aterrada. Golpeé fuertemente el vidrio para ahuyentarlo. Cada vez que lo veía me quedaba con una amarga sensación. Ya no podía soportarlo, tenía que encontrarle una solución urgente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Pasaron las semanas, ya todos estábamos acostumbrándonos a la vida en Misiones. A mamá le encantaba la casa, papá estaba contentísimo con su nuevo trabajo, Manuel, Alejo y Guillermo iban al club todos los días, a Pedro, al menos yo, lo veía un poco más relajado y feliz aunque con mi padres seguía en la misma posición, salía todas las noches a hacer quién sabe qué y yo tenía a Irina. Mi único problema era el pájaro, me aterraba, hacía días que no dormía bien y no sabía cómo decir que un estúpido animal me generaba tal miedo (mi hermanos iban a volver a decirme maricona y llorona, y eso era lo que menos quería)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;Un día tuve una genial idea. A Manuel siempre le había gustado cazar (cosa que en Buenos Aires no podía hacer mucho). Estuvimos dando vueltas por el jardín (era muy grande, seis veces más grande que el de mi antigua casa), pero no encontrábamos nada, hasta que en un momento al fondo de todo comenzamos a oír unos ruidos extraños, fuimos a ver qué era. Allí, sobre un gran arbusto estaba posado el único inconveniente que yo tenía en Misiones, lo único que podía hacer que mis hermanos volvieran a burlarse de mí. Rápidamente se lo señalé.  Tomó la escopeta, apuntó y disparó. Al mismo tiempo que el pájaro caía desplomado al pasto, oímos un agudísimo y fuerte grito. Corrimos el arbusto, alcancé a ver un gran charco rojo, el cuerpo semidesnudo de una chica rubia y junto a él a mi hermano que buscaba por algún lugar algo con que taparlo. Manuel me cubrió los ojos y me llevó corriendo a casa.&lt;br /&gt;Mi problema se había resuelto, pero tras él llegó uno que nos afectó a todos. Esa misma noche tuvimos que mudarnos de vuelta, esta vez de país. Nadie protestó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="NoSpacing" style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Agustina Arias&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-1725584308872776308?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/1725584308872776308/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=1725584308872776308' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1725584308872776308'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1725584308872776308'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/cuento-cuando-nos-mudamos.html' title='Cuento: Cuando nos mudamos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7965299282935441573</id><published>2011-10-26T16:10:00.000-07:00</published><updated>2011-10-26T16:12:10.670-07:00</updated><title type='text'>Tarde-noche en el Once</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Rita y su novio caminan lentamente por Avenida Pueyrredón. Algo inusual en la constante prisa de sus horarios. Hoy, van con tiempo y sin apuros porque Rita interrumpió su siesta temprano, y además el sesenta y ocho venía con poca gente y rápido.&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Caminan sin hablarse, con las manos apenas agarradas, lo suficiente como para generar la habitual impresión de una pareja paseando. Se detienen un momento, ella mira unas lámparas en una vidriera y siguen hasta la esquina de Córdoba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Bueno, linda, si me desocupo temprano voy por tu casa, y hacemos algo– dice él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Dale, estaría bueno que vengas, sin vos ahí me es imposible soportarlas- contesta ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Me encantaría ir, pero no te enojes si no puedo- dijo él, como ensayando una excusa para evitar el encuentro con su suegra y su cuñada que vendrían desde Chivilcoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Ok, amor, pero hacé un esfuerzo, si estás vos por lo menos me ahorro que se metan con mi vida amorosa-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Ya sé, linda, pero esto ya lo hablamos. Tenés veintiocho años, no sé cómo dejás que tu familia se siga metiendo en tus cosas. Además ponete en mi lugar, no está bueno ver cómo intentan sacarle plata a tu novia. Y ni hablar de que la forreen por su laburo- dice él, con tanto énfasis como para enrojecerse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Vos sabés como son, ¿qué querés que haga?-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Nada, cuidá esa pancita, y que te mejores- dijo él interrumpiendo secamente la conversación y apurando la despedida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Se dieron un beso, o más bien un “piquito” prolongado y se separaron. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Él tomará Córdoba, hará dos cuadras hasta Ecuador e ingresará a un edificio alto y blanco. Allí dentro, en el segundo “A”, lo espera la rubia que conoció hace unos meses y que prometió recibirlo está vez en ropa interior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Rita va hasta la entrada del Florida, que todavía está cerrado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Antes de entrar mira el cielo casi oscuro, ya con pocos resabios de claridad, los autos que se detienen sobre el semáforo y los peatones que cruzan sobre el asfalto de una Buenos Aires húmeda que poco a poco despide la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-¡Epa!, mirá quién se cayó de la cama- la interpela Paula, su “colega” como irónicamente se llaman, como no creyendo que un término así pueda aplicarse sobre unas strippers. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Se saludan con un beso y van hasta la barra, donde el barman ultima los detalles antes de que el bar abra sus puertas al público. Comparten un cigarrillo y hablan trivialidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Che, estás un poco rara, ¿qué te anda pasando?-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-No sé, un poco de fiaca capaz-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-¿No será lo del hígado?-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Puede ser, no le estoy dando mucha bola al tratamiento-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-No seas boluda- le dice Paula, mientras Rita se levanta para ir al cuarto, donde se visten y preparan para cada función.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-Trajeron una carta para vos, te la dejé sobre la mesita- agrega Paula, mientras apaga su Philip Morris en un cenicero de la barra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Rita va hacia el cuarto expectante pero tranquila. Se sienta sobre el escritorio chico, suelta su pelo, se mira un momento en el espejo y agarra el sobre. Es blanco y en el dorso solamente dice: “Para Rita Marzi”. Comienza a leer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;“Rita: puede ser que al principio haya sido como vos decís “un capricho de pendejo” pero es obvio que lo que me pasa con vos trasciende eso. También está la edad, pero si te pones a pensar, lo que cuenta es la relación con el otro, no lo que digan las matemáticas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;No es que quiera jugar al “héroe” cambiando la realidad de una “chica perdida”. Es que me gustás demasiado y eso me molesta. También el que uses como excusa que no te animás, que es un salto muy brusco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;El martes me voy y por las dudas saqué dos pasajes, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR;mso-bidi-font-weight: bold"&gt;tenés&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family: Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt; hasta el fin de semana para pensarlo, pero sería genial que vinieras. Un beso” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;La nota no está firmada. Rita toma el sobre, lo estruja entre sus manos y lo tira dentro del tacho que está debajo del escritorio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;Sale al salón vacío y con una espesa oscuridad atenuada por luces rojas que se proyectan desde las paredes. Va hasta la caja, que está en la punta de la barra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;-¡Sergio, ya fue! Trabajo el viernes y el sábado es mi último día, así que ahí arreglamos lo de la liquidación. Para la semana que viene ya no cuentes conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Carlos Torres Moraes&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7965299282935441573?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7965299282935441573/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7965299282935441573' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7965299282935441573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7965299282935441573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/tarde-noche-en-el-once.html' title='Tarde-noche en el Once'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4181815502917698770</id><published>2011-10-25T17:28:00.000-07:00</published><updated>2011-10-25T18:06:07.114-07:00</updated><title type='text'>Las Luces de la Ciudad</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;Es sábado por la madrugada, en el cruce de &lt;st1:personname productid="la Avenida Casares" st="on"&gt;la  Avenida Casares&lt;/st1:personname&gt; y Sarmiento, por los arcos de Palermo, hace tres semanas. Un joven, con buen aspecto, de zapatos y camisa, viene a ingresar a un boliche .Es mayor de edad,&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;tiene documento&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;y un bastón fino, blanco, desarmable, en la mano. Se pone en la fila, cierra la varilla y espera, como todos, &lt;span&gt; &lt;/span&gt;mientras los guardias hacen pasar a los de adelante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;El boliche se reserva al derecho de admisión. Los guardias te revisan la cartera, te palpan y está prohibido usar gorra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Llega el turno del muchacho. Le cierran camino; camino que no ve pero siente a los patovicas en frente, y frena.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;-Vos no, pibe- le dicen sin explicación. &lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;Las personas que están detrás de él se inquietan; sacan sus identificaciones. No hay tribunal ni abogado que intervenga, sólo el resto de una fila de jóvenes.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Y un amigo que en defensa de él, reclama el porqué. Él prefiere el silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;-¡Porque no!- exclaman y se miran entre ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;El amigo, también bien vestido, insiste -¡Pero no está borracho y tiene veintitrés años! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;color:black"&gt;-¿No entendiste, flaquito?- le contestan. La gente detrás de ellos empieza a quejarse.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El joven persiste. Pide hablar con el dueño del boliche, pero tampoco lo dejan entrar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: 'Times New Roman'; color: black; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="line-height: 115%; font-family: Arial; color: black; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Magdalena Sofia Pascucci&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 9pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4181815502917698770?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4181815502917698770/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4181815502917698770' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4181815502917698770'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4181815502917698770'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/las-luces-de-la-ciudad.html' title='Las Luces de la Ciudad'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-1625536915433628281</id><published>2011-10-23T05:31:00.000-07:00</published><updated>2011-10-23T05:34:05.416-07:00</updated><title type='text'>Diciembre de 2001:             Anécdota ficcionalizada</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;En la oficina no atendía nadie. Encima, ese celular de porquería nuevo que le habían dado no llamaba ni recibía llamadas. Además de todo, hacía calor y el centro era un quilombo. Igual él los viernes trabajaba desde casa, así que esta semana era corta.&lt;/span&gt;Apagó la tele del cuarto, estaba harto de escuchar a los escandalosos periodistas hablar de saqueos. También apagó&lt;span style="color:#FF6600"&gt; &lt;/span&gt;la de la cocina, y la del cuarto de su hijo. Hacía años que no pasaba algo así, pero era de esperarse. Diciembre había sido un mes complicado desde el principio. “Encima ahora los chicos están todo el día en casa”, pensó, mientras su hijo menor le hacía gestos con las manos de que tenía hambre. “Los mandas todo el año a un colegio bilingüe doble turno y en las vacaciones están todo el día en casa y se desorientan, pobres”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Igualmente, estaba tranquilo. Muchos como él lo estaban, lo sabía. En cinco días se iban de vacaciones y su mujer tenía todas las valijas hechas. “¿Habrá lío en los aeropuertos?” pensó. Después se convenció de que no. Estaba comenzando a pensar que pasar año nuevo en Disney iba a ser un despelote, pero el año pasado los chicos se habían divertido tanto que valía la pena. Además, medio mes en Miami después cura todo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Sonó el teléfono, pero no llegó a atender. El único problema que tenían ahora eran los inversores, porque los europeos se ponen muy sensibles por todo, viven escandalizados. Igual el panorama era alentador, sobre todo por algunos rumores sobre el dólar que habían empezado a circular.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Descubrió que tenía ganas de ir al gimnasio. “¿Habrá quilombos en la quinta presidencial? ¿Habrán llegado hasta ahí?” se preguntó. Le preguntó a su mujer si iba a usar la camioneta, porque si llevaba su auto tenía miedo de que se lo rayen. “Pobre gente...” murmuró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;La calle estaba tranquila, un par de carteles por ahí, pero nada más. El tránsito, como siempre. “Martínez es como otro mundo”, concluyó. Pero se equivocó. Unas cuadras más tarde, los autos dejaron de avanzar y divisó a lo lejos luces azules. Suspiró con malhumor. La calle cortada, el tránsito parado. Quince minutos después, logró retomar por una calle y emprendió el camino de regreso a casa. Volvió a suspirar y se dijo a sí mismo que no era tan terrible, que en unos días, iba a estar en el gimnasio del hotel de Miami bajo el sol radiante y el agua cristalina y que esto no iba a pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Florencia Elizalde&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-1625536915433628281?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/1625536915433628281/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=1625536915433628281' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1625536915433628281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/1625536915433628281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/diciembre-de-2001-anecdota.html' title='Diciembre de 2001:             Anécdota ficcionalizada'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4847237079208445493</id><published>2011-10-08T07:11:00.000-07:00</published><updated>2011-10-08T07:16:33.732-07:00</updated><title type='text'>Verano</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Como todo verano, estábamos en Córdoba, en la &lt;st1:personname productid="casa de" st="on"&gt;casa de&lt;/st1:personname&gt; la abuela. Las cosas no habían cambiado mucho. Los cuartos llenos de camas con los mismos acolchados floreados de cuando mi abuela era chica. Los ventiladores tan ruidosos como siempre pero que &lt;span&gt; &lt;/span&gt;refrescaban apenas. Abuela sentada como todas las mañanas en el sillón del living contemplando, por el ventanal, el verde campo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Juani, mi hermana menor, con sus dedos arrugados y bien blanquitos como solía tenerlos durante el verano, la salpicaba a mamá mientras tomaba sol boca arriba en el borde de la pileta. Un enorme sombrero de paja le tapaba la cara. Papá y yo andábamos a caballo, algo que a los dos nos apasionaba. Desde las monturas hasta los pelajes, las razas y los andares. A veces Tomás nos acompañaba y nos mostraba nuevos caminos, nadie conocía mejor el campo que él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Mientras la tarde avanzaba, el zumbido de los mosquitos se volvía cada vez más fuerte y amenazante. El viento acariciaba mi rostro mientras galopaba y evitaba las picaduras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;De regreso, puse mi pie izquierdo sobre el estribo, el otro lo pasé por arriba del caballo y llegué de un saltito al suelo. Hacía mucho calor, camino a la pileta me saqué la remera y el short. Estaba despeinada, y aunque Tomás me estaba mirando, no me peiné, sabía que me quedaba bien. Mis dedos casi tocaban el agua, estiré mis brazos en dirección al cielo, flexioné mis rodillas y di un salto al agua cayendo perfectamente de cabeza y sin salpicar. Quedé boca arriba mirando las nubes mutar, mientras el sol pegaba en mi cara. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Los mosquitos ese día molestaban más que de costumbre. Los podía sentir entre el viento caluroso y la pegajosa humedad. Abrí los ojos y entre las pestañas mojadas lo vi, me traía una coca-cola con mucho hielo, él conoce en detalle mis gustos. &lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;-Tené cuidado, no te vayas a insolar- me dijo acercando el vaso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Ese día bien temprano habíamos tomado el desayuno con la familia, frente al gran ventanal del living mirando el amanecer. La abuela siempre con las mismas preguntas, ¿de nuevo anduviste a caballo, hoy? Yo le contestaba de poca gana y &lt;span&gt; &lt;/span&gt;papá me miraba con cara de resignado. Juana, siempre tan inquieta, tiró el frasco de vidrio, con la mermelada de ciruela tradicional que hacía la abuela, al piso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Cuando habíamos terminado, quedé sola contemplando el anaranjado amanecer que se apoderaba del campo. Mientras que una nube de mosquitos se golpeaba contra el vidrio, queriendo entrar. Tomás entró silenciosamente al living, para levantar la mesa, y me preguntó ¿Todo en orden?, me asusté al escuchar su voz, lo miré sorprendida, no supe qué contestarle. Con su mano izquierda acarició mi espalda, como hacía mi papá cuando era chica y me daba el beso de las buenas noches, luego se fue. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;-¿Querés algo más?- me preguntó&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;-No, con &lt;st1:personname productid="la Coca" st="on"&gt;la Coca&lt;/st1:personname&gt; cola estoy bárbara- le respondí con una sonrisa,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Yo tomaba &lt;st1:personname productid="la Coca" st="on"&gt;la Coca&lt;/st1:personname&gt; con una pajita mirando al cielo, haciéndome la distraída mientras percibía su miraba. Con una mano sostenía el vaso, la otra quedó flotando en el agua. Él estiró la suya hasta alcanzar la mía, y dejándome apenas tiempo para apoyar el vaso, tironeó dulcemente mi mano hacia él, tratándome con la misma fragilidad que una copa de cristal. Nos sumergimos en el agua, a salvo de los mosquitos, a salvo de todo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Me acarició la cabeza mezclando sus dedos con mi pelo con suavidad, y su otra mano lentamente fue desde mi mejilla hasta mi nuca. Mi cabeza quedó entre sus manos como si estuviera sosteniendo con delicadeza una taza de café bien caliente. Sus labios se acercaron a los míos y quedaron separados simplemente por una fina capa de agua. Bajo el agua nos miramos, era la misma mirada de los juegos en las hamacas, o la que me regalaba en las cabalgatas por el campo. Esa mirada que me garantizaba protección y seguridad, que me hacía sentir que con él a mi lado nada malo podía pasarme. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;-¡¡Caro!! Te vas a morir allí afuera -gritó mamá- ¡Los mosquitos se apoderarán de vos! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El beso se esfumó. Me mordí el labio y entré. Los mosquitos volvían a interponerse, sacándome de ese goce inexplicable. El grito de mamá había terminado con la imagen más perfecta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Esa tarde los mosquitos eran muchos más que de costumbre, parecían querer entrar a la casa por cada pequeño espacio, &lt;span&gt; &lt;/span&gt;ya ni siquiera se podía estar afuera. Su presencia nos incomodaba a todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Esa tarde, tan particular, algo que no debía suceder, sucedió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;st1:personname productid="Carolina Escudero" st="on"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:9.0pt;font-family:Arial"&gt;&lt;i&gt;Carolina Escudero&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:9.0pt;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4847237079208445493?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4847237079208445493/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4847237079208445493' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4847237079208445493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4847237079208445493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/verano.html' title='Verano'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-132278365356807905</id><published>2011-10-06T09:19:00.000-07:00</published><updated>2011-10-06T09:21:25.011-07:00</updated><title type='text'>Crónica urbana: Ni una migaja</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Parejas, niños, ancianos, bebés, cajeras, repositores, gerentes, personal de seguridad y de limpieza, promotoras, carniceros, fiambreros, gente por doquier.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Compre, consuma, pague, le devolvemos el cincuenta por ciento del valor, páguelo en doce cuotas, lleve tres por dos, diez por ciento de descuento con débito, quince con crédito, consuma, pague, consuma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;En el Jumbo de Unicenter como en tantos otros supermercados, la gente entra, agarra su changuito, saca la listita de compras y apurados como si el lugar cerrara en media hora compran todo al galope. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Un niño pasa corriendo y riendo, su madre lo&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;sigue a los gritos, con su cartera colgando y luchando con un chango repleto de mercadería, le pide que deje de correr y tocar todo. Un hombre de traje habla por celular mientras revuelve la mercadería y se pone furioso al no encontrar lo que vino a buscar, aleja su celular un momento, maldice al repositor y sigue su camino retomando la conversación telefónica, el joven&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;ordena resignado el desastre que el tipo dejó en la góndola, qué le va a decir, el cliente siempre tiene la razón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;En una góndola del supermercado veo a una joven promotora que ofrece para degustar los bocaditos nuevos de Campo Austral, me acerco, me convida uno, es muy amable, la bandeja con nuggets recién horneados está llena pero ni pasan cinco minutos mientras estoy hablando allí con ella que uno tras otro se los devoran, la gente se amontona alrededor del stand como si la pobre chica estuviera regalando viajes a Brasil, la aturden, le manosean la bandeja, le desparraman las servilletas, no dejan ni las miguitas. Me quedo un rato allí charlando con ella, se llama Flavia, estudia medicina pero trabaja de promotora para cubrir sus gastos, son pocos días pocas horas, le deja tiempo para estudiar. Me cuenta que parada allí tantas horas observa el comportamiento de los clientes y a veces no sabe si reír o llorar. Me comenta: “Hay una clienta, Anita, una señora de unos ochenta y pico que viene al supermercado todos los días a la misma hora, después de la siesta. No lleva muchas cosas: unas galletitas, una yerba, un paquete de fideos y a veces hasta se da el lujo de una agua saborizada. Más que mirar precios y hacer cuentas, se detiene a hablar con cada persona que trabaja en el super. Todos la conocen, es la dulce Anita, viuda, perdió un hijo hace unos años, los otros dos no la visitan mucho, cada uno tiene su vida según dice. &lt;span&gt; &lt;/span&gt;Es una más entre tantos otros que buscan que alguien los escuche un rato, les preste atención, los miren a los ojos, les sonrían, los hagan sentir parte de algo, buscan en definitiva sentirse menos solos en un lugar lleno de gente”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Noto que se pone nerviosa, guarda rápidamente la bandeja, se agacha y se esconde detrás del stand. Le pregunto si le pasa algo. No me contesta. Veo que se&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;acerca un hombre, es muy delgado y alto, tiene la mirada perdida, los pantalones no le tapan los tobillos, los bolsillos de la chaqueta están descocidos, tiene el pelo grasoso y las manos sucias. Se para a mi lado, me sonríe con timidez y se queda allí esperando. La promotora sigue agachada como si no estuviera enterada de su presencia. El hombre no se va. Mira para todos lados, como escapando de algo o de alguien. Veo a lo lejos un señor de seguridad hablando por el handy, el hombre también lo ve, sin decir nada me mira, agacha la cabeza y se va. Flavia sale de su “escondite” y me explica: “Él es uno de esos tantos que van de promotora en promotora buscando algo para comer. Es un tipo amable y educado, nunca nos faltó el respeto, pero usted sabe cómo es esto, acá se viene a comprar, a consumir, no a pasear y vagabundear mendigando comida. A mí me da no se qué, pobre tipo, no le hace mal a nadie, y la degustación no la paga el supermercado, pero bueno hay que conservar las apariencia ¿Me entiende? Yo cuando tengo algo listo y lo veo venir le doy lo que tengo pero ahora que&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;no tengo nada se me queda esperando y en seguida lo ve uno de seguridad y lo echa”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Suena el timbre del hornito, sale la otra tanda, no pasan ni diez segundos que aquel hombre alto y delgado se para enfrente de nosotros, mira con prudencia a la promotora, como pidiendo permiso, agarra todos los bocados que le entran en la mano, prueba uno y los demás los guarda en sus bolsillos. Flavia lo mira con compasión. En seguida, como por arte de magia, aparecen dos de seguridad, ni le hablan, lo agarra cada uno de un brazo y lo llevan a rastras&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;hacia la salida, en el camino se van cayendo uno a uno los bocaditos calentitos de sus descocidos bolsillos. El hombre no se resiste pero igual lo llevan como si hubiera acabado de robar un vino de cien pesos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Me despido de Flavia, le agradezco su tiempo, veo la fila que se forma al costado del stand, paso por las cajas, gente abriendo sus billeteras, sacando plata, tarjetas de crédito, otros hacen la cola para pagar y se escucha el murmullo, no tienen tiempo que perder, qué lenta es la cajera, no llego a pilates, la tendrían que echar, no toques eso, cómo que no tiene fondos la tarjeta, cómo doscientos pesos si llevo cinco pavadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;Me alejo del supermercado, el aire fresco me anima, la luz tenue del atardecer me alivia los ojos cansados de la luz artificial del mercado. Me subo al auto, mientras busco las llaves veo sentado en el cordón de la vereda a aquel hombre alto y delgado, sigue con la mirada perdida, mira la gente que pasa a su alrededor, una señora con dos chiquitos lo ve y cruza la calle, él se queda allí inmóvil, busca algo en sus bolsillos, saca una servilleta arrugada y vacía, se queda mirándola fijamente, la huele y la vuelve a guardar. Luego se para, me ve, esboza una tímida sonrisa y se va c&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;aminando por la transitada avenida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: 12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Laura Pomilio&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-132278365356807905?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/132278365356807905/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=132278365356807905' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/132278365356807905'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/132278365356807905'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/cronica-urbana-ni-una-migaja.html' title='Crónica urbana: Ni una migaja'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4360730899889747847</id><published>2011-10-04T15:01:00.001-07:00</published><updated>2011-10-04T15:01:57.364-07:00</updated><title type='text'>Boca abajo</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;Siempre la misma rutina odiosa. Aparte de madrugar, tengo que cumplir con la odisea de lograr ponerme las zapatillas en un tiempo relativamente normal. No importa qué tan temprano me levante; siempre los cordones hacen que me retrase. Desde chica, tengo la costumbre de llegar a casa y quedarme descalza. Es obvio que gracias al apuro por sentir la libertad de mis pies, se me hizo costumbre empujar el calzado con fuerza, sin necesidad de desatar los cordones (así también me ahorraba una tediosa tarea a la mañana siguiente). Todo aquel que haga esto, sabe que después de unos cuantos usos, el nudo queda tan compacto que se hace indispensable aflojarlo y es entonces cuando los malditos cordones se empeñan en desenredarse completamente, para dejar a su dueño dos opciones: buscar otro par de zapatillas atadas o volver a unirlos, tratando de no morir en el intento. Esta última opción fue la única que tuve, de cuya elección estaré arrepentida mientras dure mi tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;Hice el nudo que me enseñaron hace años, con una facilidad que me dejó sorprendida. Me dispuse entonces a levantarme para buscar el abrigo y salir de casa. La tranquilidad duró poco: al querer dar el primer paso, caí. Quise levantarme pero no pude, dado que mis pies parecían atados entre sí. Me di cuenta de que, mientras yo disfrutaba de mi falsa victoria, había permanecido sentada en la cama el tiempo suficiente como para que los cordones cobraran su venganza. Ahora ya nada podía hacer, aunque sí podía intentar zafarme de la mortal trampa. Me incorporé con gran esfuerzo, utilizando como nunca los músculos de mis piernas que, ayudados por los brazos, me permitieron alcanzar la altura necesaria para ver que – de una manera extremadamente lúgubre – las tiras que salían de los agujeros de mis zapatillas crecían a un ritmo desaforado, sin pausa. Traté de librarme del calzado, pero la fuerza a la que me oponía me superaba ampliamente. Mientras yo me cansaba de tanto forcejeo, las ataduras continuaban subiendo por mis piernas, entrelazadas siempre, como una especie de enredadera macabra, demasiado veloz y demasiado fuerte. Logré mantener los brazos alejados del cuerpo, para que no me aprisionaran las manos. Esa era mi única ventaja, porque podía defender mi cuello de los hilos (todo el mundo sabe que una vez que los complotados lleguen allí, será el fin).&lt;span style="color:red"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;Después de unas horas, viendo la fuerza con la que presionaban mi cuerpo, decidí rendirme. Fue entonces cuando vinieron a mi memoria las noches frías, y el cuento que me leían antes de acomodar la frazada y apagar la luz. Había uno particularmente que siempre me dejaba perdida en pensamientos vagos. Fue entonces que la desesperación y el desconcierto del viajero se me hicieron propios de nuevo, como me sucedía en ese entonces. No había mejor modo de graficarlo: era como si unos cuantos liliputienses invisibles me hubieran aprisionado con sus mejores cuerdas y la cosa fuera a terminar mal. Por burla del destino, ahora me arropaba algo mucho menos amoroso y, por un instante, añoré entrañablemente los abrazos que en tantas ocasiones rechacé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;Cuando finalmente, aterrorizada, asumí mi situación, pensé en llamar a alguien por teléfono (las ventanas o la puerta ya eran inaccesibles para mí). Pero de un modo malicioso, el aparato había quedado en mi cuarto el cual se encuentra lo suficientemente lejos del comedor, como para ser alcanzado por alguien con movilidad casi nula. Luego de meditar unos minutos, traté de recordar dónde había una lapicera que funcionara y un papel en blanco. Por suerte, encontré ambos objetos a centímetros de mi maniatado cuerpo, sobre un banquito que, más de una vez, me había salvado la vida. Mi desordenado hermano no pierde la costumbre de dejar todo en cualquier lado y yo, que tantas veces le recriminé esa manía, no podía sino dejarle unas palabras de perdón. De cualquier modo, nada podían hacer el banco o mi hermano por mi existencia, más que &lt;span&gt; &lt;/span&gt;proporcionarme sin saber, las herramientas que precisaba. Me acomodé un poco y, boca abajo, me puse a escribir la que seguramente será mi última experiencia. No es un dato menor que, a pesar de la insistencia de los cordones y del hecho de que mi persona no tiene ya escapatoria alguna, la asfixia se produce con extrema lentitud. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 22px; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;María Eva González&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.5pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4360730899889747847?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4360730899889747847/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4360730899889747847' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4360730899889747847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4360730899889747847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/10/boca-abajo.html' title='Boca abajo'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8905445028861497084</id><published>2011-09-18T18:51:00.000-07:00</published><updated>2011-09-18T18:53:04.636-07:00</updated><title type='text'>Sudestada</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Hace nueve años que vivo en este departamento. El quince de este pálido marzo es el exacto aniversario de nuestra mudanza aquí, sin embargo el hecho no me conduce a la típica reflexión melancólica sobre el paso del tiempo. Más bien, y gracias a un minucioso análisis introspectivo, resuelvo dividir por etapas mi convivencia con Laura y mi vida en este lugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;La primera, abarca los dos primeros años, cuando todavía éramos adolescentes, la plata no era un problema y la vida era para nosotros una fiesta prolongada.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span class="st1"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;¡&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Dos pendejos de dieciocho, sin la más puta idea de lo que es trabajar, conviviendo como pareja en Buenos Aires!, no hay chances de que eso funcione. Entendelo!” Ladró mi viejo. Mamá, cauta, pareció comprenderme. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Los días se dividían entre: sexo, películas (las alquilábamos o íbamos al Cinemark de Palermo, que nos quedaba a tres cuadras), paseos por la ciudad, el Tigre, y charlas. Muchas charlas. De estudiar nada, o solo lo suficiente como para arañar un cuatro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Para la segunda etapa, las cosas cambiaron muchísimo. Creo que si el “nosotros” del noventa y cuatro se confrontara con el del noventa y dos (año en que dejamos Corrientes) seríamos para estos últimos, dos extraños. Me pregunto dónde quedará esa parte esencial de uno, qué pasará con ella cuando el orden y la rutina se alteran. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Nuestros caminos empezaron a separarse cuando ambos atravesamos el primer año de carrera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Ya más suelta, sintiéndose segura con cursar en Derecho (me acuerdo cómo la angustiaban sus dudas y lo mucho que me gustaba consolarla), Laura empezó a buscar trabajo, ganó muchas amistades en la facultad, y emprendió proyectos alternativos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Me molestaba advertir estos cambios, aguardaba en estricto sosiego que las cosas se encauzaran y transcurrieran tal como antes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Fui atrasándome en la carrera y me costó meses aprobar materias del primer año. Empecé a buscar trabajo cuando Laura ya llevaba un año como camarera en el bar “Annie Hall”. Lo de hacer nuevas amistades no me interesaba mucho, y pasaba mucho tiempo en casa o simplemente vagando por la ciudad. Estudiaba poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Empezaron las discusiones, que iban desde trivialidades de la vida cotidiana, hasta las decisiones electorales de cada uno. Cuando en tu pareja el amor se desvanece, hasta la reelección de Menem, o la limpieza del piso pueden convertirse en una excusa para ver en el otro todo lo malo del mundo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Los cambios se notaban en el departamento. Cuando llegamos era hermoso, ahora lo notaba sombrío y sucio. En el baño aparecieron algunas cucarachas chiquitas, pensaba que era más culpa de la mugre del vecino que de nuestra inercia. Creo que ni me molestaba en darles un chancletazo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El noventa y siete, año de transición entre la segunda y tercera etapa, fue para mí un desastre. Volvía de trabajar en la cocina del café los lunes a la tardecita, iba al segundo “B”, le compraba al vecino una bolsita de cien gramos, a veces doscientos, y me pasaba la semana fumando. A veces con el Gordo, otras con Nicky y Fabricio, o simplemente solo. Me despertaba a cualquier hora y nunca lo suficientemente temprano como para abrirle al fumigador. En ese estado, en que la vida se vive en calidad de espectador pasivo y sin importar lo que te suceda, el aumento demográfico de unos bichitos marrones no es una preocupación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Si Laura venía con sus amigas, mi actitud era quedarme de mala gana o inventar una excusa para irme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Cerca de ese fin de año las cosas empezaron a cambiar y comenzó definitivamente la tercera etapa. Dediqué más tiempo a los apuntes, salí a la calle a conocer gente y a buscarme lugares para crecer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;En enero del noventa y ocho conseguí un trabajo estable en la redacción de “El Cronista”. Noté que esos cambios que se producen al interior de uno repercuten inmediatamente en la relación con el exterior. O en otras palabras, las chicas de la redacción, y las de los boliches, parecían más dispuestas a conocerme que en mis primeros años en Buenos Aires. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Con Laura nos veíamos cada vez menos y en realidad no me importaba mucho. Tampoco la casa y el que las cucarachas hicieran de la cocina su bastión. “Un día de estos, vamos a tener que negociar con una líder cucaracha, para poder hacernos un sándwich”, ironizó Laura, sobre el papelito de la heladera. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Los dos pasábamos cada vez menos tiempo en el departamento, y era previsible el modo en que terminarían las cosas.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Para cuando le dije a Laura que había decidido mudarme, ya llevaba tres años en el Cronista. Le dije que era mejor seguir separados, y que nuestras vidas tenían pocos puntos en común. Si bien fue difícil, acordamos en pagar en marzo el último alquiler e irnos cada uno por su lado. Es el comienzo de la cuarta y última etapa de esta parte de mi vida. Todo parecía indicar que este año, sería el de un cambio radical, aquel que aguardaba hace años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Sin embargo, no fue así.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El dos de marzo de este dos mil uno, hace apenas unas semanas, volvía de buscar unas cajas para la mudanza, cuando encontré a Laura tirada en la cocina. Vi algunas cucarachas, grandes y chicas, sobre su cuerpo inmóvil. La recosté sobre el sofá del living y llamé a emergencias. Noté que respiraba fuerte y tenía el cuerpo tibio. Los médicos vinieron en seguida y se la llevaron al Fernández. Cuando llegué al hospital me tranquilizaron inmediatamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Al parecer la combinación entre picos de stress, calmantes, alcohol y un cuerpo mal alimentado, puede ser fatal. Pero tuvo suerte. Si bien los dos días que pasamos en el hospital fueron una muestra de lo que alguna vez fuimos, nada cambió. Más bien fueron como esas conexiones cálidas que anteceden a todas las despedidas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Vinieron sus padres y se quedaron con ella en el departamento, hasta el momento de la entrega a la inmobiliaria. Nos reprendieron a ambos por el estado en que lo teníamos. El último almuerzo allí lo compartimos entre los cuatro. El departamento estaba impecable; “al fin y al cabo, lindo nidito era este, ¿no?”, espetó su padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Nunca más volví a pisar ese lugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Carlos Torres Moraes&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8905445028861497084?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8905445028861497084/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8905445028861497084' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8905445028861497084'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8905445028861497084'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/09/sudestada.html' title='Sudestada'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-5204564891078082334</id><published>2011-09-16T16:27:00.001-07:00</published><updated>2011-09-16T16:28:26.602-07:00</updated><title type='text'>Moscas hay en todos lados</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;Muriel pensaba que las manchas de humedad del techo variaban constantemente. No crecían, sino que solo mutaban su forma. A veces pasaba muchas horas encerrada, sobre el colchón, escuchando los gritos de su hermana y su cuñado y se sorprendía al divisar las más emocionantes figuras. Muriel esperaba la calma, la ansiaba paciente, queriendo intervenir, diciéndole a su hermana que no fuera tan dura, que Carlos era bueno, quizás hasta tomarlo de la mano y salir a caminar juntos un rato mientras su hermana calmaba su ataque de histeria con alguno de los pocos platos que quedaban en la cocina, pero eso nunca sucedía y Muriel seguía mirando el techo, buscando algo, aunque no sabía qué. Pobre Carlos, él era tan bueno..&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La búsqueda de figuras estaba acompañada generalmente con la caza de moscas. En el pequeño departamento de dos ambientes en el que vivían los tres, abundaban. Habían tratado de erradicarlas de las más diversas y creativas maneras, pero junto con la humedad del edificio, eran constantes. Los días de lluvia, Muriel juraba que el ruido de ellas era más fuerte que los gritos de su hermana, y las miraba con miedo, pero en el fondo un poco agradecida. Muriel sabía que Carlos era bueno, demasiado bueno, y que no iba a dejar a su hermana. Se lo había dicho en silencio, con esos ojos cansados pero expresivos esa noche en la que ambos compartieron un cigarrillo a la luz de la luna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Las moscas y Muriel sabían qué era lo que estaba pasando, aunque hicieran como que no. Primero había sido la pérdida del bebé, después el embargo de la casa y más tarde, cualquier excusa banal era suficiente para pelear. El malestar era tan evidente y difícil de ignorar como el zumbido de sus alas, pegajosas e incesantes. Pero Carlos vivía con ese malestar todos los días, como una espina encarnada que no sale, porque Carlos era tan bueno..&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;La voz de su hermana sonaba como un zumbido, agudo e irritante. Como un zumbido en una calurosa noche de verano que atormenta al hombre dormido, que después de varios manotazos relaja los músculos, convencido de haber erradicado al insecto molesto que en el momento menos esperado aparece otra vez, zumbando y burlándose de él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Ellas ocupaban la casa con una impunidad que asustaba. Como si el simple hecho de ser invertebradas y escurridizas les diera total libertad de acción. No se cansaban nunca. Su hermana tampoco. Muriel sabía que su hermana era como las manchas de humedad, como las moscas, como el zumbido, como el olor a podrido que salía del papel los días de lluvia: eterna. Y Carlos también lo sabía, por eso estaba tan cansado. A veces Muriel lo miraba y no entendía por qué se había casado con su hermana. A veces contenía sus ganas de abrazarlo, las ganas de huir, porque sabía que no había escapatoria: Moscas hay en todos lados. Entonces resignada lo miraba rondar la casa como un condenado a cadena perpetua, como un muerto en vida. Y su hermana rondaba alrededor de él como las moscas lo hacen alrededor de las heces, incansables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Florencia Elizalde &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-5204564891078082334?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/5204564891078082334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=5204564891078082334' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/5204564891078082334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/5204564891078082334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/09/moscas-hay-en-todos-lados.html' title='Moscas hay en todos lados'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-689283051187042080</id><published>2011-09-05T17:31:00.000-07:00</published><updated>2011-09-05T17:32:47.167-07:00</updated><title type='text'>El viaje</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;"&gt;Prefirió el camino más largo. Lo único que a esta altura le molestaba, era la indiferencia cómoda. Es fácil criticar al mundo, llenarse la boca hablando de la revolución. Lo difícil es lo que viene después. Ya sabía eso, un loco lo había dicho tiempo atrás y ella pudo verificarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;"&gt;Recorrió el camino de siempre: atravesó la plaza, frenó en el centro, aceptó un café y se unió a alguna charla. Tantos días, tantos años, soportando injusticias y oídos sordos, y durante esa noche, eran dueñas del lugar. Había muchos acompañando y, por suerte, podía ver en esos ojos libres los mismos sueños de aquellos años. Era cada vez más complicado: los huesos, los músculos, la piel y el pulso se le habían debilitado, culpa del tiempo. Pero, buena suerte para unos, mala para otros, seguía ahí firme como siempre, por más doloroso que fuera. Incluso una noche fría como esa, justo en la época del año en que los grados empiezan a descender.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Palatino Linotype'; font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Los jóvenes la admiran, se lo dicen y ella no se lo cree pero igualmente les agradece; es obvio que lo ve en ellos, aunque ellos no lo sepan completamente. Algunos la abrazan, otros lloran, otros la graban, y ella los deja. Es la costumbre, piensa. Qué bueno ser un poco útil, piensa. Y comienza la caminata, con paso lento y tembloroso, pero firme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;"&gt;La frente le pesa, le duele, pero no le importa. Sí en cambio las banderas, los cantos, el apoyo de quienes están y quienes no. El recuerdo le alcanza, le devuelve la juventud y las ganas, por más que ya tenga asumido no volverlo a ver en esta vida y aunque sepa bien que sus pasos la van a devolver exactamente al mismo lugar de donde partió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;font-family:&amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;"&gt;Horas y horas más tarde vuelve a su casa, como todos los años, agotada y cargando con su más insoportable y amada posesión; acaso lo único palpable que llevara de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="line-height: 150%; font-family: 'Palatino Linotype'; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right; "&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;María Eva González&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-689283051187042080?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/689283051187042080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=689283051187042080' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/689283051187042080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/689283051187042080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/09/el-viaje.html' title='El viaje'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-2584144484200699828</id><published>2011-05-08T08:23:00.000-07:00</published><updated>2011-05-08T10:53:45.039-07:00</updated><title type='text'>En la pantalla grande: Soltar todo y largarse</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Into the wild&lt;/i&gt; fue un libro y después alguien lo llevó a la pantalla grande. “Esa película es la definición de libertad” me dijo este verano un viajero con tono francés. Me impresionó cómo se puede generar exactamente el mismo pensamiento, una idéntica sensación, en gente de lugares tan alejados y diversos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;line-height: 150%; "&gt;La historia es la de un chico de veintitrés años que se va de viaje, en busca de su ser natural, alejándose de la sociedad, la familia, las ciudades. La huida culmina en Alaska, pero no es en ese lugar donde transcurre la escena que más me cautivó. Ésta se desarrolla en el mar, con el protagonista y una amiga recién encontrada jugando entre las olas de alguna playa desierta. Al poco tiempo de mezclarse con el agua, la voz en off que acompaña siempre, dice: “Los únicos regalos del mar son golpes duros y, cada tanto, la oportunidad de sentirse fuerte. No conozco mucho del mar, pero sí sé que así es. Y también sé que es importante no necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte; para medirse a sí mismo al menos una vez, para encontrarse en las condiciones más primitivas y enfrentar la ceguera y la sordera a solas sin nada que te ayude, salvo las manos y la propia cabeza.”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;line-height: 150%; "&gt;Escuchar eso me dejó congelada. No porque haya sido lo más emocionante de la película ni mucho menos. Simplemente porque esa frase me remitió a mí misma, hace años, pensando exactamente lo mismo, mientras observaba los mares del sur, que me inspiraban el cariño y el respeto que sólo el océano me genera.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;line-height: 150%; "&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;María Eva González&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-2584144484200699828?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/2584144484200699828/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=2584144484200699828' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2584144484200699828'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2584144484200699828'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/05/en-la-pantalla-grande-soltar-todo-y.html' title='En la pantalla grande: Soltar todo y largarse'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-9110740500627103755</id><published>2011-05-08T08:14:00.002-07:00</published><updated>2011-05-08T08:22:51.081-07:00</updated><title type='text'>El taller de mi abuelo Rubén</title><content type='html'>&lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;text-indent: 0px; "&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;Autos, camionetas,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;llaves, volante, puerta, chapa, vidrio, baúl, capó, ruedas, tambor, caja de cambios, batería, luces, embrague, freno, acelerador, freno de mano, luces,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;bomba de nafta, gas, aire acondicionado, caño de escape.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Radio Continental, o Mitre.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt; Un taller lleno de autos estacionados y una oficina llena de papeles. Clientes que entran y salen. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial; mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Fosa, escaleras, mamelucos, manchas, ruido, pinza, pico de loro, destornillador, compresor, palanca, morsa, soldadora eléctrica y autógena, llave inglesa, otra fosa, chapistas y pintores, criquet s profesionales, camillas para tirarse debajo de los autos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Olor a combustión de motores, olor a grasa. Bocinas, ruido de aceleración de motores y del motor de la piedra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Al escuchar el ruido de la cortina cerrándose, había terminado el día laboral. Mi abuelo Rubén estaba listo. Entonces, mi hermano y yo bajábamos la escalera que separaba el taller mecánico de la casa de mis abuelos, para encontrarnos con él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="NoSpacing" style="text-align: right;text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:9.0pt;line-height:115%;font-family:Arial; mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-AR;mso-fareast-language: EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;i&gt;MARíA FERNANDA VALES&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-9110740500627103755?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/9110740500627103755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=9110740500627103755' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9110740500627103755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9110740500627103755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/05/el-taller-de-mi-abuelo-ruben.html' title='El taller de mi abuelo Rubén'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8092550680759639224</id><published>2011-05-07T13:41:00.001-07:00</published><updated>2011-05-07T14:07:12.641-07:00</updated><title type='text'>Yuxtaposición de palabras: Hogar</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.45pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Ama de casa, mamá. Temprano, al lavadero. Prelave, Vivere, Camellito, Pan de jabón, budín de pan, Blen, Poett, supermercado, chango, lavandina. Siesta, almuerzo. Grillo topo, detergente, Hortal. Azaleas. Hormiga. Helecho, ficus, alegría del hogar, lavanda, albaca, papiro, tomillo, romero, orégano. Amapola, azucena, jacinto, margarita, rosa mosqueta. Jazmín, que nunca crece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.45pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Lo del jardín, a la cocina. Almidón, delantal, chupetín (quédate quieta), polvo para hornear, bicarbonato de sodio, &lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;masa sablé de cacao&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-bidi-font-style:italic"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-style:italic"&gt;hojaldre,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt; &lt;span lang="ES-AR"&gt;maicena, almíbar, merengue. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Torta de Bavarois, h&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;orno, barquillo, biscuits. Alcaucil, alfajor, dominó. Tamizo, cocinó, endulzó. Damasco, masa bomba, granizado. Calabaza, batata, huevo. &lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Lemon Pie, mousse de dulce de leche y ganache de chocolate. Coco, cómo le gusta el coco a mamá. Arándano, grosella, frambuesa.&lt;span style="mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span style="color:windowtext;text-decoration:none;text-underline:none"&gt; Bizcochuelos, bizcochos, génoises&lt;/span&gt;. Agar-agar, coulís, baño María, baño María inverso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.45pt;line-height: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;Recuero muchas tardes y lluvia, olor a tierra, mucho, y hojas doradas. Del invierno no, no recuerdo mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Florencia Elizalde&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8092550680759639224?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8092550680759639224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8092550680759639224' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8092550680759639224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8092550680759639224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/05/yuxtaposicion-de-palabras-hogar.html' title='Yuxtaposición de palabras: Hogar'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8965965023269282880</id><published>2011-04-24T15:53:00.000-07:00</published><updated>2011-04-24T16:27:07.324-07:00</updated><title type='text'>Caligramas patafísicos</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-DkiUVuzUYUY/TbSxV2DXQ3I/AAAAAAAAAPU/QLa2VG6cAj4/s1600/Explorar0013.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 154px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-DkiUVuzUYUY/TbSxV2DXQ3I/AAAAAAAAAPU/QLa2VG6cAj4/s320/Explorar0013.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599295225573360498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Q-AhaiJWifI/TbSw68B7ISI/AAAAAAAAAPM/Qflw7oCODQg/s1600/Explorar0012.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 314px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-Q-AhaiJWifI/TbSw68B7ISI/AAAAAAAAAPM/Qflw7oCODQg/s320/Explorar0012.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599294763321467170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-LQWhmjYKvkc/TbSv9GYUAoI/AAAAAAAAAPE/Xb-tyGPQRTQ/s1600/Explorar0011.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 206px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-LQWhmjYKvkc/TbSv9GYUAoI/AAAAAAAAAPE/Xb-tyGPQRTQ/s320/Explorar0011.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599293700947837570" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Y5Bqe_KA0SA/TbSviZ1BosI/AAAAAAAAAO8/wLo2qn4Pt00/s1600/Explorar0010.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-Y5Bqe_KA0SA/TbSviZ1BosI/AAAAAAAAAO8/wLo2qn4Pt00/s320/Explorar0010.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599293242312073922" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-UTREkxSl58w/TbSvXOgUBeI/AAAAAAAAAO0/oR7pxpw5erc/s1600/Explorar0009.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 314px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-UTREkxSl58w/TbSvXOgUBeI/AAAAAAAAAO0/oR7pxpw5erc/s320/Explorar0009.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599293050293847522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9t-ZJ5pS4Sw/TbSuvebkz1I/AAAAAAAAAOs/aQHB__bXFS4/s1600/Explorar0008.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 290px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-9t-ZJ5pS4Sw/TbSuvebkz1I/AAAAAAAAAOs/aQHB__bXFS4/s320/Explorar0008.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599292367374176082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-yTCJHyPSsOI/TbStx16IlPI/AAAAAAAAAOk/KBMy-pYeuVo/s1600/Explorar0007.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 309px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-yTCJHyPSsOI/TbStx16IlPI/AAAAAAAAAOk/KBMy-pYeuVo/s320/Explorar0007.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599291308524475634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QSg-qmsbsAs/TbStBVREJmI/AAAAAAAAAOU/qRZ5nMhwjaw/s1600/Explorar0005.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 255px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-QSg-qmsbsAs/TbStBVREJmI/AAAAAAAAAOU/qRZ5nMhwjaw/s320/Explorar0005.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599290475128563298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-DFB0owyOYnU/TbSrmekx_QI/AAAAAAAAAOM/3YVt70U9fAU/s1600/Explorar0004.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 220px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-DFB0owyOYnU/TbSrmekx_QI/AAAAAAAAAOM/3YVt70U9fAU/s320/Explorar0004.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599288914259082498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Fiy9C_yT7sE/TbSrKxUV6jI/AAAAAAAAAOE/CXvSHsx0b1Y/s1600/Explorar0003.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 230px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-Fiy9C_yT7sE/TbSrKxUV6jI/AAAAAAAAAOE/CXvSHsx0b1Y/s320/Explorar0003.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599288438254070322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-Ff4OaA1fAXg/TbStWvXJbTI/AAAAAAAAAOc/daBWSAyk8ro/s320/Explorar0006.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 260px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599290842910649650" /&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-KTgHoTVMZ3s/TbSq82sHMaI/AAAAAAAAAN8/pvENH8UHlk4/s320/Explorar0002.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 285px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599288199177777570" /&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-6dTXMge7Rpg/TbSqps_BIiI/AAAAAAAAAN0/GivFlQE27GU/s320/Explorar0001.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 223px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599287870155203106" /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-R5jhyqlUS80/TbSqYMUC2yI/AAAAAAAAANs/n464L8O93H4/s1600/Explorar.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 271px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-R5jhyqlUS80/TbSqYMUC2yI/AAAAAAAAANs/n464L8O93H4/s320/Explorar.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599287569327250210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8965965023269282880?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8965965023269282880/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8965965023269282880' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8965965023269282880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8965965023269282880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/04/caligramas-patafisicos.html' title='Caligramas patafísicos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-DkiUVuzUYUY/TbSxV2DXQ3I/AAAAAAAAAPU/QLa2VG6cAj4/s72-c/Explorar0013.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8233653175119967342</id><published>2011-04-04T16:51:00.000-07:00</published><updated>2011-04-04T16:53:19.125-07:00</updated><title type='text'>Desde el mar</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El ruido de las olas golpeando en las rocas cuando apenas se asomaba el sol. La arena mojada bajo sus pies y la calma que le producía correr y sentir el viento en su pelo, acariciándola tan suave y lento…Esa imagen, ese sonido, incluso el olor perduraban en su cabeza como el recuerdo de algo inolvidable. Pero Ana no conocía el mar, tan sólo lo imaginaba una y otra vez. A veces creía sentirlo tan de cerca como si fuera real, como si estuviera allí, jugando con las olas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Era la tercera de siete hermanos. Todos dormían en el mismo cuarto, al menos cuando dormían ahí. Ella compartía su cama con sus dos hermanas porque sólo tenían tres y apenas entraban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Recordaba a su madre gritándole por todo, por nada. Ya había olvidado cómo era su risa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 36pt; text-indent: -18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;mso-fareast-font-family: Arial"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%; font-family:Arial"&gt;Si querés comer traé la plata ¡Ya sos grande, nena!- le decía una y otra vez- Desde que murió tu papá yo tengo que hacerme cargo de todo, de ustedes, de la casa y lo único que pretendo es un poco de colaboración, nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Ella lo sabía, hasta se lo repetía incesantemente y la culpa era una mochila difícil de llevar. Al igual que sus hermanos Ana vendía tarjetitas en el subte, en el tren, en cada lugar que pudiera. Pasaba días enteros sin volver, muchas veces por miedo a que su madre la moliera a palos, otras porque sentía que la calle ya era su lugar. De todas maneras nadie le impediría que se fuera si eso era lo que quería. Nadie la iría a buscar. Lo que sí sabía era que no quería terminar como Marcos, su hermano mayor, porque el paco se había llevado lo mejor de él. Ana ya ni lo reconocía y lo extrañaba. Cómo lo extrañaba. Todavía estaba fresco el recuerdo de las noches de verano junto a él, sentados en las hamacas de la plaza mientras miraban los autos pasar. Ella estaba segura de que algún día volvería. Tarde o temprano aparecería para hamacarse junto a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;El frío congelaba los huesos pero Ana no pensaba en otra cosa que en su madre, en sus hermanos, en que hubiese pasado si su padre aún viviera. La plata nunca alcanzaba y hacía mucho que la única entrada era la que llevaban ellos. Todo dependía de lo que juntaran en el tren. Cada uno tenía un lugar diferente y sabían muy bien qué paliza les esperaba si no conseguían algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;A ella le dolía el hambre pero también la humillación, los golpes físicos y psicológicos y aunque era algo frecuente nunca se acostumbraba. Apoyada en la puerta del subte esperaba a que se bajaran todos. Tenía el pantalón un poco gastado y la panza apenas se le asomaba debajo del saco que parecía, al menos, un poco más abrigado. Hacía rato que estaba levantada y recién empezaba a amanecer. La calle estaba un poco inundada porque un rato antes había llovido y el viento soplaba tan fuerte que molestaba ya. En Once la gente iba y venía en un desfile de caras. Muchas le resultaban familiares, otras no tanto. Cuando pasaban frente a ella notaba el desprecio, o al menos eso sentía, pero ya no le daba importancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;A esa hora era inevitable el amontonamiento, incluso en un día tan horrible como ese. Gente en las paradas del colectivo, en la estación, en cada esquina, los autos a mil, ruido y más ruido. De pronto la calma. Junto a las escaleras de la estación estaba Santi, ella sabía que lo iba a ver seguro porque al colegio iba recién a la una. Ese día había sido uno de los mejores para él, no eran las nueve y ya había tenido cuatro clientes. Ana se acercó mientras él acomodaba las pomadas negras y marrones en su caja. Con una sonrisa le dibujó el sol a ese día gris de agosto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;- ¿Tenés hambre?-le dijo Ana mientras se acomodaba el pelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;-&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;No, recién Horacio me dio un poco café. Estaba re calentito y muy rico. Te dejé un poco porque sabía que ya venías. Toma, todavía está caliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Ella no tardó en sonrojarse y eso era algo que se le notaba de inmediato. Se sentó junto a él y tomó el vaso con las dos manos para que se le calentaran un poco. Realmente estaba colorada, ella lo sabía pero no podía disimularlo. Y así, entre risas y miradas de juego y complicidad, la mañana se pasó volando. Pero, un rato más tarde, Ana tuvo que seguir. Juntó las tarjetitas que había dejado apiladas en el suelo y se levantó. Ahora tenía que probar suerte en el tren. Siempre hacía lo mismo porque esa rutina le daba seguridad, empezaba por el subte de Constitución a Congreso y terminaba el recorrido en Once. Cuando&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;podía se quedaba de charla con Julia, la señora que cuidaba los baños de la estación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 36pt; text-indent: -18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial;mso-fareast-font-family: Arial"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%; font-family:Arial"&gt;Parece que va a llover hoy así qué cuidate, Anita – le decía- ¡No tomes frío!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;“Cuídate Anita”, cómo disfrutaba que le dijera eso. Era la frase que siempre esperaba escuchar y nunca salía de la boca que ella quería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Caminó hacia el andén cinco que, como siempre a esa hora, estaba lleno. No era fácil subir y, para colmo, un hombre robusto puso su bolso justo en el medio del pasillo por lo que Ana&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;tuvo que pedir permiso más de una vez para poder pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;En uno de los últimos asientos viajaba una mujer de unos cuarenta años, muy delgada y de pelo cano hasta los hombros. Junto a ella una nena de nos más de cinco años, vestida de punta en blanco. Su cara era tan hermosa que la gente al pasar no podía evitar mirarla. Iba comiendo un yogurt que dejó caer sin querer en su ropa ensuciándola por completo. Su madre la zamarreó entre insultos y gritos que no cesaban. Ana no pudo evitar sentirse mal por la nena que lloraba sin consuelo. Recordó el día que volcó un poco de jugo en la mesa cuando apenas tenía cuatro años: “¡te das cuenta que siempre hacés cagadas! No puede ser que seas tan tarada, nena”. Ese grito todavía retumbaba en su cabeza. Sin&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;duda no era una buena hija. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Miró a la mujer con odio, como si quisiera escupirle en la cara todo lo que pensaba en ese momento, gritarle que así no era la forma de enseñarle nada a su hija, sacudirla hasta hacerla entrar en razones, pero no pudo. Siguió recorriendo el vagón como si nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Tuvo que atarse los cordones que ya estaban completamente negros de tanto pisárselos y mientras dejaba en cada pierna de los pasajeros una tarjetita junto a un papel que decía: “Señores pasajeros me podrían ayudar con lo que puedan para el pan y la leche de mis hermanitos. Ojala Dios los bendiga” pensaba en Santi, en lo calentito que estaba el café que le había dado. Así ella olvidaba un poco todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;La suerte de la mañana no fue la misma a la tarde, entonces, decidió no volver esa noche. Durmió en el tren, acomodándose en los últimos asientos mientras se tapaba con la campera los pies porque era donde más frío tenía. Eran pocos los que viajaban, así que voces ni había. La mujer del asiento contiguo no paraba de mirarla, parecía como si quisiera taparla un poco más, pero no se movió de su asiento, sólo miraba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Ana se acurrucaba cada vez más, buscando que su campera pudiera cubrirla de pies a cabeza. Con sus brazos delgados se agarraba las rodillas mientras apoyaba la cabeza entre la pared y la ventanilla. Se durmió rápido, soñando ese mar tan deseado. Su corazón comenzó a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;latir fuerte&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;, y otra vez el rojo de su rostro, otra vez se le cortaba la respiración y se le estremecía la panza. Y ahí estaba Santi, con su sonrisa perfecta mirándola mientras ella se acomodaba el pelo. Entonces ya no sintió los gritos de su madre aturdiéndola, ni la voz de su hermano despidiéndose de ella. Sólo escuchó el sonido de las olas y el viento acariciándola. Y por un instante fue perfecto. Así supo que todo podía cambiar, que dependía de ella. Para cuando despertó ya había amanecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;margin-left: 18pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-family: Arial; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Mariana Marufo Correia Nanín&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8233653175119967342?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8233653175119967342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8233653175119967342' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8233653175119967342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8233653175119967342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2011/04/desde-el-mar.html' title='Desde el mar'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4235594621174317808</id><published>2010-12-14T15:25:00.000-08:00</published><updated>2010-12-14T15:26:17.942-08:00</updated><title type='text'>Uno hace la diferencia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Son las cinco de la tarde y la chica está por la estación de Once con su mano derecha llena de tarjetitas para repartir. La gente pasa a su lado sin prestarle atención, ni a su ropa sucia ni a su cara triste y de cansancio. Hay muchas personas en el andén, como es habitual a esa hora. Muchos vuelven del trabajo, otros van rumbo a sus casas y muchos a trabajar de vagón a vagón.&lt;br /&gt;La chica no tiene más de quince años; espera a que llegue el tren para poder asegurarse unas monedas. Tal vez para comprarse algo que calme un poco su hambre, tal vez alguien esté esperando el dinero recolectado. Frente a ella viene caminando distraídamente una joven que al pasar a su lado saca algo de su bolsillo. Inmediatamente la chica nota que del mismo bolsillo se le cae un billete. La joven no se da cuenta. Una señora que estaba a unos pasos, lo advierte.&lt;br /&gt;Sin levantar el dinero la chica  se  acerca a la joven y toca su hombro: “perdiste plata, se te cayó del bolsillo”.&lt;br /&gt;Lo que parecía algo simple y de solución rápida se complica. El billete, que era de cinco pesos, ahora estaba en la mano de la señora. Esta guarda la plata en su billetera y se queda esperando a que llegue por fin el tren, como si nada hubiese ocurrido. Nadie advierte nada.&lt;br /&gt;-          Señora esa plata es mía, se me acaba de caer del bolsillo- le dice la joven&lt;br /&gt;-          De ninguna manera, querida – responde la señora – esta plata es mía, se me acaba de caer de la billetera recién.&lt;br /&gt;-          Pero señora, yo tenía esos cinco pesos en mi bolsillo y ahora no los tengo, son míos – le dice la joven con un tono de impotencia.&lt;br /&gt;-          Mirá, querida, acá no dice que sean tuyos así que cortala.&lt;br /&gt;La  nena mira discutir a las dos mujeres con una expresión de desconcierto.&lt;br /&gt;La joven no recuperó el dinero pero encontró la honestidad en la persona que, quizá, menos hubiera esperado. Ahora ella y la joven comen juntas una porción de torta con una gran taza de café con leche en el bar de la estación. El incidente parece haber quedado en el olvido y juntas pasan una buena tarde, tal vez una de las mejores e inolvidables de sus vidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mariana Marufo Correia Nanín&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4235594621174317808?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4235594621174317808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4235594621174317808' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4235594621174317808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4235594621174317808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/uno-hace-la-diferencia.html' title='Uno hace la diferencia'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-2366913548710958624</id><published>2010-12-14T14:58:00.000-08:00</published><updated>2010-12-14T14:59:57.133-08:00</updated><title type='text'>“¡Semiótica, Fernández!   ¡Árbol seis!”</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es viernes por la tarde, fuera de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, entre las calles de Ramos Mejìa y Franklin.&lt;br /&gt;Por Ramos no se ven autos estacionados, solo se ven los bancos verdes ubicados sobre toda la extensión de la calle. Jóvenes y no tan jóvenes con las más variadas vestimentas, pero todos con un cuaderno y lapicera en mano, van y vienen.&lt;br /&gt;Algunas personas, que sólo están de paso por esa calle, miran extrañados. Otras con cara de desaprobación, de enojo o de risa. Algunos, bajan la velocidad de su paso para observar mejor el panorama. No hay quien pase sin mirar.&lt;br /&gt;En la esquina, una señora mayor se queja con una estudiante.&lt;br /&gt;¡Pero estos pendejos de mierda! ¡Que vayan a estudiar querida! Tienen ganas de joder a aquellos que realmente quieren dedicarse a su carrera.&lt;br /&gt;-Tampoco es tan así - se le escucha decir a la estudiante, mientras una compañera la llama porque su clase ya había comenzado.&lt;br /&gt;Sí. Lo acababan de anunciar por el micrófono.&lt;br /&gt;¡Semiótica, Fernández! ¡Árbol seis!&lt;br /&gt;Enseguida, el chiste de algún gracioso - ¿Mi clase en qué árbol está? ¿Y en qué rama me siento?- Su risa es la única que se escucha.&lt;br /&gt;En el árbol seis, el profesor espera a algunos alumnos que se ven llegar por la esquina de Franklin.&lt;br /&gt;Ya están todos. Eran unos quince estudiantes.&lt;br /&gt;Miren chicos, la cátedra determinó que no se puede seguir dictando clases en estas circunstancias ¡Esto es insalubre! No contamos con las condiciones de higiene y seguridad básicas para poder seguir. Por esto, yo lo lamento pero, hasta que no vuelva todo a la normalidad, no se dictarán clases ni se tomarán los exámenes.&lt;br /&gt;Murmullos, barullos, algunos insultos en voz baja. Los alumnos se quejan.&lt;br /&gt;¡Uh loco! ¡No es justo! Son unos hijos de puta ¡Lo normal para ellos es estar en un aula donde se te cae el techo en la cabeza!&lt;br /&gt;Algunos no dicen nada y se van.&lt;br /&gt;Del árbol cinco la profesora pide que bajen la voz porque interrumpen la clase que está dictando a  los alumnos sentados en las sillas frente a ella.&lt;br /&gt;El sol esta más fuerte que días anteriores. Algunos de los jóvenes sentados, corren su silla cada dos por tres hacia un rincón de sombra. Otros se abanican con alguna hoja o cuadernillo de apuntes. Uno o dos alumnos por árbol, sacan algún pucho y se ponen a fumar mientras intentan escuchar a su profesor entre el ruido del tráfico y los bocinazos.&lt;br /&gt;Ya son las siete. La mayoría de las clases terminan. Los estudiantes se levantan y se van por Franklin o siguen derecho por Ramos. Algunos pocos se quedan charlando en la vereda.&lt;br /&gt;Otra vez el micrófono.&lt;br /&gt;¡Compañeros! ¡Les recordamos que mañana marchamos todos juntos hasta el Ministerio de Educación a las siete de la tarde, para la lucha por el edificio único! ¡Los esperamos!&lt;br /&gt;Ah, me olvidaba, ¡Antropología, Rodríguez! ¡¡Árbol seis!!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Florencia Paula Sánchez Gomis&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-2366913548710958624?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/2366913548710958624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=2366913548710958624' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2366913548710958624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2366913548710958624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/semiotica-fernandez-arbol-seis.html' title='“¡Semiótica, Fernández!   ¡Árbol seis!”'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-2612255153166706157</id><published>2010-12-13T13:30:00.000-08:00</published><updated>2010-12-13T13:32:54.230-08:00</updated><title type='text'>La suerte está echada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Juan, 19 años, pelo desprolijo, jeans gastados que caen sobre sus caderas con un cinturón que intenta sujetarlos y la remera de La Renga que lleva casi impregnada a la piel, caminaba tranquilo a la casa de su novia por el barrio de San Telmo. Disfrutaba la noche cálida del sábado, el vientito en la cara, el sonido de los árboles del parque, el empedrado de las calles, que siempre le produce la sensación de vivir en el pasado. Piensa, el contexto lo envuelve y se acuerda cómo lo ayudaba venir y sentarse en el medio de la plaza cuando estaba enojado, angustiado, entonces se entregaba, se relajaba. A veces lloraba horas y después volvía a casa como nuevo. Se distrajo escuchando las conversaciones de un grupito que estaba por cruzar la calle Defensa, tenía la costumbre de jugar a adivinar a donde iban, relacionando palabras, la ropa que llevaban. Conocía bastante, sabía dónde quedaban los lugares. Los chicos cruzaron hacia Uspallata, y tenía la impresión, de que iban a la calle Piedras, ahí hay un bar donde siempre tocan bandas rockeras. El rock era una expresión de amistad, podía viajar horas para seguir a esas bandas que lo hacían cantar con todas sus fuerzas, abrazarse, divertirse, la emoción se le inyectaba en la sangre hacia todo el cuerpo. Desde los diez años pasaba las noches entre los ruidos y los rituales de los amigos de su tío, de ahí lo había heredado y era toda una forma de vida. Pero hoy estaba contento por otra cosa, iba a visitar a su chica. Eso lo hizo pensar que sería lindo llevarle algo a Juli. Paró en el quiosco a comprar unos chocolates, quería sorprenderla, hacerla sonreír, no había nada que le gustara más, y se encontró sonriendo enfrente del quiosco. La hora lo hizo volver a la realidad, todavía estaba lejos de la casa y si había algo que no la iba a hacer sonreír era que llegara tarde. Compró los chocolates y sin pensarlo se encontraba corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro estaba de guardia el sábado a la noche en el barrio e San Telmo, viendo cómo todos se divertían, caminando hacia algún lugar a disfrutar de la noche. Él sabía que era su trabajo, pero no podía evitar sentir una gran envidia, que mezclada con el aburrimiento lo irritaba mucho. Se sentía responsable de cuidar la ciudad, esa había sido su elección, su motivación desde chico. Diferenciarse de los demás, de su familia, de su barrio, demostrar que podía ser diferente. Sentía un poder especial que lo hacía sentir mejor, era un policía, lo había logrado y cada uno que lo veía sabía de su poder.. Desde ese día en que con la estación llena de gente logró agarrar al raterito que se escapaba con un celular, lo llenaba de orgullo hacer el bien y que todos lo vieran. Pero no podía olvidar que tenía veintitrés años y que hoy todos sus amigos estaban en alguna casa haciendo la previa para salir a bailar y ya hacía varios fines de semana que él estaba de guardia. Intentó sentirse mejor y distraerse un poco pensando en todos los que estaban trabajando ese sábado a la noche, el quiosquero, los que atienden los bares, los mozos, eran muchos e indudablemente su trabajo era mucho mejor. Trató de disfrutar su trabajo, dio unas vueltas por la plaza, para ver si encontraba algún grupito de chicos fumando o algún menor tomando, pero estaba todo muy tranquilo y los superiores ya le habían recomendado que no complicara las cosas y menos un sábado, pero estaba tan aburrido y todavía era temprano. En ese momento ve a un chico salir corriendo de un quiosco, solo, le grito y lo empezó a perseguir. Sentía una adrenalina espectacular, tenía ganas de gritar, no era él el que se escapaba, sentía seguridad. La gente se corría a su alrededor y él era el bueno. No estaban más las miradas de desconfianza, él ahora era la seguridad que la gente pedía. Pensaba en las carreras que jugaba de chico por los pasillos de tierra, una de las pocas cosas que disfrutaba, siempre fue uno de los más rápidos. Pero ya no quería volver, ni siquiera pensar en esos chicos que entonces jugaban con él, ahora estaban perdidos. Después de correr unas cuadras se empezó a preocupar, el chico se le perdía en la multitud, corría rápido, él ya no sentía las piernas. Pero tenía que agarrarlo, no tenía alternativa, no podía perder, él era un policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Juan no entendía por qué corría. Salió del quiosco corriendo, después había escuchado el grito pero no se había dado cuenta de que se trataba de un policía, para cuando entendió la situación ya se encontraba corriendo a toda velocidad  y escapando sin quererlo. Sintió cómo su cuerpo se calentaba y el viento helado le rozaba la cara, ¿Por qué no frenar y enfrentar la situación? ¿Por qué seguía? Cuando se decidió a frenar, se acordó que llevaba marihuana para fumar con Juli y el policía, que ya lo veía como sospechoso, le haría problemas y hasta tendría que ir a la comisaría. Sentía mucha bronca e impotencia de tener que estar escapando, él sabía cómo eran los canas, les gustaba molestar a los pibes y si lo encontraba con eso seguramente no podría darle una explicación para que lo dejara irse rápido. Ya una vez se lo habían llevado, todo por fumar un porrito con amigos. Pero eso porque el bocón de Pedro no era de quedarse callado, porque si los dejás que te basureen un rato y se lleven la droga te dejan ir. Pero ahora se estaba escapando, la situación empeoraba.  No podía frenar, tenía que escapar llegar a lo de Juli y todo se solucionaría. Tenía que perderlo, miró para atrás para ver a cuánto venía, pero fue un error, porque notó que el policía también lo miró y eso no era bueno. Prestó atención a donde estaba y se dio cuenta de que a la vuelta había un bar  que estaría bastante lleno, corrió hasta la calle paralela y entró en el lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ramiro corría y corría mirando la espalda de aquel chico flaquito, el fin ya no era cuidar la ciudad, es más no recordaba por qué seguía a aquel chico, solo quería alcanzarlo, pensaba en sus hermanos, escapando, por culpa de ellos él había sido juzgado por la sociedad, pero no todos salimos iguales, pensó, ahora la gente lo veía diferente y estaba demostrando serlo, tenía que atrapar a ese delincuente. Concentrado en la espalda vio que se daba vuelta, esto le dio seguridad, ya conocía su cara. Aunque no sabía por dónde estaba yendo, igualmente todavía había grupos caminando por la calle. En ese momento ve que el pibe dobla en la Av. Juan de Garay, se desespera por llegar a la esquina rápido antes de perderlo, llega y ve un boliche con gente en la puerta.&lt;br /&gt;Fue como un balde de agua helada, lo había perdido y empezaba a sentir el cansancio en el cuerpo, pensó un rato y decidió entrar. Ahora es como jugar a las escondidas, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se tranquilizó una vez adentro, miró la hora en el celular, tenía que estar en lo de Juli hace diez minutos, le mandó un mensaje que se había retrasado pero que llevaba una sorpresa. Tenía que salir ya, pasara lo que pasara, se puso una campera que tenía en la mochila, se lavó la cara en el baño y salió con todas sus fuerzas, decidido. La suerte estaba de su lado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Paula Abal&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-2612255153166706157?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/2612255153166706157/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=2612255153166706157' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2612255153166706157'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/2612255153166706157'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/la-suerte-esta-echada.html' title='La suerte está echada'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4018281611286461293</id><published>2010-12-13T01:53:00.000-08:00</published><updated>2010-12-13T01:55:13.809-08:00</updated><title type='text'>Que arroje la primera piedra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es viernes después del mediodía, el sol fuerte y solo en el cielo calienta a las personas que habitan calles y medios de transporte. A las 13hs. salgo de la facultad y en el trayecto a mi casa, decido pasar por la sucursal de una importante cadena de supermercados que queda a la vuelta de mi departamento. En la puerta, una mujer pide monedas rodeada de muchos niños de diferentes edades. Entro al supermercado.Tomo un canasto y mientras me refresco con el frío aire del lugar, voy escogiendo cosas que necesito. De repente, a mi derecha veo que uno de los niños que acompañaba a la mujer de la puerta estaba haciendo uso del dinero recaudado. Sigo mi camino.Termino de juntar las cosas, detecto que el niño también había realizado lo suyo y se dirige a una de las cajas preparadas para compras de pocos productos. Mientras espero el turno en la caja que había escogido, él, después de pagar, se dirige a la salida. Ahí mismo, se encuentra con una mujer de alta edad que también se dirigía a la salida. El niño apurado por darle a su familia lo que había comprado, pasa por el detector de metales que quedaba libre. Puerta doble, cada uno por un carril.Casi de manera sincronizada, pasan los dos a la vez. La sirena suena. Todo el supermercado gira su cabeza hacia el lugar que llama la atención, incluido yo. Las dos personas involucradas quedan inmóviles del otro lado de los censores. Las personas de seguridad, además de imitar la acción de todos, se ponen en movimiento e increpan al niño. Lo desvalijan como si fuera a entrar de visitas a una cárcel. Lo pasan por el censor sin bolsas, pasan las bolsas, vuelven a pasarlo a él. La noble mujer, espera del lado de afuera del local para ser revisada de la misma manera. Pero la atención de los custodios está puesta en el niño. Se acerca la madre.Una vez que revisaron a la criatura desde todas las aristas posibles y lo dejan en libertad, la mujer sosteniendo la puerta con su cuerpo y enviando con el codo casi de manera disimulada la cartera hacia atrás, ofrece su peculiar carrito para que lo observen, la gente de seguridad lo pasa por los censores. La sirena no se activa. Liberan a la señora también.Más de uno de los que quedaron en las cajas, esbozan comentarios referidos a la acción de la gente de seguridad. Se acerca el gerente hacia el puesto de seguridad y comienzan a charlar. Discuten. Por lo visto, no le gustó la actitud de sus subordinados, hecho que por lo visto puso en situación incómoda a más de uno de los que habitábamos el local.&lt;br /&gt;Realmente su comportamiento no había sido el adecuado. Solo guiarnos por la apariencia no nos va a llevar hacia ningún lugar. Y después de todo, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sebastián Hollmann&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4018281611286461293?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4018281611286461293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4018281611286461293' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4018281611286461293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4018281611286461293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/que-arroje-la-primera-piedra.html' title='Que arroje la primera piedra'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3295305996215538876</id><published>2010-12-12T17:02:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T17:03:01.630-08:00</updated><title type='text'>Haciendo historia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Que mejor que el estacionamiento de Marcelo T. recuperado por la lucha de los estudiantes, convertido en un comedor estudiantil, para juntar a todos los estudiantes que hoy luchan por una mejor educación para todos, dice uno de los primeros oradores de la gran asamblea Inter estudiantil, y el lugar estalla en aplausos y festejos. Los grupos se empiezan a acomodar y los chicos siguen entrando, se paran en puntitas de pie para admirar la gran cantidad de estudiantes que están hoy acá reunidos. Se complica lograr el silencio, son muchas las experiencias para compartir, el ruido es salud. Se respira unión, solidaridad, compañerismo, más allá de que cada uno que sube a hablar saluda emocionado la gran asamblea y reivindica la lucha de todos por todos, no se marcan las diferencias, estamos todos por lo mismo y no deja de sorprender a los que se van sumando. El lugar lo provoca, las paredes pintadas transmiten las experiencias de este movimiento que va creciendo.&lt;br /&gt;Estos chicos son unos vagos, no quieren estudiar, se juntan para hacer fiestas y consumir drogas, decía una vecina del barrio de capital cuando los medios fueron a entrevistarla. Si estuviera hoy acá. Si todos estuvieran hoy acá y pudieran ver. Faltan los profesores de Historia que dicen que esto es minoritario, “estamos a punto de perder el cuatrimestre” decía subrayado el mail que mandaron. No importa porque estamos construyendo historia, se dicen los chicos para transmitirse energía, para sentirse parte, buscando en el otro el consentimiento de que esta sintiendo lo mismo. Se sienten capaces de todo, confían en esto que ellos mismos están construyendo y eso les da la fuerza para seguir, sus sonrisas lo demuestran. “Ya ganamos porque esta organización, este aprendizaje no se puede derrotar” son las palabras que hacen estallar en aplausos la asamblea. Algunos pueden decir que la juventud está perdida pero acá parece  haber un camino que está buscando sus metas.&lt;br /&gt;En las calles parece que la tierra gira al revés, pero cada uno que sale de acá se lleva una parte, sigue construyendo, expandiendo algo que se siente imparable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Paula Abal&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3295305996215538876?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3295305996215538876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3295305996215538876' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3295305996215538876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3295305996215538876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/haciendo-historia.html' title='Haciendo historia'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-5320943689435238258</id><published>2010-12-12T17:01:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T17:17:04.946-08:00</updated><title type='text'>Solidaridad por un recital</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ya se vislumbra la llegada de la noche porteña. Es 8 de octubre y se cumplen cuatro años de la tragedia vial de los nueve alumnos y la profesora de un colegio de Villa Crespo. Hoy, como cada aniversario, los allegados lo celebran con un recital benéfico para concientizar a jóvenes y adultos sobre la prevención de accidentes de tránsito en las rutas argentinas. Para otros, es la oportunidad de ver a sus artistitas preferidos por primera vez. Las entradas que siempre son costosas, hoy son gratis. Pero siempre y cuando obtengas un ticket para ingresar. El problema era conseguirlas: padres y estudiantes de esa escuela secundaria eran los encargados de distribuirlas entre sus conocidos. Dos adolescentes recién atraviesan los molinetes de la estación Leandro N. Alem. Un pibe de unos escasos veinte años, con unos de pantalones verdes musgo gastados, una remera de Divididos holgada por su pequeña contextura física y zapatillas con una vasta experiencia callejera se les acerca.&lt;br /&gt;– Amigo, disculpame. ¿Ustedes están yendo para el recital?- pregunta mientras exhibe una entrada junto al folleto con los packs sugeridos por los organizadores del evento para las donaciones.&lt;br /&gt;La pareja se detiene, atemorizada ante la posibilidad de ser víctima de algún robo.&lt;br /&gt;– Sí – responden, a dúo y con cierta timidez.&lt;br /&gt;– ¿No te sobra una entrada? Porque se me salió esta parte de la entrada y no me quieren dejar entrar – explica mostrando un ticket sin el troquelado.&lt;br /&gt;– No, maestro, no tengo – contesta el joven de pelo negro mientras le indica a su novia cuál de las dos bocas del subte es la que sale al Estado Luna Park.&lt;br /&gt;El muchacho de aspecto desprolijo da media vuelta en busca de otros jóvenes, posibles poseedores de entradas excedentes. Repite la estrategia sin obtener un resultado positivo. Su rostro muestra su impotencia ante la falta de respuesta de aquellos que transitan frente a la boletería de la estación. Prueba con las personas que suben por la escalera mecánica y también por la “común”, pero la contestación no se altera: siempre es un “no” seco, tajante. Aunque nadie lo perciba, la negativa es una puñalada para un muchacho que ha esperado la oportunidad de ver a sus ídolos desde hace largo tiempo. Días atrás había escuchado a Matías Martin en la radio informando sobre la fecha y los artistas que participarían del recital. Tras dirigirse al lugar desde donde emiten el programa y escuchar “Ya no quedan más entradas por sortear” sus ilusiones se desvanecieron. Sólo le quedaba aguardad al día del recital en las cercanías del estadio.&lt;br /&gt;A los pocos minutos se aleja de la escena pero intenta obtener de cualquier manera el pedazo de papel que lo alejase por unas horas de su triste realidad. Se dirige hacia la entrada del estadio. Camina despacio, mirando al piberío que lo mira con hostilidad, con desconfianza. Se siente incómodo, observado. Ya se encuentra ante una valla de ingreso sobre la calle Bouchard. El de seguridad, de pechera naranja chillón, con un gesto adusto le dice: “Sin entrada no podés pasar, haceme el favor de correrte”. Intenta alejarse del patovica pero no pierde las esperanzas. Habla con una mujer de unos 40 años que está recibiendo las donaciones y diferenciándolas para luego empaquetarlas.&lt;br /&gt;– ¿Señora, puedo hablar un toque con uste´?&lt;br /&gt;– Sí, decime –responde amablemente&lt;br /&gt;– Mire, le cuento. Yo vivo en la calle y no tengo como para pagar una entrada para escuchar a estos grosos. ¿No me conseguiría una entrada? De corazón se lo pido, no le vengo con caretajes sino que voy de frente.&lt;br /&gt;La señora conversa con otra voluntaria que se encuentra a su lado. No parecen muy convencidas de dejarlo ingresar. En las anteriores ediciones algunos jóvenes habían denunciado hurtos durante los espectáculos. La repartija de entradas en los días previos a este nuevo show conmemorativo había estado mejor organizada para evitar que esos lamentables hechos se volvieran a ocurrir. La gente que espera a sus amigos para entrar todos juntos observa la insistencia del muchacho. Necesita saciar las ansias de estar cara a cara con sus referentes de la música. El murmullo comienza a oírse. Poco a poco van insinuándose aplausos. Las dos voluntarias abandonan transitoriamente su tarea y le comunican al hombre fornido su veredicto: permitirle la entrada al joven.&lt;br /&gt;No obstante, una mujer, de rojizos rulos recién teñidos, se frena delante de las vallas de ingreso. Se niega rotundamente a que ese joven sea parte del evento solidario. “¡De ninguna manera! Todos los años nos piden lo mismo estos purretes y después adentro comienzan a afanarles a los chicos que vienen a apoyar la causa”, lanza la anciana. En ese instante empiezan los primeros abucheos y gritos. “No seas gorra, dejalo entrar al pobre pibe”, se escucha. Pero, ella mueve su cabeza de un lado hacia el otro. Nada parece cambiar de opinión a la señora. Se posa sobre la vaya para certificar quién entra al estadio. El joven cada vez tiene menos esperanzas, los gritos habían producido un brillo en sus ojos que ya no estaba. Parecía condenado a escuchar a sus ídolos a través de un disco.&lt;br /&gt;Unos minutos más tarde algunas allegados a la anciana son notificados de la situación y se le acercan para que cambie de parecer. El cántitico “Que entre, que entre” se hace presente en la escena. Le cuenta cuánto a esperado este chico por ver a su banda y la abuela abre, por un segundo, su corazón. Sonríe y le dice: “Perdón Cielo, jamás te olvidarás de este día”.&lt;br /&gt;El público presente se funde en un gran aplauso y griterío general. Con una sonrisa tan amplia como sus ilusiones y sus ojos llenos de luminosidad ingresó en el Palacio del Boxeo a la espera de encontrarse con los suyos. Sin dudas, el recital fue solidario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Martín Waisman&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-5320943689435238258?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/5320943689435238258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=5320943689435238258' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/5320943689435238258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/5320943689435238258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/solidaridad-por-un-recital.html' title='Solidaridad por un recital'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-741121980437471025</id><published>2010-12-12T16:59:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T17:00:09.074-08:00</updated><title type='text'>Escribiendo la historia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Un chico pisa la calle, la madre lo reta y lo arrastra hacia la vereda hasta que el semáforo les permite cruzar Callao. Una agrupación con banderas rojas y la cara de Evita pasa al lado de la señora ocupando el carril izquierdo de la calle Callao. De fondo la música es de bombos y bocinas.&lt;br /&gt;El semáforo cambia a rojo y la agrupación cruza de vereda. Se unen con la JP (Juventud Peronista) que tiene banderas negras con la cara de Perón. En la vereda de enfrente, casualidad o no, se encuentran los partidos de izquierda. Callao es cortada, hay un leve cruces de palabras entre las vertientes peronistas y las de la izquierda, pero todo se tranquiliza cuando llegan los estudiantes del IUNA que se roban las miradas. Chicas y chicos con narices de payaso, con lápices gigantes, haciendo pompas de jabón, algunos vestidos de estatuas.&lt;br /&gt;Hoy 16 de septiembre, hace 34 años fueron torturados y asesinados diez chicos por reclamar un boleto estudiantil. En la marcha hay más de 25 colegios de la Ciudad de Buenos Aires, algunas facultades nacionales, trabajadores de varias fábricas, agrupaciones piqueteras y aborígenes. &lt;br /&gt;Desde un camión  con varias torres de parlantes suena un tema de León Gieco, mientras que del otro lado de la Plaza del Congreso los fuegos artificiales que explotan en el cielo le hacen la percusión. El cielo nublado se empieza a abrir desde el sur. Siguen llegando agrupaciones, centros de trabajadores. El olor a choripán se hace presente, un chico se acerca a una chica y trata de besarla, al principio ella se resiste, pero luego se besan. Atrás de ellos una bandera del Che que sonríe.  Hay gente que observa, una jubilada le pregunta a un chico:&lt;br /&gt;-¿Por qué es la marcha?&lt;br /&gt;- Hoy se cumple un año más de la noche de los lápices, noche en que fueron torturados y asesinados diez chicos. Además hay una crisis educativa en la ciudad de Buenos Aires. Marchamos también por una mejor educación.&lt;br /&gt;- Entonces yo los apoyo.&lt;br /&gt;Los grupos se acomodan sobre la Rivadavia y sobre Irigoyen. Mientras que en la Avenida suena el Indio Solari, los grupos de la vereda de enfrente cantan la marcha Peronista. El sol se retira y da paso a las luces de la ciudad.&lt;br /&gt;Un hombre pasa en medio de la plaza y dice:&lt;br /&gt;-Voy a llegar a las diez de la noche, pendejos de mierda.&lt;br /&gt;La movilización comienza, empiezan a marcha por la Avenida de Mayo, desde la Plaza del Congreso se dirigen hasta la Plaza de Mayo, ahí se hará el acto central. En el camino hay batucadas, bombos y cantos. Unos carteles del subte incentivan la violencia: “Piedras a Plaza de Mayo”. Sin embargo, la marcha sigue tranquila, un chico habla con otro:&lt;br /&gt;-Lo único que falta, que alguien tire una piedra y salga en la televisión como los violentos de siempre.&lt;br /&gt; Llegan a la Plaza, enfrente, la casa Rosada, está iluminada de rojo sangre. Se ordenan, se reagrupan y cada uno toma su lugar en la plaza. Ya está todo listo para que el acto central empiece.&lt;br /&gt;Llegaron los discursos y mientras miles escuchan atentos, en el fondo un grupo de quince chicos prenden fuego un muñeco, eso será lo que transmita la televisión. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hernán Viscellino&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-741121980437471025?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/741121980437471025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=741121980437471025' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/741121980437471025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/741121980437471025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/escribiendo-la-historia.html' title='Escribiendo la historia'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-879327112204768276</id><published>2010-12-12T16:55:00.000-08:00</published><updated>2010-12-12T16:56:16.789-08:00</updated><title type='text'>Las vías del tren San Martín</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hoy, las vías del tren San Martín, son el lugar de los hechos. El tramo que une la estación Paternal con el barrio de Villa del Parque, se transforma en la definición más clara de marginalidad. La falta de oportunidades y el instinto de supervivencia, han hecho de las vías del tren, una pasarela formada por viviendas precarias que decoran la vista de los pasajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lunes por la mañana, los vagones se encuentran colmados de gente rumbo a sus puestos de trabajo. ¡Este vagón es un hormiguero! ¡Esperen, no empujen!, reprocha una mujer al ingresar al último furgón. Parece no haberse percatado del paisaje. Las casillas de techos bajos,  construidas con un poco de chapa y cartón, tropiezan ante sus narices. Acompañan el alma de cada uno de los presentes desde hace bastante tiempo. Hoy no debería ser un día fuera de lo normal. ¡¿Qué es ese olor por favor?! , exclama un hombre de los tantos con traje gris. Los demás pasajeros asienten con la cabeza. La indiferencia ante los hechos más crudos de la realidad deberían presentarse nuevamente, visitando cada uno de los andenes, cada una de las estaciones, corrompiendo a cada uno de los pasajeros. Hoy debería ser un día normal, pero no lo es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las fallas en las máquinas de la locomotora ya comenzaron a sentirse estaciones atrás.  El trayecto se torna pesado debido a la gran humedad y el hacinamiento que se sufre en cada uno de los vagones. Típico karma de los servicios públicos, dice al pasar entre dientes una mujer con un niño en sus brazos y otro aferrado a su pollera.  Suben los últimos viajantes en la zona de paternal. Parece indestructible semejante monstruo, pero esta vez el tren dice basta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El humo que sale de los engranajes inunda todo el paisaje formando una neblina espesa. Unos segundos de ceguera confunden a la multitud. ¿Qué esta pasando? ¡Siempre lo mismo, nunca hacen mantenimiento! Los gritos de los viajantes parecen hacerse un solo sonido. Solo unos instantes alcanzan para que las nubes de humo se dispersen, dejando a la vista lo que nadie hasta entonces ha querido ver.  De los escombros se ven salir figuras sombrías que se acercan lentamente al tranvía. No es el efecto de la neblina reflejada en el sol, no es la imaginación de un chico la que forma semejante escenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren se ha detenido, y parece que con esto se ha logrado llegar a un hallazgo. A las cercanías del mismo, donde la luz de la energía no llega, donde el agua potable no se hace presente, donde la suciedad y las enfermedades no tienen barreras; viven personas. Personas que en este momento se encuentran a unos pocos metros del andén, presentes. Las fallas técnicas han dejado frente a frente dos realidades completamente diferentes, que conviven en la cotidianidad de sus acciones.  La mirada consternada de los pasajeros parece dar la bienvenida a un entorno al cual nunca más serán ajenos. Mañana, lamentablemente, no cambiarán las cosas. Las casillas de chapa, se mantendrán como monumentos de la marginalidad, como prueba de algo que esta latente. No obstante, ellos permanecerán ahí, presentes. Ante la mirada de ciento de personas, que ya no podrán hacer caso omiso a una realidad que los tiene como testigos concientes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Gonzalo Cortés&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-879327112204768276?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/879327112204768276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=879327112204768276' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/879327112204768276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/879327112204768276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/las-vias-del-tren-san-martin.html' title='Las vías del tren San Martín'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8854110156090265563</id><published>2010-12-08T17:39:00.000-08:00</published><updated>2010-12-08T17:41:58.972-08:00</updated><title type='text'>Somos nadie</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;“Nuestro principal objetivo es larenovación &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;y recuperación del ferrocarrilcomo el medio&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt; de transporte públicomás eficiente y práctico. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Avanzamos.”Brochure publicitario de TBA&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las puertas automáticas se cierran hasta la mitad y vuelven a abrirse como advertencia de la inminente continuación del recorrido del tren. Las personas se arriman unos a otros para dar espacio a los que aún forcejean para subir. Sin embargo, es inevitable que algunos queden en el andén refunfuñando, mirando sus relojes y maldiciendo la tardanza. La puerta vuelve a cerrarse, esta vez ya no como una advertencia, aunque tampoco llega a hacerlo por completo: el cuerpo de un joven de campera celeste la detiene para que quepa más gente en el vagón. Es una mañana laborable más, de un día laborable más, de cualquier mes laborable de cualquier año, en la estación de Castelar, rumbo a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.&lt;br /&gt;            El tren continúa su rumbo con una de sus puertas abierta. El chico de campera celeste sigue reteniéndola. Frente a él, otro joven con un perro en brazos sostiene la otra mitad de la compuerta. Algunas personas sentadas miran a los osados muchachos con desaprobación, pero la mayoría los ignora. Otro ferrocarril pasa por la vía paralela y una señora asustada por la perturbación del silencio se aleja, provocando que la multitud de hacine aún más contra la compuerta que sí permanece cerrada. El reordenamiento de los pasajeros, sumado al cambio de velocidad de la locomotora que está por llegar a la siguiente estación, desestabiliza a aquellos peor parados. Un hombre exclama de dolor porque la muchacha que estaba delante suyo le clavó el taco en su pié. Una mujer embarazada sentada cerca de las puertas insulta a un adolescente que la golpeó involuntariamente con su bolso.&lt;br /&gt;El coche se detiene, pero lo peor está por venir.&lt;br /&gt;            La gente más próxima al andén desciende para permitir el paso de aquellos aprisionados en las entrañas del vagón. Mientras, otros debajo del tren pretenden ascender. Un hombre con una niña de unos cuatro años en brazos trata de abrirse paso en nombre de su hija, y una señora a su lado grita injurias a los “brutos” que los empujan. Pide prudencia por el bienestar de la niña y de una anciana, que silenciosamente se abre paso golpeando tobillos con su bastón. El maquinista advierte del mismo modo que en estaciones anteriores la continuación del recorrido, y la gente se lanza unos sobre otros a fin de no perder el transporte. Entre el murmullo se impone una voz femenina que atraviesa el éter: “Se informa que el servicio se encuentra reducido Moreno-Liniers, Liniers-Moreno debido a un accidente en las cercanías de caballito”. Se oyen algunas quejas aplacadas entre la gente a bordo y se reanuda el servicio dejando a otras personas en el andén.&lt;br /&gt;            “Ahora nos vamos a tener que tomar el micro” le dice un chico a otro, entre los privilegiados que van sentados. “Salimos dos horas antes y vamos a llegar una hora tarde”, continúa irritado. “¿Qué pasó? ¿Qué dijo la chica?”, le pregunta la anciana a la chica de los tacos que ahora está muy ocupada tratando de sacar su celular de su cartera. “Qué llega hasta Liniers”, le responde el adolescente del bolso en medio de la confusión. Otros pasajeros se consultan entre ellos los medios alternativos para llegar a destino. Algunos van a Caballito, otros a Once, muy pocos van sólo hasta Liniers. No les queda otra opción que bajarse y tomar un colectivo, cuando mucho un taxi, quiénes sólo van hasta Villa Luro. “Hola, ¿cómo estás?... No, nada, el tren no llega” comenta la muchacha de los tacos a alguien través de su teléfono. “No sé, un accidente. No importa, cuando mucho me bajo ahora en Haedo, me tomo un café espero una horita y volvemos en el mismo tren para casa”&lt;br /&gt;            El tren continúa su recorrido y en la siguiente estación vuelve a repetirse lo que había sucedido en las anteriores. Mientras algunos no se resignan a perder su espacio y otros pujan para ingresar, la voz de un hombre irrumpe desde los parlantes de la estación: “Se informa que el servicio se encuentra reducido Moreno-Liniers, Liniers-Moreno, por reparaciones en las vías a la altura de Liniers.” Sólo algunos captan la incoherencia y protestan, otros preguntan; la mayoría calla.&lt;br /&gt;            En la estación de Liniers el tren se detiene definitivamente y los sobrevivientes descienden. Cada uno busca la forma alternativa de llegar al trabajo, o a la facultad, o a donde sea que se dirige. Las hordas de gente cruzan la avenida Rivadavia cada vez que el semáforo lo permite (y pequeños grupos lo hacen cuando no lo permite, simplemente esperan que no haya autos) y en seguida sobre-pueblan las paradas de los colectivos. Todos los ex pasajeros de la línea Sarmiento resuelven el trastorno a su manera, aunque sin saber nunca cuál fue exactamente su causa. Todos siguen con su vida, parecen estar acostumbrados, nadie se lo pregunta.&lt;br /&gt;Tampoco nadie se acerca a la boletería a hacer un reclamo. Nadie pide que le devuelvan los centavos que le corresponden por la reducción del recorrido. Todos se van a seguir con sus días y todo sigue igual. Nadie le pide a TBA una solución; ni siquiera piden que les devuelvan sus centavos, los millones de centavos que la compañía se queda culpa del accidente... o de las reparaciones, nadie sabe.... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan Lojo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;           &lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8854110156090265563?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8854110156090265563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8854110156090265563' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8854110156090265563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8854110156090265563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/somos-nadie.html' title='Somos nadie'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7726273122280533342</id><published>2010-12-08T15:20:00.000-08:00</published><updated>2010-12-08T15:21:46.272-08:00</updated><title type='text'>¡Ante todo, las voces!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¡Ojos de cielo, ojos de cielo!- Cantaban los muchachos en aquella noche de verano.&lt;br /&gt;Entonaban contentos, más allá del calor agobiante que humedecía las oxidadas paredes del tren. Por las ventanas, algunas abiertas, otras rotas, entraba una leve brisa que parecía secar los rostros transpirados de esos hombres.&lt;br /&gt;Nosotros no sufríamos el calor intenso. Veníamos de tomar cerveza y las 12 de la noche eran apenas el comienzo de nuestros días.&lt;br /&gt;Los muchachos guitarreaban las notas de la canción de Víctor. Y nos cantaban, felices de hacerlo. Contentos de ejercer ese trabajo, de tener aquel empleo para algunos “indigno”, para otros, fascinante.&lt;br /&gt;-¡Ojos de cielo, ojos de cielo, toda mi vida por ese sueño! Se podían oír las estrofas de Heredia por todo el vagón. Y nosotros estábamos contentos y con la panza llena.&lt;br /&gt;Y también nos gustaba la canción.&lt;br /&gt;Cuando aquellos hombres, trabajadores de la noche, en vagones oscuros y olvidados, se acercaron, también nos arrimamos a ellos. Algunos sabíamos la letra, otros inventaban, claro que nada importaba. Esos hombres con sus guitarras inauguraban una fiesta de tren, en su pleno horario laboral. Todos comenzábamos a saltar eufóricos, y las personas que viajaban, fatigadas de extensos y arduos días, también tarareaban. Todos saltábamos. No importaba el destino, ni el origen de ninguno de todos los viajantes. No se distinguían aquellos que trabajaban, entre la multitud que se abrazaba, festejando la nada. Cantándole a la brisa.&lt;br /&gt;Porque esos hombres, “laburantes” de un mundo hostil, del sur de un continente en llamas, embarraban de alegría la noche triste del resto, el típico viaje amargado de la mayoría.&lt;br /&gt;Esos obreros embellecían la noche del capitalismo salvaje que allí los depositó, para llenar de risas, aunque sea una vez, a los viajantes nocturnos.&lt;br /&gt;-¡Tus ojos de cielo me iluminarían, tus ojos sinceros, mi camino y guía!   &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Julieta Pros&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7726273122280533342?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7726273122280533342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7726273122280533342' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7726273122280533342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7726273122280533342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/ante-todo-las-voces.html' title='¡Ante todo, las voces!'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4337430490098931316</id><published>2010-12-05T15:31:00.000-08:00</published><updated>2010-12-05T15:32:44.331-08:00</updated><title type='text'>No muy buenas noches</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me estaba helando antes de que viniera el colectivo. Ya eran las cinco de la mañana y no había nadie en la calle. Estaba en Junín y Santa Fe y recuerdo pocos momentos tan felices como cuando vi el cartel con el número 60 a lo lejos.&lt;br /&gt;Apenas subí al colectivo vi  al chofer y luego las caras de los otros pasajeros, que no eran más de cinco o seis. Cuando iba a poner las monedas, el chofer movió la mano extendida de izquierda a derecha indicándome que pasara sin pagar. Me detuve a mirar de nuevo a los otros que viajaban. En el primer asiento a la derecha, se ubicaba un hombre joven de no más de 25 años que le hacia compañía al conductor; en el medio se ubicaban tres hombres de menos de treinta años aproximadamente, dos sentados en los asientos dobles y uno a la misma altura, en el asiento individual. El que estaba en el asiento doble, contra la ventana dormía. Por último, en el fondo a la derecha también, pasando la puerta, estaba recostado contra la ventana un hombre de unos 60 años.&lt;br /&gt;Apenas me vieron, los que estaban en el medio me miraron y si rieron, sin importarles que yo me diera cuenta. Bajé la mirada y caminé rápido hasta el fondo. Me dejé caer  en el extremo opuesto al tipo que dormía, que emanaba un olor a vino asqueroso. Los que se sentaban en el medio volvieron la vista para mirarme y siguieron riéndose un poco más. A todo esto el colectivo iba cada vez más rápido. A mi derecha, el hombre que dormía se despertó, me miró y se mantuvo despierto.&lt;br /&gt;El que estaba sentado en el asiento doble del medio, del lado del pasillo codeó al que estaba del lado de la ventana, que se levantó con fastidio, pasó por encima de su compañero y vino a sentarse delante mió; el que estaba sentado solo se paró y fue a hablar con el chofer, que ya no frenaba en las bocacalles y pasaba algunos semáforos en rojo.&lt;br /&gt;El que se sentaba delante de mí le pidió fuego al hombre que estaba a mi derecha, quien para dárselo se corrió dos asientos hacia mí, dejándome casi encerrado.&lt;br /&gt;Divisé un palo de escoba partido al medio, que estaba incrustado en una varilla que estaba a una altura un poco más baja que mi rodilla. Lo saqué lo más disimuladamente que pude, y lo mantuve con la mano izquierda al lado de mi pierna. Me costó bastante hacerlo sin llamar la atención, más que nada por la manera ridícula en la que dominaba mi pulso.&lt;br /&gt;Estábamos por Constitución y el colectivo iba más rápido que nunca, hasta que en un momento frenó mucho para doblar, saliéndose del recorrido. Me puse de pie de un salto dejando caer el palo, me paré frente a la puerta y toqué el timbre sostenidamente. Ahí fue cuando ocurrió lo que tanto temía: escuché una voz ronca y grave: “Pibe”. Me di vuelta como resignado; sabía que me hablaba a mí. “Se te cayeron las llaves”. Me di vuelta y vi el manojo en el piso. Me incliné lo más rápido que pude para buscarlas, esperando un movimiento sorpresa mediante el cual me intentaran sujetar por la campera o una patada directa a mi mandíbula. Me paré y muy serio dije gracias.  El colectivo frenó en medio de una cuadra en la que no tenía parada, sin arrimarse ni un centímetro a la vereda, y ya estaba arrancando antes de que yo pusiera un pie sobre el asfalto. Salté del colectivo en movimiento. La calle estaba completamente vacía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Santiago Kinbaum Puccio Posse&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4337430490098931316?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4337430490098931316/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4337430490098931316' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4337430490098931316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4337430490098931316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/no-muy-buenas-noches.html' title='No muy buenas noches'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3420099305150196504</id><published>2010-12-05T15:16:00.000-08:00</published><updated>2010-12-05T15:17:43.381-08:00</updated><title type='text'>Los colores del arco iris</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Eran las siete de la mañana. Ariadna ya estaba despierta, casi lista para ir al colegio. El que todavía dormía era su papá, que había vuelto tarde a la casa, cuando ella descansaba profundamente. Tanto, que no se había despertado con los ruidos de la puerta, el agua corriendo en el baño, ni con el sonido del lavarropas. Después de algunos golpes y gritos (que él no pudo distinguir si eran parte del sueño o reiteración de la realidad), la niña consiguió despertarlo, se estaba haciendo tarde para entrar a clase.&lt;br /&gt;Desganado, cumplió con su tarea de padre y se encaminó al café de la esquina. Revolviendo el cortado, hojeó el diario con el orden de siempre: obituarios, políticas, deportes, espectáculos. El sonido de la televisión lo desconcentró: por alguna razón alguien había subido el volumen, y la cortina del noticiero inundaba el lugar. Generalmente evitaba mirarlo, salvo para ver la temperatura y enterarse de alguna que otra cosa, pero no le veía el sentido a un programa que no sólo mostraba la realidad de una manera errónea, sino que nunca le informaba sobre lo que realmente necesitaba saber.&lt;br /&gt;Sin embargo, esa vez fue distinta. Al escuchar la noticia, se quedó atónito. Miles de pensamientos pasaron por su cabeza, incapacitándolo a actuar. Cuando finalmente reaccionó, sacó a Ariadna de la escuela, y la llevó para su casa. “Nos vamos de viaje mi amor”.&lt;br /&gt;Mientras él revolvía cajones y placares hablaba por celular constantemente, interrumpiendo el desorden para secarse el sudor de la frente. Su hija estaba acostada en el piso, resignada a no tener información sobre el repentino viaje, ya que ninguna de sus preguntas había sido respuesta. No le dio demasiada importancia, hacía bastante tiempo que su papá estaba actuando raro, aunque quizás un poco más que de costumbre. Agarró las pinturas y comenzó a dibujar un extenso arco iris, pero notó que le faltaba un color, por lo que empezó a recorrer el departamento buscándolo. Estaba tan concentrada en su búsqueda que no reparó en los golpes en la puerta, ni en los pasos de los hombres vestidos de negro, ni en el grito ahogado del final. Solo volvió en sí al ver el río de tinta que asomaba por la puerta, contenta de haber encontrado el rojo para terminar de pintar.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lucía Czernichowsky&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3420099305150196504?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3420099305150196504/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3420099305150196504' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3420099305150196504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3420099305150196504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/12/los-colores-del-arco-iris.html' title='Los colores del arco iris'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-711994436758898580</id><published>2010-11-23T17:52:00.000-08:00</published><updated>2010-11-23T17:53:22.728-08:00</updated><title type='text'>Enterrando lágrimas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Lloraba por los gritos, lloraba por los golpes, porque las noches eran el infierno, ahí, en la pieza del fondo. Desahuciado, acurrucado en un rincón, escuchaba, una vez más, como su padre golpeaba a su madre.&lt;br /&gt;            Su hermano Javier actuaba diferente. Que es algo normal, que todas las familias tienen problemas, que es común que la gente se pelee.&lt;br /&gt;            Esa noche no pudo tolerarlo, llorando y tembloroso, con un palo de escoba en la mano, mientras Javier miraba la televisión, decidió abrir la puerta de la pieza del fondo. Bajó el picaporte y abrió lentamente. Observó los pies de su mamá en el aire, luego, a su padre con las dos manos en su cuello. El golpe fue tan efectivo como podía ser. Pegó en los testículos y su madre cayó al suelo. El padre desde el suelo y aún retorciéndose lo pateó. Ahora vas a ver, escuchó, temblando, mientras trataba de levantarse.&lt;br /&gt;            El filoso acero entró por la espalda del padre. Una araña roja en la remera comenzó a crecer en torno al puñal. Se dio vuelta, Javier, su hermano mayor retiraba el cuchillo. La sangre brotó espesa de su boca, su mirada quedó vacía. Esa noche la verdad y la mentira se hicieron cómplices del destino.&lt;br /&gt;Una semana después, luego de que los diarios llenaran sus páginas policiales con títulos como: “Hombre desaparece, su familia desesperada acusa al socio”, “Hombre desaparecido. ¿Nuevo caso de gatillo fácil?”; solo el barrio seguía consternado. Ese martes un vecino golpeó la puerta. Llevaba una carta, con la firma del difunto. Se dirigía a su mujer: María, decía en el membrete. La había encontrado cuando salió a buscar el diario, dijo.&lt;br /&gt;Un nuevo amor, despedida, promesa de enviar dinero, y un “no me busquen más” cerraba la carta.&lt;br /&gt;            La mujer lloró y gritó, abrazada al vecino. Los amigos del barrio se acercaban y la consolaban.&lt;br /&gt;Adentro, en la pieza de la madre, los dos chicos, tranquilos. La televisión prendida, el montículo de tierra húmeda bajo la cama y sus uñas negras. Marcas certeras de que, en esa casa, las lágrimas estaban enterradas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hernán Viscellino&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-711994436758898580?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/711994436758898580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=711994436758898580' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/711994436758898580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/711994436758898580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/enterrando-lagrimas.html' title='Enterrando lágrimas'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-259846078368365100</id><published>2010-11-23T17:40:00.000-08:00</published><updated>2010-11-25T18:57:52.097-08:00</updated><title type='text'>Perfume de mujer</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Miércoles 12 de mayo del año 2004, a las 18:15 horas, dos disparos de un arma de fuego calibre 38 se escucharon en el primer piso del Palacio Anchorena. De acuerdo al informe emitido por la comisaría 53 del barrio porteño de Palermo, los cuerpos encontrados en la escena del crimen corresponden a los del ex director del museo, Roberto Nakkache y a su cuñado, el abogado Rafael Saiegh de 65 años, profesor de Historia de la UBA y miembro de la sociedad anónima propietaria del edificio. La muerte del primer individuo se produjo por un disparo que él mismo se habría efectuado colocándose el arma en la boca y su cuñado habría sucumbido tras recibir un impacto de bala en el pecho.&lt;br /&gt;Hasta aquí es lo que informa el parte de la policía y dada la muerte del agresor y ejecutante del hecho, la acción penal no podría seguir su curso. Es en este preciso momento donde entro en acción. Mi nombre es Gabriel Porres, soy periodista y muchas veces me gusta jugar al detective. Cuando me tocó cubrir este acontecimiento, parecía ser una nota policial más, un día más de trabajo, simplemente cumplir otra vez con mi rutinaria labor en el diario para el que escribo y cobrar a fin de mes un cheque que apenas me permite sostener mi monótona vida. Como siempre me presenté a las 8 de la mañana en la oficina del jefe de redacción donde teníamos reunión sumario y dividíamos las notas a cubrir. "Señores, por ser miércoles tenemos poco trabajo, pero no importa van a tener que arremangarse las camisas porque no va a ser fácil sacar información de los canas y los testigos-no testigos". A estos últimos los llamamos así en el diario porque son personas que se dicen testigos pero en realidad sólo dicen lo que les contaron. En fin, terminé de tomar mi café con gusto a cenizas, me puse mi paleto negro que tanto me había costado, guardé mi grabador en el bolsillo interior izquierdo de mi valiosa prenda y metí mi pequeña libreta y birome Montblanc en el bolsillo derecho de mi pantalón.&lt;br /&gt;Una vez en el emblemático edificio me dispuse a realizar expeditivamente mi labor para poder volver temprano a la redacción, escribir la nota e irme a mi casa a tomar una copa de vino y comer un pedazo de queso acompañado de una baguette.&lt;br /&gt;Recorrí el palacio. Pasillos infinitos llenos de Rembrandt, Van Gogh y mi preferido Monet. Mientras lo hacía, tuve la extraña sensación de estar siendo vigilando. Un hombre elegante, bien perfumado, con un traje que parecía ser de alpaca, y con bigotes bien recortados y tupidos me frenó en el pasillo del primer piso cerca de la escena del crimen y me dijo: “Investigue, no está todo dicho aquí. Hay perfume de mujer en este caso”. No le di mucha importancia, pensé que era sólo un comentario. En el buffet, al otro extremo de la escalera se veía a los empleados de limpieza recolectando los restos de lo que parecía ser la fiesta despedida de un empleado, un tal Álvaro Méndez, o por lo menos eso se podía deducir del cartel de papel crepe colgado de punta a punta. Me acerqué y me informaron: " hicimos la reunión porque Alvarito fue echado por el señor Saiegh sin ninguna razón y quisimos despedirlo. Fue el mejor jefe de seguridad que hemos tenido". Por lo que vi en una foto que me mostraron era un hombre alto, robusto, pelado. Estaba vestido con el uniforme de la empresa de seguridad y portaba un increíble revolver calibre 38. Anoté todo y me dirigí a la escena del crimen. Revisé la oficina donde tuvo lugar el asesinato y no vi nada extraño. Afuera la policía científica me informó burlonamente: " no busques más Sherlock Holmes, acá no pasó nada. Un viejo loco mató a otro". Escribí furioso en mi cuaderno y cuando me estaba yendo el mismo odioso oficial me dijo:- "para que quede más linda la nota poné que fue un conflicto de quiniela ajaj". Me mostraron un foto de la escena donde había una mancha de sangre de Saiegh en forma de 71 en el piso, pero ellos mismos me dijeron que no hiciera caso, seguramente mientras agonizaba por el disparo se quiso arrastrar y dejó un rastro con la forma de ese número entre otros charcos sin forma alguna.&lt;br /&gt;Ya en la sala de redacción, tomando de vuelta ese café con gusto a cenizas, releí mis apuntes y escuché las grabaciones para poder escribir la nota e irme. Pero algo alteró el curso normal de las cosas. Un relato de los testigos-no testigos era algo diferente. Carlos era limpia vidrios y estuvo trabajando en el palacio durante toda la semana. Ese miércoles le tocó limpiar los vidrios del primer piso y a eso de las 17 horas estaba ocupado limpiando las ventanas que daban al lateral del edificio. Desde esa ubicación podía ver todas las puertas del pasillo. A las 17:15, comentó en su relato, el ex director se presentó en la puerta de la oficina donde se encontraba Saiegh e ingresó, pero lo diferente fue el hecho de que, si bien el testigo a las 18 horas ya estaba limpiando los vidrios de planta baja, aseguró ver salir a las 17:50 de la misma oficina al actual director del establecimiento Ignacio Smith.&lt;br /&gt;Inmediatamente me puse a investigar en los archivos del diario y en los de la policía donde tenía acceso por tantos años de escribir en la sección policial. Mi sorpresa no fue menor. Descubrí que dentro de la sociedad anónima a la que pertenecía Saiegh, su voto era el más importante ya que poseía la mayoría del porcentaje de las acciones, y averigüé también que ya hacía un tiempo quería demoler dicho palacio con la intención de construir un inmenso hotel. La comisión directiva de la asociación Consejo de Buenos Aires no se lo permitía y era la única que impedía esto. Era mucha información pero sin conexión hasta que encontré la relación que existía entre Saiegh y Smith. Este último había sido alumno de Saiegh en la universidad y mantenían una relación de amistad. Aunque lo más importante es que compartían negocios inmobiliarios en Uruguay bajo el nombre de la empresa Modern Museums.&lt;br /&gt;Mis neuronas estaban extasiadas. Me serví más café, bien negro, necesitaba estar lúcido. Quería entender la situación. Pensaba, negocios inmobiliarios, dinero, poder, asesinato. Tenia sentido por el círculo no cerraba. Algo se me estaba escapando. Seguí investigando. Nakkache, de carácter irascible, sabía de esta situación ya que su hermana Lidia se lo había comentado tras escuchar una conversación telefónica de su marido con Smith sin pensar en las consecuencias que tendría esto para Saiegh, me supuse. Le dediqué horas y horas a este caso y no pude sacarme esas dudas, finalmente decidí que los hechos hablaran por sí solos.&lt;br /&gt;El día miércoles 12 de mayo Nakkache fue a encarar a su cuñado para que desistiera de su plan pero en cambio se encontró con la negativa de él y del director que se encontraba en la misma oficina. Dispuesto a salvar al museo fue preparado hasta para las últimas consecuencias, ya que con la muerte de su cuñado no habría nadie más con interés de emprender semejante inversión dentro de la comisión propietaria del inmueble. A las 18 horas tomó la decisión más difícil y salvó el museo.&lt;br /&gt;Ya pasaron seis años del incidente del Palacio Anchorena, donde finalmente se construyó el hotel. Estoy en mi casa, revisando el correo electrónico mientras bebo una copa de vino tinto malbec. Tengo un correo electrónico con el asunto "perfume de mujer". Lo abro. Dos fotos me hacen estremecer. La primera data de abril del año 2004. Se los ve a Lidia y a Álvaro Méndez salir de un albergue transitorio. En la segunda puedo a ver a Lidia y a Ignacio sentados juntos en un bar. La fecha es del 11 de mayo del año 2004. Me hamaco en mi silla, miro a los focos de luz blanca y comienzo a vislumbrar figuras como cuando uno mira directo al sol y se encandila. De pronto recuerdo lo que la policía me había dicho acerca de la mancha de sangre en forma de 71 y al hombre extraño que me interceptó en el pasillo el día que fui al palacio. Pienso. Comprendo. No era 71. Lo estaban viendo al revés. Eran iniciales: una I y una L. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Nicolás Batista&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-259846078368365100?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/259846078368365100/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=259846078368365100' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/259846078368365100'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/259846078368365100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/un-policial.html' title='Perfume de mujer'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-58817151971592721</id><published>2010-11-23T17:26:00.000-08:00</published><updated>2010-11-23T17:27:26.603-08:00</updated><title type='text'>En la periferia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Era una tarde de un frío martes, cuando sonó el teléfono interrumpiendo el té de hierbas que acostumbraba tomar Delia. Era una voz femenina la encargada de esta nueva ilusión, después de tanto tiempo transcurrido, una posible nueva esperanza. Pero recordó a tiempo historias similares, recordó la cautela que se debía guardar en estas ocasiones, fue así cómo su cuerpo, volvió a pisar firmemente la tierra.&lt;br /&gt;Fijaron su cita para el jueves. Poco menos de dos días la separaban de aquella mujer, de modo que antes de ser invadida completamente por la ansiedad, decidió irse a dormir temprano, más temprano aún de lo que acostumbraba.&lt;br /&gt;El jueves pasó entre el viaje al centro, para realizar la caminata  por la plaza, la posterior vuelta a casa y otra vez a dormir. Los últimos años dormía más de lo que estaba despierta, tratando de evitar llantos prolongados con preguntas a un Dios que pocas respuestas podía dar.&lt;br /&gt;Llegó el viernes y encontró a Delia recostada en la cama de su hija, rodeada de cuadernos de amarillentas hojas con  caligrafía infantil. Hundida en su lectura recordó un acto en la escuela de Emilia. Cursaba el cuarto año de su primaria, acompañada por sus características dos trenzas, su guardapolvito almidonado decorado a la altura del corazón con los colores patrios. De fondo el himno y el canto a coro de todos los escolares: ¡Oh  juremos con gloria morir, oh juremos con gloria morir!&lt;br /&gt;El timbre la trajo otra vez al presente, debe ser ella, pensó Delia.&lt;br /&gt;A pasos firmes caminó hacia la puerta, pegó su ojo a la mirilla, y sí efectivamente, aunque no la conocía, debería ser ella. Abrió la puerta y la hizo pasar. La mujer del llamado parecía más nerviosa de lo que estaba Delia, movía los dedos de su mano izquierda provocando un débil “crack” cada vez que estos sonaban.&lt;br /&gt;Las miradas de las mujeres se cruzaron, tal como lo había querido Delia desde un primer momento. La informante era una mujer de rasgos delicados, esbelta, de un metro sesenta y pico, de ojos color miel. La mirada de Delia pareció intimidarla, logrando el efecto que esta buscaba, fue así como sin más vueltas aquella mujer le entregó una bolsa que, pese a los años, Delia no tardó en reconocer. Enredó a ella sus brazos llevándola contra su pecho, al mismo tiempo que se mecía lentamente, como quien pretende dormir a un niño. Tomó del interior unos zapatos, que depositó en el piso y una cartera de cuero negra, a la que dejó caer sobre un sillón.&lt;br /&gt;Dos lágrimas recorrieron sus mejillas hasta saltar a su blusa, con un pañuelo secó los surcos que le habían dejado en su rostro. Volvió a mirar la cartera y su mente volvió al pasado una vez más; Emilia bajaba rápido las escaleras, saltando de dos en dos los escalones, la adolescencia había marcado en su cuerpo, proporcionándole curvas propias de una mujer. Se encontraba en el tercer año de la secundaria y por primera vez saldría con un chico, el que poco tiempo después logró ser su novio, llevaba colgada su cartera negra, eran inseparables en aquellos tiempos.&lt;br /&gt;Delia esbozó una sonrisa, la imagen de su recuerdo era tan nítida que hubiese jurado haber visto bajar a Emilia por las escaleras en ese mismo momento.&lt;br /&gt;Los chillidos de la pava hirviendo en la cocina la hicieron volver en sí, le ofreció un té a la informante, quien decía llamarse Juana. Dos tazas humeantes servidas en su medida justa, aguardaban en la mesa. Delia tomó la suya y la acercó unos centímetros hacia sí. Sumergió un terrón de azúcar. Mientras revolvía con delicadeza, su mirada se perdió en el contenido. Pensó en Emilia, y en  toda la fuerza de sus dieciocho años. Llena de convicciones, compartiendo junto a sus compañeros una lucha que en poco tiempo dejó de ser solo de ideales. Pancartas, volantes, libros de autores de apellidos extranjeros, eran parte del paisaje de su cuarto. El inicio en la Facultad de Filosofía y Letras en el año 1976 había marcado su destino.&lt;br /&gt;La otra mujer hizo sonar su garganta, a modo de hacerse presente. Delia levantó su mirada y esbozó una sonrisa. Sin más preámbulos la mujer argumentó que debía irse, sin atender a las preguntas de Delia sobre la cartera y los zapatos. Finalmente se marchó dejando a Delia en un nuevo mar de dudas.&lt;br /&gt;Recostarse sería lo mejor, pensó. Luego de lavar sus dientes y peinarse el cabello, se puso su piyama, al terminar dejó caer con todo su peso, su cuerpo sobre la cama.&lt;br /&gt;Tardó unos segundos en volver a abrir los ojos. Y lo único que hizo antes de volver a cerrarlos fue tomar una fotografía de la mesita de luz. En esta una joven, de una gran sonrisa, era la protagonista. Colocó la foto bajo su almohada y se dispuso así a soñar.  Después de todo en los sueños no debía lidiar con grandes incógnitas. Allí con solo nombrarla ella aparecía.&lt;br /&gt;¿Dónde estabas Emilia? ¡Me asustaste!  Vení, dame un abrazo, te extrañe tanto hijita… repetía Delia entre sueños cada noche. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;María Sol Ramírez&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-58817151971592721?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/58817151971592721/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=58817151971592721' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/58817151971592721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/58817151971592721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/en-la-periferia.html' title='En la periferia'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8685023915572861432</id><published>2010-11-16T16:12:00.000-08:00</published><updated>2010-11-16T16:17:33.479-08:00</updated><title type='text'>Muerte al amanecer</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Esteban llega a su casa a las tres de la madrugada con el bolso colgando de su mano. Camina a los tumbos, balanceando su cuerpo hacia la puerta de entrada, arrastra los pies con pasos cortos. Cojea de la pierna derecha por una vieja lesión. Casi no puede mantener los ojos abiertos, los parpados le pesan, cabecea vencido una y otra vez. Deja caer el bolso al suelo, sus brazos ya no pueden sostenerlo, escucha un disparo lejano, se detiene, un eco del pasado lo persigue, oye el aullido de los perros y el llanto sin consuelo de su mujer. Se despabila y vuelve en sí. Intenta abrir la puerta pero se equivoca de llave. Prueba con otra. No abre, la coloca al revés, tira de la manija hacia adentro y hacia afuera mientras gira la llave hasta que encuentra la posición y logra abrir la puerta. Llega a su cama. Cae rendido. Se saltea la mañana, como todos los domingos. Cuando se despierta, su mujer lo está esperando sentada en la cama con el mate en la mano. Ella se inclina y le da un beso en la frente. “Buen día dormilón, ¿a qué hora llegaste anoche?”. “Ni idea” le contesta él con la voz gastada como si estuviera afónico. “Ni siquiera sé cómo llegué a casa”. Acomoda las almohadas una sobre otra. Se levanta de a poco colocando las manos sobre el colchón y agarra el mate caliente que le ofrece María. Entre mate y charla se les pasa el tiempo volando. Ya están verdes. Mientras Esteban se levanta para tomar una ducha caliente, ella va hacia la cocina a preparar la cena. Camina por un angosto pasillo, el rechinar de los pisos retumba en toda la casa con cada paso. Se detiene frente a un cuadro dorado, que está colgado en la pared, con una foto vieja de dos niños trepados en un ombú. Los bendice y sigue adelante dejando correr una lágrima sobre su mejilla. Entra a la cocina, agarra las cebollas de un canasto al lado de la heladera y encuentra en el suelo una hoja que se ha caído de la puerta. La recoge, se pone los anteojos que cuelgan de su cuello con sujetadores de piedras brillantes y lee el papel:    “Dante, horarios: lunes y miércoles a las 21hs; martes y  jueves 22.30hs”&lt;br /&gt;Las manos le tiemblan mientras coloca la nota en la puerta con un imán. Ya no puede contenerse. Llora en silencio. Escucha el rechinar del piso, se seca las lágrimas y se apura a cortar las cebollas para disimular. Cuando Esteban entra a la cocina para poner la mesa, los perros pasan corriendo frente a la ventana de la cocina y comienzan a ladrar en la entrada de la casa. María deja caer el cuchillo al suelo, su corazón se acelera, siente un ruido seco que proviene de afuera, como aquel domingo a la madrugada, se apresura a abrir la puerta.  Miguel, su hijo mayor, pasaba a visitarlos con los chicos como todos los domingos. “Hola viejita, ¿me das el escobillón y la palita? Se me cayó una gaseosa de vidrio”. Los chicos saludan a los abuelos y se quedan en el patio jugando con los perros. Al terminar de barrer, entran a la casa a charlar. María pone los fideos con salsa en la mesa. “Una hora cocinando para que en diez minutos se comieran todo. Se nota que estaba rico porque no dijeron una palabra”, dice María. “Lo que vos cocinás siempre está rico”, contesta Miguel. Y agrega: “pájaro que comió... vamos chicos que mañana hay que ir a la escuela y los abuelos están cansados”. “Avisame cuando lleguen”, le dice la madre.&lt;br /&gt;Ella se queda limpiando la mesa y los platos. Se queda despierta, mira la televisión esperando el llamado de su hijo. Pasan las horas, ya tendría que haber llamado. Primero piensa, positivamente, que quizás se haya olvidado. Luego ve en el noticiero accidentes de autos, robos, secuestros dentro de barrios privados y empieza a desesperarse. Agarra el teléfono, lo llama a la casa, nadie contesta. Busca en la agenda el número del celular, la vista se le nubla, no puede leer con claridad. Despierta a su marido a los gritos, los perros ladran en la entrada de la casa, escucha un disparo, los perros aúllan, corre a la entrada, el recuerdo de su hijo Dante yacía en el piso de la vereda. María sigue en el teléfono escuchando su mensaje: “Hola, habla Dante. Voy a bailar con los chicos. Vuelvo tarde, no me esperes. Te quiero mamá”.&lt;br /&gt;Esteban llama al celular de Miguel. Ya había llegado a la casa pero se le había cortado la luz y el inalámbrico no andaba, y se le había acabado la tarjeta del celular. “Estamos todos bien, no se preocupen”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Patricia D. Partarrieu&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;           &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8685023915572861432?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8685023915572861432/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8685023915572861432' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8685023915572861432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8685023915572861432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/muerte-al-amanecer.html' title='Muerte al amanecer'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8902372042773816366</id><published>2010-11-10T03:56:00.000-08:00</published><updated>2010-11-10T03:57:23.008-08:00</updated><title type='text'>Una mañana cualquiera</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Siete de la mañana. El despertador suena con ese sonido molestísimo pero eficaz, que hace que uno indefectiblemente se tenga que despertar y apagarlo si no quiere sufrir un colapso mental. Los dos se tienen que levantar a la misma hora, ella para ir al trabajo y él para hacerse unos estudios. Pero primero lo primero: estirarse para un lado, para el otro. Sentir sonar cada una de las vértebras, darle un beso, contar hasta cinco con los ojos cerrados y por fin incorporarse. Sentarse en el inodoro todavía con los ojos a medio abrir y la luz apagada, darse cuenta que se acabó el rollo. “Claro, como él no lo usa no lo cambia, después de todo este tiempo todavía no aprendió. Increíble”. Lavarse la cara y dirigirse a la cocina, los fósforos también se acabaron, la caja está vacía. Contener el grito cuando descubre un encendedor azul, que soluciona temporalmente el problema. El agua ya está esperando para hervir, por suerte todavía hay pan para las tostadas, que ya están calentándose. Ahí aparece él, medio dormido, con una pregunta que en realidad no es del todo una pregunta: “Año nuevo lo pasamos con mi familia, ¿no?”. Inmediatamente, terminando con la calma de la mañana, cada uno empieza con argumentos larguísimos, casi inservibles ya que prácticamente ni se escuchan. Que ya fuimos el año pasado, que yo también quiero estar con mi familia, que a tu mamá no le caigo bien. El volumen empieza a elevarse, los rostros están cada vez más rojos, los ojos de ella se llenan de lágrimas de rabia. Todo se complementa con el olor a quemado de las tostadas, y el ruido insoportable de la pava que lleva un rato silbando. Sin pensarlo la agarra, justo cuando él está ganando la discusión, o eso cree. Lo que parece ser su frase final, nunca llega a concretarse. Una ola violenta de agua hirviendo lo envuelve, impidiéndole seguir. Ahora la va a escuchar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lucía Czernichowsky  &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8902372042773816366?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8902372042773816366/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8902372042773816366' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8902372042773816366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8902372042773816366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/una-manana-cualquiera.html' title='Una mañana cualquiera'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-9218225746216033578</id><published>2010-11-08T15:38:00.000-08:00</published><updated>2010-11-08T15:39:26.552-08:00</updated><title type='text'>Amores Platónicos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es un día complicado en el laburo. Los papeles se acumulan en mi escritorio formando una torre descomunal. Las urgencias y llamadas van marcando el ritmo del día. Miro el reloj, ya son las 9:30. La presión de las responsabilidades asumidas se trasladan a mi cabeza. La taza de café colmada hasta el borde se enfría en mis manos, como también sucede con mi vida, sin poder hacer nada al respecto.  Hoy no es el día para replantearme las cosas que hice años atrás. Ni hoy, ni ningún otro día. El pasado solo me ha anclado en un paisaje ficticio del cual nunca quise despedirme. No es el momento ni el lugar. Sin embargo, hoy te pienso tan fresca como el primer día en que te conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz de Torres me hace volver a mi trabajo solo un momento. “¡Eh viejo! ¿Qué estamos esperando? ¿Qué? ¿Los papeles se mueven solos hacia mi escritorio?”. No es de la gente que mejor me cae Torres, un tipo muy sarcástico. Ese humor ácido que tiene, algún día le va a jugar en contra. Siempre se lo dije, pero creo que mucho no le importa. Mientras mastico mis pensamientos, dejo las carpetas en el archivo. Voy por la segunda taza de café. La primera fue un fiasco, no he llegado a tomar ni un sorbo. Trato de volver a concentrarme, pero quedo solo en eso: un intento. Al llegar a mi escritorio las acciones vuelven a sucederse una tras otra como si todo hubiese pasado el día de ayer. El primer amor nunca se olvida.  Eso dice el dicho popular, pero me niego a creerlo. Confieso que lo usé como excusa un par de años, pero no me basta para a entender todo lo que siento.&lt;br /&gt;Todos en el despacho corren hacia sus puestos de trabajo, ha llegado la jefa del sector. Una mina muy dura, la “chancha” Gutiérrez. Ese apodo no se lo ha ganado por vigilante, aunque bien podría haber sido. La “chancha” Gutiérrez tiene un físico que no pasa desapercibido. Menos que menos para Torres, que para las jodas está a la orden del día, y la bautizó en menos de dos semanas. Tipo jodido este Torres.  Es algo irónico, pero ante la mirada fija de Gutiérrez, yo solo puedo ver tu sonrisa. No entiendo por qué es el recuerdo más nítido que tengo de tu presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras cargo en la computadora los últimos pedidos que quedan pendientes, pienso en la vuelta a casa.  Hoy es viernes, la estación de trenes se encuentra colmada como un hormiguero. Otra vez sentir el ambiente espeso, los muchachos apretando para entrar, las mujeres quejándose de un servicio ineficiente a viva voz: otra odisea para salir de la capital. Si solo fuera un día, pero la rutina te lo presenta como una pesadilla.  Me resigno, fue mí decisión mudarme tan lejos. “¡Pilar es una buena zona si tiene un autito, olvídese!”.  Pensar que con eso me enganchó el propietario. Nunca pude comprarme un auto, menos con lo que pago de alquiler.  Cada vez que llego del trabajo me siento a recordar nuestro vecindario. Las calles de nuestro barrio fueron testigos de esa tarde de abril en la que te conocí. Salíamos de la escuela y nos cruzamos en el kiosco de la vuelta.  No tenías papel, no te preocupó. Anotaste mi mail en tu mano y con una sonrisa prometiste que nos mantendríamos en contacto. Te alejaste por el sendero que forma el boulevard.   Desde ese momento nos fuimos conociendo lentamente. Todos los recuerdos que aparecen en mi mente son de esa manera, en cámara lenta.  No me preguntes el porqué, pero en ese momento supe que nunca te olvidaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche no he dormido de la mejor manera. Ya no me puedo dar esos lujos. El cuerpo no aguanta de la misma forma, cuesta todo el doble. Las prioridades del día de hoy ya las he pasado para mañana. Hoy no estoy dispuesto a ser “el empleado del mes”. Siempre me he jugado por la empresa y no he obtenido nada a cambio. Mientras corrijo unos documentos, me pongo de reojo a ver los avisos clasificados. Es algo que hago usualmente, aunque todavía sin éxito. No es que no crea en mis capacidades pero mi edad siempre me cierra las puertas de las mejores empresas.  A simple vista ya no soy un adolescente, las arrugas de mi rostro me delatan, la vida ha seguido su curso. No me puedo quejar. Tengo una esposa y dos hijos. El trabajo y las obligaciones en casa ya han atropellado mis últimos intentos de felicidad hace bastante tiempo. Quizás sea ese el motivo por el cual hoy vuelvo a recordarte. Quizás seas la única prueba fehaciente que queda en píe. La prueba que me indica que alguna vez fui feliz. Que supe encontrar en tus ojos el sentido de mi propia vida. Hoy no me queda nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teléfono no para de sonar. Su sonido se funde en el tiempo junto al ruido de las calculadoras, máquinas de escribir y teclados. Toda mi realidad pasa a un segundo plano.  No escucho los gritos de Gutiérrez, ya no me molestan. Saco mi vista de los avisos clasificados y trato de reflexionar. Me encuentro aquí, sentado en el sillón de mi escritorio, corriendo detrás del tiempo, sin saber hacia donde correr. Pienso en los momentos, las horas, los minutos que desperdiciamos sin saberlo. La arena del reloj ha sido muy fina y se nos ha escapado grano a grano de las manos. De nada sirve sacar a la luz las palabras que me han quedado en el tintero.  Pero aún así lo hago constantemente, como una especie de castigo por no haberme animado a más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces pensé en llamarte. No lo hice nunca. Sin embargo, siempre quise saber de vos. Saber que pudiste llevar una vida plena y olvidar todo lo que hemos pasado para seguir adelante. Darme cuenta que este amor, que ha perdurado a lo largo de los años, es una cruz que llevo solo conmigo mismo. No tengo las agallas para descubrirlo. No tengo el valor para encontrarte cara a cara nuevamente y ver que me he quedado detenido en el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierro mi último expediente y me largo del trabajo. Ya son más de las 18:30. Aflojo mi corbata, me arreglo como ha hace bastante no lo hacía. Sí, mi boleto hoy no tiene destino a Pilar. Quizás nunca más lo tenga. Vuelvo a mi barrio a encontrarte. Lo hago sin pensar nada sobre seguro. Vuelvo porque nunca me fui realmente. Vuelvo porque estar con vos es mi destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Gonzalo Cortés&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-9218225746216033578?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/9218225746216033578/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=9218225746216033578' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9218225746216033578'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9218225746216033578'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/amores-platonicos.html' title='Amores Platónicos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3025614687764139631</id><published>2010-11-07T16:53:00.000-08:00</published><updated>2010-11-07T16:56:25.311-08:00</updated><title type='text'>Nunca más podré</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Vuelvo a pensar que quizás hubiera sido mejor abandonarme en el tiempo. Fue gracioso entrar hoy al bar de Ale y ver su intento. Pobre, ella sabe que no va a poder conmigo pero sigue probando. Me senté en una mesita y la escuché susurrar algunas palabras con el colo. Yo estaba concentrado en la ventana, miraba a una nena pasar, era como cualquier día. El sol daba justo por el espacio transparente en frente de mis ojos y yo miraba distraído a la nena cruzando la calle, cuando sentí al tiempo detener su marcha. Un fuerte olor a coco de pronto lo interrumpió todo. Cerré los ojos fuertemente y te vi reina, me sonreías. El olor a coco era demasiado potente y tu sonrisa me aseguró por unos instantes la perpetuidad. Me levanté creyendo que podría llegar a encontrarte en medio de la ola de calor que atraviesa de par en par Buenos Aires. Todavía no llegó la primavera. Me duele este calor que se anticipa. Me duele saberme solo en medio de la nada que es mi vida.&lt;br /&gt;Como era de esperar, tu figura no estaba allí. Todavía tenés memoria y sabés que no podés regresar a ciertos lugares. Ale estaba asustada y el colo me miraba preocupado. ¡Qué papelón debo haber hecho! Me gustaría que eso me molestara de alguna forma; pero vos bien sabés que no es así. Volví a casa molido como un paquete de harina extra fina. Me dolían las piernas y casi no veía nada. Logré subir por las escaleras y abrir la puerta.&lt;br /&gt;Acá estoy, sí otra vez, acá estoy. Quisiera escribirte tantas cosas. Estoy ansioso aunque sé que no es el día de nada. Vos sabés que siempre me costó escribir, y pensar y saber. En cambio tus palabras solían ser tan sabias mi amor. Todavía hoy cuento los días y hasta los segundos. Pasan mil cenas. Me duele esperarte entre la carne y la cama; me duele no soñarte y me duelen tus sueños de actriz ilusionada con la fama. ¿Alguna vez fuiste de verdad reina?&lt;br /&gt;Ale, los chicos, la gente, todos me dicen que deje de pensarte. Como si pudiera. Te fuiste con el impostor. No, no puedo nombrarlo a él porque es un asesino. Me dejó sin merienda, se robó la mueca que alguna vez tuve en mi cara. Me quitó lo que pasa entre acostarse y levantarse.&lt;br /&gt;Te fuiste hace unos meses como se va quien nunca llegó. Te fuiste silenciosa. No escuché tus gritos cuando te vi partir. ¿Lo de las valijas fue de verdad? La escena fue tan de película que creo que ni vos lo creíste. Sé que en el fondo estabas llevando a cabo una obra, mi amor. Yo solo espero que se te agote el repertorio del impostor y que vuelvas a las tardes de mate. ¿Por qué sigue en mi cabeza este puto olor a coco?&lt;br /&gt;La conocí a ella, no es nadie en particular. La conocí hace unos días pero todavía no me animaba a escribírtelo. Su perfume sería como de flores. No sé si te gustaría verla porque no se te parece. Es una buena chica y Ale está entusiasmada. Yo no entiendo este afán por eliminarte de mi vida. Es una buena chica y es prolija y huele a flores. Creo que voy a intentar describirla otro día porque todavía me pesa el cuerpo y sé que necesito dormir.&lt;br /&gt;…………………………………………………………………………………&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me arrepiento de haberte soñado por tantas noches. Volviste. Él se fue, yo intentaba rehacer mi vida, pero él se fue y vos volviste. No entendés ni por un segundo lo que me dolió respirar cuando te vi parada en la puerta con esa cara tan cínica que acompañaba a tu figura delgada. ¡Y yo escribiéndote! Sigo haciéndolo. Entraste de una forma tan altanera, creyendo que todo lo que quedaba acá era tuyo de alguna forma. Si te hubiera permitido penetrar mi corazón, en ese segundo que tocaste la puerta, estoy seguro que te hubieras abalanzado al sillón y prendido la tele, como si los meses nunca hubieran estado de por medio. Como si todo esto fuera un pasado- presente, una pesadilla que soñé durante tiempo. Y tus gritos. Esa fue la peor parte. Tus gritos cuando la viste salir de la habitación acompañada por una bata de algodón. Me dio miedo tu reacción. Me dio miedo su reacción. Sé que te gusta el teatro mi vida. Y ayer ella encontró todas estas notas que te escribí durante meses y también se fue. No vuelvas más. O sí, volvé y abrazame porque ya no puedo sostener este dolor. Tu cara tan cínica mirándome por la entrada de mi casa. No es más tu casa. Ya no huele a ese complejo de reina que tenías. Pero bastó que traspasaras la puerta, que te pelearas a los gritos con la pobre niña, para que mi persona por completo diera vuelta. Sentí por un momento el peso de los hombres y tuve miedo de desparramarme entero por el piso. Ella se fue, él también se fue, y otra vez somos solo vos y yo. Y no te quiero ver. No lo quiero, sé que no me lo tengo que permitir, pero no puedo más luchar contra mí. ¿Qué hago con esta locura que siento? Estás tocando timbre y necesito terminar con esto. Te voy a dejar porque sos un mal vicio, te juro que voy a quemar todas estas cartas y te voy a dejar en el tiempo. Solo necesito una noche más de amor con vos. Después andate reina.&lt;br /&gt;Yo creo que nunca más voy a poder sacar este olor a coco que tengo penetrado en el interior de mi ser. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Carla Castro&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3025614687764139631?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3025614687764139631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3025614687764139631' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3025614687764139631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3025614687764139631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/nunca-mas-podre.html' title='Nunca más podré'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4909708412564765681</id><published>2010-11-02T16:57:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T16:58:59.520-07:00</updated><title type='text'>Camino</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Caminó por la vereda oscura y fría. Todas las noches era la misma acera, de la misma mano. No sabía por qué, pero jamás cruzaba hacia la otra. Nunca tomaba un recorrido distinto.&lt;br /&gt;Odiaba volver a esas horas de la noche. Generalmente la vuelta a su hogar rondaba entre las 22.30 y las 23 horas. En el invierno creía no sentir sus extremidades, ya que el frío hurgaba por sus huesos sin piedad. Tampoco sabía por qué no dejaba ese trabajo. Él era un hombre solitario, no tenía hijos, ni mujer, ni siquiera una madre a quien cuidar. Sin embargo, pasaba doce horas diarias en aquella vieja fábrica que sólo lograba producir pérdidas, y que quizá, prontamente, terminara en la quiebra.&lt;br /&gt;Cuando bajaba del tren, caminaba unas quince cuadras hacia su casa. Durante el invierno, creía que eran cien, y cada paso le parecía una eternidad. Prendía un cigarro tras otro con el objeto de reducir las cuadras. En realidad, pensaba que apurarse tampoco tenía sentido, ya que lo esperaba una casa sucia y abandonada, comida fría en la heladera y el iluminar de un pequeño farol viejo sobre el costado de su cama, que junto a su gran colección de libros, entre los que se asomaba Operación Masacre, que lo estaba terminando de leer por séptima vez, lo ayudaban en las madrugadas de insomnio. Por el piso, había papeles desparramados, fotos, recortes de periódicos, mentiras impresas en los diarios. Blasfemias que no podía olvidar. &lt;br /&gt;En cambio, en las noches de verano, disfrutaba del viento que solo sopla en esas horas, y la vuelta hacia su hogar se transformaba en la felicidad del día.&lt;br /&gt;Ernesto caminó esas mismas cuadras durante quince años, hasta que aquella noche oscura y helada, el escalofrío y la culpa eterna invadieron su vida.&lt;br /&gt;En la esquina, donde siempre encendía su segundo cigarro, oyó el grito desgarrador de una mujer. Lo sintió tan cerca, tan propio, que se asomó para ver que ocurría. Pudo ver como un hombre ultrajaba a una mujer joven. Imágenes estremecedoras atravesaban todo su cuerpo. La mujer intentaba gritar de dolor, y el hombre le susurraba cosas obscenas, al mismo tiempo que las concretaba. Se le cruzó por la mente su realidad y su vida, podía imaginar a su propia esposa, gritando de terror, mientras esos hijos de puta vestidos de civil la torturaban. Pudo ver como el hombre se reía, cuando introducía sus piernas entre las de la joven, y la amenazaba con una navaja para que no pidiera ayuda. Ernesto caminó lentamente al lugar donde se efectuaba la vejación, el crimen que le recordaba el peor momento de su vida, la fecha exacta en que se quedó solo. En un silencio infinito, tomó el revólver que llevaba siempre en su cintura, porque sí, porque allí lo tenía a toda hora, por si se cruzaba con esos hombres que hacía treinta años le habían robado los sueños. Le gatilló en la cabeza. La mujer, cubierta de sangre ajena, quedó petrificada, no lograba entender, apoyada contra la pared se deslizó lentamente hasta quedar sentada en el suelo y comenzó a llorar.&lt;br /&gt;Ernesto la miró y continuó el camino hacia su casa de rejas oxidadas y colores muertos. El resto de las noches las pasó en vela. No sabía si lo atormentaba haber asesinado a un hombre o haber presenciado esa terrible e inmunda escena, que le recordaba aún peores.&lt;br /&gt;Desde aquella noche sus caminos de vuelta varían todos los días. Hasta que quiebre la fábrica.     &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Julieta Pros&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4909708412564765681?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4909708412564765681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4909708412564765681' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4909708412564765681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4909708412564765681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/11/camino.html' title='Camino'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-3981112721107692308</id><published>2010-10-19T11:19:00.000-07:00</published><updated>2010-10-19T11:21:36.859-07:00</updated><title type='text'>Corazones fríos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;             A veces es bueno pensar en el sufrimiento como el ruido. Cuando se sufre mucho de una cosa, cuando ese dolor es tan fuerte, los otros no se escuchan… tanto. Eso le pasaba a Ignacio, aunque no pudiera pensarlo. Porque eso es otra cosa que pasa cuando se sufre mucho, no se puede pensar. Y cuando ese sufrimiento es tan básico, y por básico es profundo, porque está en la base de todo, es el peor. Por eso, para Nacho las noches de julio tenían su lado positivo, siempre que el frío le hacía olvidar al hambre. Algunas veces, pasaba alguien que se compadecía de él y le daba algo para taparse, pero al rato pasaba Gustavo y se lo quitaba. Por eso ya no esperaba nada. Incluso había aprendido algunas cosas sobre la caridad. Sabía que no tenía que aceptar todo, que la plata era lo mejor, porque si le daban comida después iba a tener más hambre, y si le daban algo para tomar que lo calentara un poco, podía pasarle como a Paco… paco, la plata le servía para el paco, y le servía para el frío y el hambre, el paco… Por él, por Paco, había aprendido a rechazar el alcohol. No lo había entendido bien, pero Gustavo se lo había explicado. “Paco fletó por tomar el whiskey que le compró la careta esa”, le había dicho. Y también se lo había explicado la señora del gobierno. La que les llevó las frazadas nuevitas, esas que Gustavo se llevó para vender en Once. La señora le había dicho que cuando hacía frío no había que tomar, que te podías morir. Nacho no lo había entendido bien, él escuchaba sólo el hambre… y el frío… y también lo aturdía el paco… pero le creía, por lo que le había dicho Gustavo, y lo que le había pasado a Paco.&lt;br /&gt;            La madrugada se estaba terminando, así que Nacho había decidido apostarse. Eso es otra cosa que había aprendido de la calle. Echarse siempre cerca de donde paran los colectivos, y si es posible, cerca de los kioscos, para pedir las moneditas que les sobren a los viajantes. “Si viajan en micro, tienen monedas”, le había enseñado Gustavo. Así que Nacho había decidido apostarse y encontró un lugar junto a la parada del 140. Pasó caminando por detrás de la garita y sintió cómo los otros se incomodaban con su presencia. Había tres personas esperando el colectivo hacia el microcentro. Nacho se acercó a la muchacha del grupo y le pidió una moneda pero la chica simuló no escucharlo. Insistió con los varones, quienes le daban la espalda. Ante la negativa volvió a pedirle ayuda a la chica. “Ya di” respondió seriamente sin siquiera mirarlo, aunque su voz era tambaleante como el paso de Ignacio. Permaneció observándola unos instantes hasta que uno de los muchachos se interpuso entre ellos. “¿Pibe, no escuchaste que no tenemos?”, le dijo en forma intimidante. Pero el ruido hace que uno no se intimide. El otro muchacho se acercó al primero y le advirtió al mendigo que se fuera, pero Nacho permaneció allí sin oír, mirando el suelo, incapaz de reconocer otra realidad más allá de sus dedos congelados. Los muchachos se disponían a alejarlo por la fuerza, cuando la joven les advirtió de la llegada del colectivo.&lt;br /&gt;El chofer observó cómo los tres jóvenes subían rápidamente a la unidad, como si huyeran de algún peligro. El último de ellos miraba sobre su hombro con desprecio a una cuarta persona que había quedado en la parada. En otras circunstancias, la situación lo hubiera puesto en alerta, después de todo, ya le habían robado en ese recorrido, pero como todos los sábados al amanecer el colectivo iba demasiado lleno como para que alguien intentara asaltarlo. Además, eran tres personas de bien. En todo caso algo les habrían hecho para que estuvieran tan alterados.&lt;br /&gt;Si sabrá él de estar alterado. Era cierto que ese recorrido, a esa hora era mucho más seguro, pero también lo odiaba por la gente. En Belgrano se subían todos los putos que iban hacia el micro centro, y él no podía decir nada. Simplemente los observaba con asco por los espejos y lamentaba la decadencia. Los veía cómo se besaban y se retorcía del asco. Ese recorrido lo ponía de mal humor. Él no los discriminaba, porque sabía que era una enfermedad, pero eso no justificaba que anduvieran besándose por la vida, imponiéndole a los demás su decisión antinatural. Por sobre todo eso, ahora podían casarse y tener hijos. Allí estaban, besándose, obscenamente tomados de la mano, los padres y madres del mañana. No podía evitar recordar las palabras que el pastor había pronunciado el domingo, advirtiendo que si salía la ley vendrían muchos más terremotos y tormentas. El final estaba cada vez más cerca. No hay duda. Pero él estaba tranquilo, porque trabajaba por la salvación de su alma.             Estaba llegando a la 9 de Julio cuando el timbre sonó de nuevo. Esta vez había sido una de las parejitas quien quería descender de la unidad. El semáforo permitía el cruce de la avenida, pero el chofer temió que cambiara de color en cualquier momento y siguió de largo. La pareja observó extrañada cómo el hombre ignoraba su pedido de parada y volvieron a tocar el botón rojo. “Ya”, respondió el conductor con sequedad y se detuvo en la parada siguiente.&lt;br /&gt;            Los dos hombres descendieron del colectivo y deshicieron el camino que éste había andado por demás hasta regresar a la avenida. En su interior, aunque el frío les hacía lamentar la caminata extra, también los alegraba la posibilidad de extender el tiempo juntos. Porque su amor tenía fecha límite. No su amor, sino la posibilidad de vivirlo. “¡Qué frío!”, dijo uno de ellos y el otro lo abrazó inmediatamente. El sol ya había salido y la gente empezaba a andar por las calles, pero para la pareja no existía nada por fuera de ellos. Caminaban en silencio ignorando las miradas de los porteros de los hoteles y los empleados que baldeaban las veredas de los teatros. “¿Vos no tenés frío?”, volvió a hablar el muchacho. “Estás temblando, no me acompañes, andate a tu casa” continuó con tono de sincera preocupación. “No hay frío que valga. Yo quiero estar con vos, y sé que es probable que esta sea la última vez que nos veamos.” Respondió conectando el cielo de sus ojos con el lago verdoso encerrado en los del otro. “Es probable…”, respondió el primero y abrió el juego para que el silencio hablara por ellos. Lo besó tiernamente y le confesó que lo quería, aunque no debiera. Admitió la unidad que conformaban de a dos, pero interpuso la incapacidad de abandonar toda una vida. El segundo lo escuchó atento, sin poder pensar en otra cosa que el deseo de estar juntos. Pronto, alcanzaron un kiosco sobre Cerrito, y el primero compró su boleto de vuelta. Caminaron hacia la parada del 129 y esperaron con angustia su separación.&lt;br /&gt;            La kiosquera veía desde atrás de su reja el amor de los muchachos. Ella lo entendía muy bien. Igual de intenso y esperanzador como el amor que compartía con su marido… Pero en nada comparable con el que sentía crecer en su vientre. Se había enterado esa misma madrugada antes de salir para el trabajo y no había tenido tiempo de ver al padre aún.&lt;br /&gt;El chico de los ojos azules se había sentado sobre un pilar y el de los ojos verdes, que había comprado el boleto, lo abrazaba por la cintura de pie junto a él. Ella entendía cuánto se amaban en la forma de mirarse. Y ahora por suerte podían casarse, como ella, y tener una familia, como iba a tener ella.&lt;br /&gt;No podía contenerse más, quería llamar a Mario y contarle la novedad, o pedirle que se escape de su oficina en el bajo para verla. Ella no podía dejar el kiosco, estaba sola y a esa hora vendía muchos boletos y cigarrillos. “Tengo algo importante para decirte” le iba a decir, y él seguro que se iba a preocupar un poco, porque ella no había tenido muchas náuseas y él no sabía que tenían un atraso. Pero no importa, la sorpresa valía la preocupación. Estaba decidida a llamarlo y contarle cuán ilusionada estaba.&lt;br /&gt;Pero a veces la realidad se impone a la ilusión. “una monedita…”, repetía como un autómata un muchacho apostado entre el kiosco y la parada del colectivo. Tenía los pies descalzos y su ropa vieja y gastada. “Matías…”, lo llamó la kiosquera, el chiquito giró su cabeza y miró a la mujer que lo observaba detrás de las barras. “¿Querés un alfajor?”. El nene asintió con su cabeza y tomó el regalo que Karina le acercaba desde la ventana. Lo devoró con gusto.&lt;br /&gt;            Karina volvió a su rutina un tanto incómoda, y recordó a su esposo. Buscó el celular y marcó su número. La atendió la operadora que la transfirió al interno y en cuanto oyó la voz de Mario, no pudo contenerse ni un segundo más… “¿Gordo, cuál es el número para llamar si ves a alguien en la calle?” dijo mientras veía cómo su hijo comía las migas que habían quedado adheridas al envoltorio del alfajor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Juan Lojo&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;            &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-3981112721107692308?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/3981112721107692308/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=3981112721107692308' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3981112721107692308'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/3981112721107692308'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/10/corazones-frios.html' title='Corazones fríos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7989263116960213701</id><published>2010-06-14T15:51:00.000-07:00</published><updated>2010-06-14T17:55:18.065-07:00</updated><title type='text'>El tejido olvidado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; Clara ve caer la única hoja que quedaba en el sauce llorón. Es hora de sacar la ropa de invierno. Con la bata puesta, sube al altillo agarrándose de la baranda para no caerse. Camina a oscuras, tratando de no pisar las maderas sueltas que rechinan al pasar. Manotea en el aire hasta que encuentra el interruptor, enciende la luz, abre las puertas del armario para sacar las cajas polvorientas que había guardado el año anterior. Apenas se puede ver la etiqueta que dice “ropa de invierno”. Lleva la caja a la habitación, abre la caja llena de prendas con olor a naftalina y envueltas en bolsas para que no se ensucien. Baja la caja cuidadosamente. La lleva a su habitación, la coloca sobre su cama, separa la ropa para poner en perchas. Cuando Clara termina de colgar la ropa en el ropero, encuentra en el fondo de la caja las agujas de tejer, con una bufanda sin terminar, clavadas en un ovillo. Recordó que había empezado a tejerla para el día de la madre pero no llegó a terminarla a tiempo y la abandonó. Entonces, decide meterla en su bolso para terminarla camino al trabajo. Se saca la bata, se viste con ropa abrigada y sale para tomar el colectivo. Mientras espera, en la parada, saca el tejido para continuarlo. Cuenta cuarenta puntos, un punto derecho, un punto revés, pasa la aguja por el ocho, pasa el hilo sobre la aguja, teje, vuelve el hilo, y ahora al revés. Tejer es como andar en bicicleta, nunca se olvida. Para el 79, paga un peso con cincuenta, encuentra un asiento vacío. Luego de tejer veinte minutos, sin parar, se coloca la bufanda para medirla sin sacarle las agujas. El largo es perfecto. Ya está cansada de tejer. Unas cuantas cuadras antes de llegar a su parada termina de cerrarla. Se apura en guardar el ovillo para bajar del colectivo, envuelve su cuello con la gruesa bufanda azul y celeste, de seda y lana ondulada. Toca el timbre, baja. El colectivo arranca. Clara corre con todas sus fuerzas, golpea las puertas, nadie la oye, trata de gritar que pare, no puede emitir sonido, con sus manos intenta desatarse la bufanda inútilmente. El chofer frena en la siguiente parada, abre las puertas, la prenda queda libre y Clara cae en el asfalto como un saco de papas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Patricia D. Partarrieu&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7989263116960213701?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7989263116960213701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7989263116960213701' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7989263116960213701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7989263116960213701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/06/el-tejido-olvidado.html' title='El tejido olvidado'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-8823792762945456680</id><published>2010-05-30T07:35:00.000-07:00</published><updated>2010-06-14T15:50:38.299-07:00</updated><title type='text'>Recuerdos: palabras yuxtapuestas.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;San Lorenzo, el mejor regalo paterno&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El “bamba”, el “Pampa”, , el “Flaco” Passet, el “Ruso” Manusovich, el “Cabezón”, el “Diablo”, el “Gallego” González, el “Sapo”, el “Nene”, la “Oveja”, el “Lobo” Fischer, “Pipo”, el “Beto”, Lorenzo Massa, Santo, Cuervo, Matadores, Camboyanos, Carasucias, Ciclón, Gauchos de Boedo, Azulgrana.&lt;br /&gt;San Juan y Boedo, Almagro, Boedo, avenida La Plata, El Gasómetro, Bajo Flores, avenida Perito Moreno, el Nuevo Gasómetro, Pedro Bidegain, campeonatos, fiesta, alegría, tercer grande, la Gloriosa Butteler, cánticos.&lt;br /&gt;Recuerdo estas palabras en mi infancia. Glorioso fue aquel 25 de junio de 1995 cuando mi viejo me hizo abrir los ojos. “¡Somos campeones, Martín!”, gritó eufórico. Tres palabras le bastaron para convencerme de que modificara los colores y el diseño de la bandera que me representaría por el resto de mi vida. Abandoné las franjas horizontales por las verticales y, aunque mantuve el tinte azul, sentí la necesidad de un rojo sanguinario y combativo antes que un amarillo, que pretende ser dorado pero termina siendo un mediocre patito. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Martín Waisman&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Infancia&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Animales; perros, gatos, patos, gansos, pavos, gallinas, pollitos, conejos, caballo, pony, potrillo. Jardín, árboles; roble, sauces, ceibo, flores (muy pocas). Tierra, mucha tierra, barro, mucho barro. Veranos; pileta, sol, escondidas, poli-ladron, mancha, quemado. Inviernos; frío, salamandra, humo. Martes y domingos. Don Torcuato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así como transcurrió la mitad de mi infancia, aquella que tenía a mi papá y a su casa como protagonistas. Donde junto con mis hermanas vivíamos miles de aventuras, rodeadas una granja que fue creciendo por casualidad, por el cariño a los animales y por no contentarse con tener solo un perro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;María Sol Ramírez&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Desde abajo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Máximo, Don Vicente, Cabello de ángel, Cica, Sopuré, Molino, Ledesma, Chango, Rosamonte, Cruz de malta, Taraguí, La Tranquera, Rosa Blanca, Blancaflor, Exquisita, Favorita, Terrabusi, Rumba, Bagley, Pepas, Pepitos, Chocolino, Zucoa, Nesquik, Tody.&lt;br /&gt;Paleta, Roast Beef, Nalga, Bola de lomo, Peceto, Osobuco, Espinazo, Lomo, Cuadrada, Cuadril, Bifes anchos, Bife angosto, Asado, Entraña, Matambre, Vacío.&lt;br /&gt;Maxiconsumo, Vital, el Ciclón, el flaco, carretas, boletas, vendedores, cintas, carteles, muchos números, gente comprando, calculadoras, lapiceras, cajas, arriba del carrito, sobre las cajas.&lt;br /&gt;Caja, monedas, billetes, caramelos, balanza, máquina, cuchilla, picadora, pinza, mostrador, bolsas, envases, tarima, tabla, ganchera, gancho, heladeras, cortina, timbre, vidriera, rejilla y olor a lavandina.&lt;br /&gt;Mi hermano y yo nos quedábamos detrás de la puerta, en el pasillo (que comunicaba al negocio con la casa), hasta que mis papas bajaban la persiana por la mitad. Nos pasábamos toda la tarde jugando al vendedor y el cliente.        &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Patricia D. Partarrieu&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-8823792762945456680?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/8823792762945456680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=8823792762945456680' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8823792762945456680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/8823792762945456680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/05/recuerdos-san-lorenzo-el-mejor-regalo.html' title='Recuerdos: palabras yuxtapuestas.'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-7117564831594913772</id><published>2010-04-29T16:59:00.000-07:00</published><updated>2010-04-29T17:31:22.929-07:00</updated><title type='text'>Una autobiografía: Ave Fénix</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando me senté a pensar cómo y qué escribiría en esta autobiografía, de inmediato me encontré con un problema: ¿Qué fecha de nacimiento determinar? Este dilema no se corresponde con una carencia de datos, como le sucede a muchos, sino todo lo contrario. Tengo toda la información pertinente a la identidad con la que, en un principio, me socializaron. Sin embargo, ya no sé si soy aquella persona. Nací por lo menos cuatro veces, y determinar cuál de esos nacimientos se vincula más con quién soy hoy, fue una de las tareas más difíciles que tuve que realizar.&lt;br /&gt;Creo justo empezar con mi nacimiento biológico, que lógicamente ha sido el primero y a quien le debo mi yo de carne y hueso. El catorce de septiembre de 1989, de parto natural y con mi padre presente, arribé en el hospital de niños de La Plata y de inmediato me asignaron grupos sociales: “Éste tiene que ser rugbier como vos, Pepe” le decían a mi viejo a cuenta de mis anchas espaldas. O “Parece E.T.” condenaron los celos de un hermano que por cuatro años había gozado de la unicidad filial. Lo cierto es que no crecí ni rugbier ni extraterrestre, valga la redundancia. Quizá porque a los tres años, jugando a los soldados entre los médanos de La Paloma, me separé de mi familia, y todavía no estoy seguro de que me hayan encontrado. “Mi papá es un hombre panzón y pelado, con un auto rojo” fue todo lo que supe decir, y terminé con una familia igualmente compuesta que la mía. ¿Pero, qué tal si fuera mi propia historia del príncipe y el mendigo?&lt;br /&gt;Como príncipe viví. Eso es seguro. Disfruté de la burbuja de los 90, con juguetes a “uno a uno” y turismo internacional. Pasé mi niñez en los verdes suburbios del norte platense, con vida de barrio, parque y pileta; disfruté mi infancia con la inconciencia típica que algunos llaman inocencia. Pero la burbuja explotó, y la década se acabó.&lt;br /&gt;En diciembre de 2001 volví a nacer. Nació mi consciencia de la sociedad, quién era yo dentro de ella y cuál era la esperanza que ella descansaba sobre mis hombros. Asumí este nuevo yo, radicalmente diferente del príncipe, lleno de responsabilidades, dispuesto a arremangarse, con sus cortos doce, para salir adelante.&lt;br /&gt;Pero poco tiempo después, también nació en mí el adolescente que contra su propia obediencia se rebelaba. El doctor Jekyll y el señor Hyde me dieron las explicaciones que necesitaba para comprenderme a mí mismo, y al descubrir aquel valor de la literatura se produjo un cambio tan inmenso que hizo imposible encontrar una continuidad con todo lo anterior. Así nací por tercera vez: en y por la literatura.&lt;br /&gt;De allí en más, Rowling me dio un mundo paralelo de amigos que crecieron conmigo; Tolkien me enseñó lo aburrida y complicada que es la taxonomía; Julio Verne me alentó a imaginar el futuro; por Edgar Allan Poe odio a los gatos y le temo a mi casa (aunque, en esto último, Cortázar también ha colaborado); Herman Hesse y Salinger me obligaron a encontrarme conmigo mismo; de Saint-Exupéry aprendí sobre los autoritarismos… y sobre mi madre; de Shakespeare y Fisher, sobre la psicología y las emociones; Elisa Roldán y Alejandro Corchs me comunicaron el valor de la identidad; Isaac Asimov me hizo razonar la razón; y Marguerite Yourcenar me condenó a amar a un muerto…Pero por sobre todos ellos, está Isabel Allende, que con una realidad mágica me introdujo en La casa de los espíritus, suavizó la crudeza en los peores momentos que he vivido y me salvó de no bajar los brazos. Trascendió el papel y llegué a quererla por su historia, por las palabras suyas que leí, y por sobre todo, por las que aún me reservo para cuando tenga la fortaleza de leerlas: Paula.&lt;br /&gt;Fue entonces que el universo se embarazó de nuevo. Nuevos golpes me sacudieron y yo ya no podía ser el mismo que antes, principalmente porque ya no quise serlo. Sentí la necesidad de “El Gran Pez” que para crecer más necesita una pecera más grande, y me fui en busca de mí mismo. Solo, viajé al reino de Oscar Wilde y conocí el viejo mundo con él en la valija. Fue estando allí, bien lejos de lo que había sido, que sentí una atracción hacia todo lo que en mi hogar había ignorado hasta entonces. Por eso, antes de capitular el periplo, decidí visitar, de la mano de Sábato y Galeano, algunos pueblos originarios de Latinoamérica.&lt;br /&gt;Marguerite Yourcenar hace a Publio Elio Adriano decir muy acertadamente que “pocos hombres aman durante mucho tiempo los viajes: esa ruptura perpetua de los hábitos, esa continua conmoción de todos los prejuicios". Sin embargo, es esa conmoción precisamente lo que permitió dar a luz al último yo en estos cuatro lustros. Si primero fui inocente, luego fui Jekyll y después el Señor Hyde; entonces, tras estas experiencias, volví a nacer en una nueva conciencia de ser. Soy un infante, que da sus primeros pasos. Independiente y optimista; latinoamericano y progresista.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Juan Francisco Lojo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-7117564831594913772?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/7117564831594913772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=7117564831594913772' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7117564831594913772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/7117564831594913772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2010/04/una-autobiografia-ave-fenix.html' title='Una autobiografía: Ave Fénix'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-104299043658775369</id><published>2009-12-08T17:15:00.000-08:00</published><updated>2009-12-08T17:20:02.336-08:00</updated><title type='text'>El futuro llegó hace rato</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El futuro llegó hace ratoTodo un palo, ya lo ves!Veámoslo un poco con tus ojos...&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El futuro ya llegó!Yo voy en trenes!(no tengo donde ir...)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algo me lateY no es mi corazónCómo no sentirme así?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¡si ése perro sigue allí!¿qué podría ser peor?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;eso no me arregla..eso no me arregla a mi!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota – Todo un Palo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5413039601064214082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 233px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P5glpBCubw4/Sx761nCN_kI/AAAAAAAAAMw/dJMtSdyP6oY/s320/pibe.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Jóvenes del presente, jóvenes sin futuro porque el hoy no les depara nada para el mañana.&lt;br /&gt;Otra de las tantas imágenes que no sólo vemos por foto, sino también con nuestros propios ojos. Una postal de la cruda realidad que enfrentan para poder sobrevivir en la jungla de cemento.&lt;br /&gt;Y así como tenemos esta generación de pibes que recorren la ciudad, están los vagabundos. Esos de barba larga que vemos descansar sobre la entrada de cualquier banco, como si cuidaran nuestros ahorros. Esos que viven de traje, negociando el pan de cada día en alguna calle nueva.&lt;br /&gt;Ambos, unidos por la realidad que les toca vivir, unidos en común por la marginalidad que nosotros provocamos. Como alguna vez dijo Bourdieu: “La naturalidad del hombre para destruir todo llevo a especies a conocer el ojo del olvido”. Y así es, el tiempo pasa y cada vez tenemos menos para vivir, menos para los demás, apartándolos de todo.&lt;br /&gt;Me he puesto a pensar sobre aquellos que viven entre el lujo y la codicia, ¿Qué sería si pasan un día como ellos, en esa situación? Sin dramas ni exageraciones creo que estos actores de la calle poseen la virtud de sobrevivir, de caminar y crear una sonrisa frente a lo que para otros puede ser llanto.&lt;br /&gt;La calle es un mundo aparte, es nuestro cable a tierra, lo que nos conecta con la realidad.&lt;br /&gt;Dinámica y salvaje, así la siento cuando piso cada baldosa de esta ciudad.&lt;br /&gt;Lo puedo confirmar con el cuento “Lo maté sin querer” de Reynaldo Sietecase. Ese relato que muestra la vida de un joven, otro de los tantos que no salieron en la foto por tener otras obligaciones. La de Mario Serra no es juntar comida o cartones de los containers de basura, nada de eso. Él se ensucia las manos de otra forma. ¿Con qué? Con un arma. Si, esas que se ven en las películas y más a menudo en los canales de noticias. Esas que usted piensa en comprar porque no soporta más la inseguridad.&lt;br /&gt;Mario Serra, el chico del cuento decidió tener una después que le robaron todo y volvió descalzo a su casa. Estaba en el negocio de la droga, un viaje de ida según dicen…un viaje que lleva a la perdición.&lt;br /&gt;En el cuento el que no volvió fue el taxista, el pobre Jorge Calgari, que hizo el último viaje con su Fiat Duna. El pibe tenía que hacer unas entregas y la novia esperaba su presencia más tarde, por lo que optó parar un auto de techo amarillo para ganar tiempo. El tachero se negó a pasar para Provincia, por lo que el chico se puso nervioso y ante un movimiento en falso del conductor, optó por dispararle. Luego, lo dejó tirado en la calle, cerca de una comisaría. Una ambulancia del SAME llegó para cargarlo y llevarlo de compromiso, ya que no podían hacer otra cosa con su vida. Mario siguió ruta y para calmar o elevar la adrenalina, aspiró ese azúcar toxico que lo hizo pensar en otra cosa mientras terminaba el recorrido.&lt;br /&gt;Una vez finalizado, fue a buscar a Betty, su novia. Ella le pidió ir a Lujan a ver la Basílica, y él, regalado ante su amor, no tuvo otro remedio que ceder.&lt;br /&gt;A la salida, dos policías se lo llevaron. Ya estaba todo perdido...&lt;br /&gt;¿En qué se relacionan Mario y el chico de la foto? Seguramente en nada, pero lo cierto es que son dos realidades que tenemos en nuestra sociedad. Los rumbos que tomaron ellos son distintos, pero parecidos a los de miles de chicos que están sin techo, sin familia y sin amor. Igual que el vagabundo, perdido en el espacio, caminando sin destino.&lt;br /&gt;Analizando la tesis de Paul Ricoeur en la cual establece que la narración se origina en la vida y vuelve a ella y tomando los conceptos de mimesis, en el cuento “Lo mate sin querer” podemos analizar que la mimesis I, la de la prefiguración, es la idea, la experiencia de haber visto o escuchado algún relato, o algún conocimiento previo. En este caso, la delincuencia juvenil y su relación con las drogas.&lt;br /&gt;El acto de configurar estos conceptos en una novela dirigida a un lector constituye la mimesis II. Éste, lee y aplica el sentido que la obra tiene para él, transfiriéndolo a su propio mundo y relacionándolo con sus propios pensamientos, costumbres, creencias e ideas en lo que sería la reconfiguración.&lt;br /&gt;La mímesis III es otra vuelta de tuerca hacia la vida, como intersección del mundo del texto con el del lector, constituye el momento de la lectura y de su aplicación, en términos de fusión de horizontes y es también la transformación del texto en obra. La lectura retoma la compresión práctica configurada en el texto y la sobredetermina produciendo un "aumento de realidad".&lt;br /&gt;Dice Ricoeur: es el lector quien “recobra y concluye el acto configurante”.&lt;br /&gt;¡Y donde hacemos eco de las palabras de Ricoeur, más que en la realidad! Ese lugar donde pensamos y vivimos nuestra ficción.&lt;br /&gt;Noticias de ayer invaden y en cierto sentido manipulan nuestro momento de reinterpretación. Robar se ha transformado en una necesidad, más que un trabajo. ¿Por qué? Porque si no roban, no pueden sobrevivir. El ghetto que crean los medios, desinformando a la sociedad, tejiendo poco a poco ideas sobre exclusión, cuando lo que se necesita para erradicar este problema que tenemos es todo lo contrario. La integración es el acto de comprensión, de análisis y aceptación al otro. Tampoco quiero avalar el delito, nunca estuvo más lejos esa idea. Se venden problemas y se buscan soluciones, asi es el sistema, entonces ¿qué debemos hacer?&lt;br /&gt;Sietecase nos muestra el caso del joven Mario Serra, ese chico que vivía en un barrio donde las oportunidades de salir adelante no abundan, donde la realidad es otra. La historia del niño que vendía droga para poder comer, como si fuese un jueguito en su vida. Las fichas son las balas que pone en su arma, no las supo repartir bien y su cielo oscureció a la salida de la Basilica de Lujan. La droga, la calle, la miseria. Un hecho cotidiano, de esos que consumimos por C5N, Crónica y tantos otros canales. Esos que terminamos viendo con resignación y para peor, con cierta naturalidad. Muertes, robos, caos e inseguridad es el menú diario de los argentinos todos los días y a toda hora.&lt;br /&gt;Es necesario ver el más allá, lo que hay detrás. Un edificio nos puede producir admiración por su fachada, su presencia, aunque por dentro se caiga a pedazos.&lt;br /&gt;Con las personas pasa lo mismo, no debemos quedarnos con esa primera imagen que compramos desde una TV, radio o diario.&lt;br /&gt;Pensar es un verbo que usamos cada vez menos, un verbo que nos abrirá las puertas al lado B de la noticia, “con esas sienes ardientes que son todo el tesoro…“ (Indio Solari en el tema Juguetes Perdidos)&lt;br /&gt;Una foto, una historia, un momento, una realidad: Robar para comer, Comer para vivir, Vivir para morir…&lt;br /&gt;¿Hay otro camino?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Educación, respeto, trabajo, tres palabras cargadas de peso y valor. Son las que hoy en día no abundan, son las que se perdieron hace rato.&lt;br /&gt;La cultura cambia, las modas nos mienten fantasías y mientras unos duermen tranquilos, otros están despiertos, más despiertos que el sol cuando sale a iluminar los rostros de los vagabundos dormidos en las puertas de algún banco.&lt;br /&gt;¿Y la infancia? Ese tesoro de los inocentes, que brilla cada día menos, que se oculta para que algunos no lo encuentren. Cuando algunos están en la plaza jugando en la hamaca, otros están fumando paco y viendo donde cometen el nuevo atraco del día. Si se perdieron los valores, tratemos de que no pierdan la infancia, ese libro introductorio que todos deben tener, ese libro lleno de risas, lágrimas y experiencias, de amor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.&lt;br /&gt;Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo!”&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Juan Ignacio Caballero&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;1&lt;/a&gt; - Manifiesto Zapatista (1996) “Cuarta Declaración de la Selva Lacandona”, México. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-104299043658775369?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/104299043658775369/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=104299043658775369' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/104299043658775369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/104299043658775369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/12/el-futuro-llego-hace-rato.html' title='El futuro llegó hace rato'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_P5glpBCubw4/Sx761nCN_kI/AAAAAAAAAMw/dJMtSdyP6oY/s72-c/pibe.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4666517277284009713</id><published>2009-12-06T12:41:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T12:43:42.271-08:00</updated><title type='text'>Ensayo: La ciudad “ómnibus”: un espacio para todos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;“Tenemos que irnos porque&lt;br /&gt;está por venir el celador a cerrar la plaza”&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;I- La fiebre del hierro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La vida porteña aparenta ser una lucha contra la inseguridad ¿La ciudad es, tal como afirma Zygmunt Bauman,  la arquitectura del miedo?&lt;br /&gt;Pareciera que las rejas-en las plazas de la ciudad de Buenos Aires- buscan marcar una frontera entre un “nosotros “y un “ellos”, entre el orden y la naturaleza salvaje, entre la paz y la guerra&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#000000;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El espacio público es víctima de la batalla urbana contra la inseguridad. Esta batalla se manifiesta en la paranoia y el  miedo al peligro que es omnipresente y está instalado en nuestra mente y, tal como desarrolla Zygmunt Bauman, en el corazón mismo de la ciudad. El enrejamiento de los sitios públicos, tal como los espacios verdes, es  producto de la  necesidad de dirigir nuestro excedente de temores a los que no podemos dar una salida natural. La salida la  encontramos tomando elaboradas precauciones contra todo el peligro visible o invisible, presente o previsto, conocido o por conocer, difuso aunque omnipresente: nos encerramos entre muros, tal como Zygmunt Bauman lo describe. El espacio se estructura como una mera construcción edilicia pareciéndose a un espacio privado.&lt;br /&gt; La fiebre del hierro, está abordando nuestra ciudad y nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II- Redescripción de la vida: el ómnibus y la plaza&lt;br /&gt;En el momento de experimentar, tal como Paul Ricouer define a la mimesis I, la plaza, que  es un lugar para todos,  es parte de nuestro corazón porque en ella vivimos momentos de la vida dignos de ser narrados por la ficción en medio de la ciudad. Otro lugar para todos es  el colectivo. El recorrido que hacemos cotidianamente muchas veces, nos hace recordar momentos del pasado. En ambos espacios públicos, la realidad se redescribe en el encuentro con el otro, hay significados que se intercambian: es la vida misma la que entra en un juego simbólico. Cuando nos topamos con la ficción ponemos en juego como lectores nuestras capacidades, llevándose a cabo un intercambio: es un ida y vuelta entre el lector y el texto, tal como Paul Ricoeur define a la mimesis III.  De esta manera, podemos redescubrir hechos del pasado y con ello  construir a través de la lectura de ficción, una nueva visión de ciudad.&lt;br /&gt;La ficción nos pide a gritos libertad para expresarse y poder narrar la ciudad como un espacio a recorrer del cual Irene Klein sugiere que mediante la ficción conozco más mundo, conozco el drama de la existencia humana. Y tal como Paul Ricoeur afirma en su obra,  las vidas humanas necesitan y merecen contarse. Es en la ciudad donde los seres humanos nos desarrollamos, y en ella las historias que se forman merecen un  reconocimiento y ser contadas como tales por la ficción. Por eso es necesario mantener los espacios públicos, para que las historias sigan de pie, sigan su curso, puedan continuar mediante la ficción. Así, por medio de la  ficción redescribimos la ciudad para todos. Como seres humanos, tenemos la necesidad de contar el recorrido de nuestra vida por la ciudad. La ficción es una herramienta eficaz utilizada por tantos escritores como Cortázar para redescribir la ciudad y contar la propia vida y la de las demás vidas humanas. La ficción lee a la ciudad repensando sus sentidos en el miedo y la inseguridad, y como espacio donde se cuentan las historias de los seres humanos.&lt;br /&gt;La ficción golpea la puerta para entrar a la ciudad y contarnos la historia de tantos seres humanos dignos de ser contadas, porque si la ciudad es para todos, la construimos entre todos. Y son esas historias las que la ficción utiliza para contarnos y ver lo que hay en nuestra metrópoli. La ficción, con su magia,  nos da la mano para que  nosotros como lectores  podamos repensar el viaje en un colectivo o la estadía en una plaza, así como también las fronteras que existen entre lo público y lo privado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El espacio público, en algunos casos, no es verdaderamente para todos. Como afirma Zygmunt Bauman, el espacio es “publico” en la medida en que los hombres y las mujeres a los que se les permite la entrada y  tienen posibilidades de entrar no son preseleccionados.&lt;br /&gt;Dentro del espacio de la ficción,  la muchacha del cuento de Cortázar encuentra en el cartel de la puerta de emergencia, tal como se narra en el cuento, una zona de seguridad, una tregua donde pensar sucediendo lo mismo en las plazas. ¿Realmente una reja da seguridad?&lt;br /&gt;Probablemente, en la mente de Cortázar haya existido la experiencia personal de haber pensado viajando en ómnibus. En medio del encierro, quizás haya dejado ese espacio donde pensar para darle escape al encierro, estableciendo a la ficción como salida de emergencia. La ficción fue usada por Cortázar y por otros tantos como él para darle cause a los pensamientos que corren en cada espacio de la ciudad. Quizás, haya sido el mismo Cortázar quien haya viajado en el 168, o probablemente, haya tenido algún recuerdo de su vida cerca del cementerio, tal como se narra en el cuento, que lo hizo repensar y redescribir mediante la  experiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III- Recuerdos que no voy a olvidar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era chica, siempre me gustaba jugar en la plaza. Al pasar unas horas, mi mamá me decía “Nos tenemos que ir porque el celador está por venir a cerrar la plaza” y yo respondía “un ratito más”, aunque nunca me había cuestionado su planteo ni mi respuesta hasta ahora. Nunca vi ni al celador  ni a la  llave que cierre la plaza. Ahora, hay enrejado, cerradura y llave. La idea de que había que irse porque venía el celador gobernaba mi mente cuando era pequeña pero hoy ha desaparecido.&lt;br /&gt;La plaza y el ómnibus son lugares de unión, donde miles de personas comparten y redescubren la propia existencia en  el intercambio con el  otro. No es como el colegio, donde uno se junta con gente de su edad y de más o menos las mismas condiciones de vida, más bien, en la plaza no hay horarios, o no los había. En la plaza están los niños, los adultos que acompañan, los amigos que se juntan a tomar mate, los que practican deportes, los que hacen tiempo y leen un libro.  En el colectivo, están quienes se trasladan de un lugar a otro, ya sea trabajo, estudio, casa, paseo, visitas a familiares, trámites, médicos, diligencias y hobbies.&lt;br /&gt;Cada baldosa, cada colectivero, cada banco, cada asiento, cada árbol, cada recorrido guarda una historia, un recuerdo, una ilusión, un sentimiento que merece ser contado. ¿Qué pasaría si fueran más respetados?&lt;br /&gt;La ciudad es un ómnibus para todos. No dejo de tener en cuenta que la cuestión de “para todos” abarca cuestiones más profundas que exceden a este trabajo, pero que no dejan de estar presentes.&lt;br /&gt;La plaza no es una casa donde hay paredes, techo y estructuras que le dan forma. La amalgama la produce el encuentro entre las personas reconstruyendo el espacio público como lugar de encuentro. Es allí donde la vida, mediante la experiencia, es redescubierta por la ficción. Quizás la plaza se haya transformado en  una cárcel verde, visto como una metáfora de la vida urbana abriendo a repensar el panorama que divide lo público de lo privado. Si las plazas forman parte del espacio público, ¿enrejarlas no sería negar nuestro derecho a utilizarlas libremente? En medio de esta marea que sube, la ficción nos da la libertad para expresarnos y mostrar la ciudad en que vivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV - Verde que te quiero verde&lt;br /&gt;             Por un lado, una reja refleja el símbolo de la seguridad pero ¿es suficiente para combatir la inseguridad? ¿Existe realmente la inseguridad o es producto de la paranoia? Mientras tanto, una de cada cuatro plazas está enrejada.&lt;br /&gt; Por otro lado, el ómnibus presenta una estructura que hace repensar la distancia que existe entre lo público y lo privado, llevando a reflexionar mediante la ficción los caminos que recorremos diariamente.&lt;br /&gt;En la ciudad se celebra el arte de lo desconocido, unidos por los miedos, las inseguridades alimentadas, pasajeras, cercanas o lejanas. La ciudad tiene aroma a inseguridad cuando la recorro, tiene  más sabor viendo más allá del primer horizonte. La ficción saca a la luz el sentido escondido detrás de la primera visión de ciudad. Y luego de ésta, se encuentra la ciudad vista desde el catalejo de la ficción. Porque las historias de vida de los seres humanos no deben detenerse y contarse sin barreras porque se lo merecen, nos lo merecemos.&lt;br /&gt;La ficción ayuda a construir una ciudad como nos gustaría o como la soñamos, porque a partir de los recuerdos que tenemos podemos construir una historia o narrar un cuento a partir de un hecho sucedido: así lo hizo Cortázar en “Ómnibus”. Quizás este escritor haya recorrido ese tramo en colectivo y se haya sentido “perdido” en medio de esas personas construyendo así su visión de ciudad.&lt;br /&gt;¿Por qué enrejan las plazas? ¿Para que no se roben los árboles? ¿Por qué el encuentro entre personas diferentes causa tanto peso para la muchacha del cuento mencionado?  &lt;br /&gt;            “Recuerdos que no voy a olvidar” dijo Fito Páez en una de sus canciones ¿y si la arquitectura del miedo se lleva nuestros recuerdos, que hacemos? ¿Y si la ciudad no hablara a través de la ficción, qué haríamos? No creo que esto pueda suceder, porque las vivencias se llevan adentro y debemos dejarlas crecer para que esos relatos urbanos salgan a flote.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Natalia Orsi&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[&lt;span style="font-size:85%;"&gt;1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt; Zygmunt Bauman: “Vida Líquida: refugiarse en la caja de pandora o miedo y seguridad en la ciudad”&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4666517277284009713?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4666517277284009713/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4666517277284009713' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4666517277284009713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4666517277284009713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/12/ensayo-la-ciudad-omnibus-un-espacio.html' title='Ensayo: La ciudad “ómnibus”: un espacio para todos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-9098753305383788891</id><published>2009-12-06T12:35:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T12:38:37.245-08:00</updated><title type='text'>Crónica: Ciento un cerámicas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;   En una semana que nace, en un nuevo lunes que comienza, a las ocho en punto de la mañana en la estación subterránea de retiro, las fieras bajan las escaleras en una carrera de atropellos e insultos. Mucha automatización, mucha voracidad. La gente solo fija la vista hacia adelante. No miran a los costados o atrás. Chocan con todo aquello que se les interponga.&lt;br /&gt;   Una senda marca el camino a seguir mediante huellas de zapatillas embarradas. El camino va desde el primer escalón hasta la plataforma del subte. El escenario es el mismo de siempre. Los pisos aguados y pegajosos, gente chocándose paso a paso, los trabajadores que tarde a la oficina llegan, mujeres que gritan y el olor a orina fresca que deambula libre por los aires. Todos se dirigen rápidamente al molinete porque el tren se les escapa, los que caminan lentamente o los que se mandan un pequeño trote, los que se detienen a medio camino o los que se arrepienten de vagón. Cientos y cientos de personas multiplican estos comportamientos a la hora de entrar a la formación.&lt;br /&gt;   En el largo pasillo donde el metro estaciona y abre sus puertas para que los pasajeros entren, hay una imagen compuesta de cien cerámicas estampadas en la pared. La pintura muestra a un niño de pequeña edad con ropa harapienta y una mirada llorosa en una cuidad con altos colores grisáceos. Al lado de esta triste imagen, una muchachita de carne y hueso, con pelos largos y enredados, pronuncia miles de veces las mismas preguntas: ‘’ ¿Cómo anda?’’. ‘’ Hola señor, ¿no tiene una moneda?’’ ‘’ ¿me daría un poquito de su alfajor?’’&lt;br /&gt;  Nadie percata su presencia. Su llamativa apariencia no se ve, y esa invisibilidad se agrava más cuando el servicio de trenes está en retardo. Los que murmuran insultos, los que empujan y miran para otro lado o de lo contrario, proponen un choque de miradas hostiles, ya no son solo los que suben al subte sino también los que bajan.&lt;br /&gt;El ruido y el grito incesante de hombres y mujeres hablando por celular, los televisores a todo volumen transmitiendo siempre la misma propaganda, los vendedores ambulantes con su mismo discurso y las bocinas de los trenes conforman el entorno de la niña. Un entorno que a la vez podría ser una gran pintura.&lt;br /&gt;   En vano está, aún cuando baila, sonríe y canta. Nadie se da cuenta aunque con felicidad lo sigue intentando. Saluda y no le responden pero sigue intentando. Mira atentamente todo lo que sucede y espera que alguien le brinde una mano. Y así pasa largas horas en el mismo lugar. Cuando llega el momento de la siesta, ya cansada por una mañana agotadora, se tira a dormir a un costado de la imagen. El gigantesco reloj de la estación sigue girando y la niña es para los demás solo una cerámica más.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;em&gt;Juan Luis Linarello&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-9098753305383788891?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/9098753305383788891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=9098753305383788891' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9098753305383788891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9098753305383788891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/12/cronica-ciento-un-ceramicas.html' title='Crónica: Ciento un cerámicas'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-9194351915417951382</id><published>2009-11-24T13:23:00.000-08:00</published><updated>2009-11-24T13:25:14.721-08:00</updated><title type='text'>Ciudad y Ficción: Horizontes catalejísticos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;No es lo mismo, cinco millones de habitantes por ciudad;&lt;br /&gt;que cinco millones de ciudades por habitante.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es de creer que la humanidad ha querido recompensar a Colón por haber completado el mundo, dedicándole otro mundo de papel y de tinta”. Marqués de Cinchelat&lt;br /&gt;La ficción ha sido siempre la obstetra de la pujante realidad.&lt;br /&gt;Inicialmente, todo origen, por más sangre involucrada (porque la sangre también es inicio), es prestado a cuidado de la ficción. Cabría preguntarse se existe principio que no contenga indicios de haber sido más o menos criteriosamente tratado por el obrar de la ficción. Todo nos hace pensar que la alborante rúbrica de ésta construye parcialmente, en la medida en que no lo hace de forma totalizante, modos de presentar tal o cual concepción que por lo general se transmiten inconcientemente.&lt;br /&gt;Son estas modalidades inconscientes las que dibujan soberanos mapas culturales, que en decisión y consigna poseen usualmente límites inexplorados.&lt;br /&gt;Asimismo, la ficción hace lo propio con la ciudad, ese quiste urbano donde residen conjuntamente un grupo considerable de colonos.&lt;br /&gt;Cuando se piensa en un mapa de la ciudad, en una descripción de la ciudad, se nos aparece una disposición estructurada en basamentos culturales, de impresionante solidez; por ejemplo, la imagen geométrica con la división de planos donde figuran calles y alturas sobre una superficie completamente plana.&lt;br /&gt;Sin embargo, estas acepciones ligadas a los mapas de las ciudades no son inamovibles e impertérritas, sino que sufren, como todos los conceptos, cambios radicales o no ante los golpeteos del ariete de la ficción.&lt;br /&gt;Llegar a desmantelar, transformar, levantar(si es que no a destruir) nuevas ciudades a través de la ficción es de hecho dedicar, cual Cristóbal Colón, un nuevo y gigantesco mundo de papel y tinta, más amplio, más expandido del que conocemos, pero no por ello más realista, sino simplemente, más ficcional.&lt;br /&gt;Hacer desde luego hincapié en esta discriminación es entender en efecto que la ficción no se construye única e invariablemente del mismo modo en que lo hace la realidad empírica, ni siquiera respeta, estima o se formula bajo las mismas leyes espacio temporales que esta. Así, por ejemplo, el sentimiento de lo fantástico, según hace uso de él Cortazar, se filtra en la llovida cotidianidad de Todo puede suceder de Palo Ramos conforme un zapato es la inquietante hendidura por la que se desplaza el extrañamiento y el propio relato.&lt;br /&gt;Entonces, a partir de un zapato, medio par de zapatos, una leyenda casi de fábula, casi cenicienta, una condensación entre la ficción y la ciudad perceptible, entre una ciudad que llega y otra que es devuelta entre premisas de una broma y rastros de anhelos poéticos; se deduce la propuesta ficcional de toda ciudad.&lt;br /&gt;Una ficción propone recetas, incluso una ciudad puede entenderse por un platillo, pero sin lugar a dudas, cada preparación (cada relato) constituye, como afirmaría Paul Ricouer, una resignificación constante del espacio urbano.&lt;br /&gt;Siguiendo esta idea,  toda ciudad es objeto de relato (existen casos en que la misma urbe es sujeto o personaje del relato). Lo es, en sumo modo, en tanto, sin mayores aspiraciones, una ciudad, lo mismo que todo un pueblo, puede encontrarse en el relato simbólico de una moneda. La expresividad de la ciudad, depende enteramente del cuidado ficcional sobre la realidad dada. “Crónicas del Ángel Gris” un libro de Alejandro Dolina, que más allá de ser la antología de muchos de sus cuentos es un extraño compilado en forma de monografía, quizás nos permita reubicar esta idea de cuidado ficcional. Dolina escribe sobre su barrio, el barrio de Flores, pero de un modo maravilloso. Negándose a respirar los humos de lo ortodoxo, diseña un Atlas de Flores totalmente impensado, rompiendo con los mapeos más convencionales y previsibles, aquellos que señalan avenidas o vías de ferrocarril. Confiado de que la cartografía es exactamente una falsedad y más un elemento de desorientación que de orientación, el autor menciona que existió tiempo atrás en Flores la preocupación de dar noticias más profundas y ecuánimes sobre el barrio. Aquellos prodigiosos conocedores, dibujantes, viajeros, fotógrafos, cronistas, que no son otra cosa que colonizadores, hombres de ficción, aunaron fuerzas para ilustrar el barrio en toda su “realidad”. Empezaron entonces por consignarlo todo: el curso y la dirección del agua podrida junto a los cordones, la altura de los timbres, el itinerario de los vendedores ambulantes, las verjas con perros repentinos, la ubicación de las casas embrujadas, las entradas al infierno, los sitios más propicios para la siesta del día 6 de febrero, y numerosas otras particularidades que por respeto a la humildad sintáctica no podemos mencionar. Sin embargo, parece ser que el punto está claro. Como vemos, la búsqueda de los personajes es impulsada, a través del padre creador, por vientos de ficción casi irrisorios que nos dejan a merced del descubrimiento de un nuevo mundo totalmente extraño y diferente de aquel que conocemos, pero constituido en base a los mismos materiales. Es la fuerza de percepción la que aquí funciona como una brújula que nos encamina hacia nuevas significaciones de lo ya conocido.&lt;br /&gt; Seguro es saber que la ficción no puede abordar toda la dimensión de lo real, pero si puede supeditar buena parte de ella a sus ordenamientos y caprichos. Con esto no se trata de decir, que la ficción utilice avasalladoramente sus estrategias y tópicos más allá de lo que las cualidades de lo real le permitan, porque de ser así, perdería toda coherencia lógica, toda relación con su materia prima. Esto es pauta válida para todo proceso fantástico.&lt;br /&gt;Ahora bien, ¿cuáles son las estrategias, o más bien los modos con las que cuenta la ficción para permitirnos ampliar los consabidos horizontes urbanos? ¿Más valdría  pensar qué la ficción no trabaja de forma afásica- aunque particularmente en el cine mudo este caso se dé- sino que posiblemente opera de modo tal que las implicaciones de su funcionamiento revelen en el enunciatario (para no errar en decir solo lector) transmutaciones de lo posible? De ser así, nos inclinaríamos a pensar que, valiéndose de rótulos o rubros genérico/temáticos como pueden ser el resguardo en el hogar del mundo o la concatenación de hechos insólitos que traspasan estos mundos, la ficción, en Todo puede suceder, nos muestra una ciudad difícilmente asimilable a la imagen de simple planos con calles. La posibilidad entonces, vuelve creíble lo impensable, desata prejuicios culturales y levanta nuevas categorías o ejemplos de ciudades “colonizadas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciudad y Pluma   &lt;br /&gt;La pluma redescubre a la ciudad. Para hacerlo, omite, arrebata, transforma, dilata, devela, recopila fragmentos de ciudades encasillados con anterioridad, haciendo uso de visiones subyugadas a temas específicos, por ejemplo, la violencia, o la inmundicia. De la noche a la mañana, la pluma teje un capullo que permite a la ciudad perfeccionarse (sin entrar en figurativos) y arremolinarse en un proceso de metamorfosis cuántica que depende enormemente de esta perspectiva de orientación. Llegado al caso, una ciudad puede ser sinónimo del tema que se propone tratarla; en “Lydia en el canal”, de Marcelo Cohen, la ciudad nos huele tanto a un basural como a un epílogo de un destino que no se haya geométrica ni potencialmente muy lejos de él.&lt;br /&gt;Para llegar a comprender la fortaleza de las escenografías producidas por la ficción debemos embarcarnos en la experiencia misma que nos permita integrarnos a esa realidad que se nos muestra. No hace falta ser escritor ni mucho menos, solamente se requiere el libre desenvolvimiento de la imaginación que permita perturbar la herrumbre de lo arcaico para reformarlo en un sentido reconstitutivo y abarcativo. De otro modo, las concepciones respecto de la ciudad con las que miremos nuestros alrededores impedirán la transcendencia de los horizontes urbanos que tanto se precia de ofrecernos la ficción, sea en literatura o en otro arte. Navegar fue para Colón descifrar aquellas conjeturas que empañaban los lentes de un catalejo, aún cuando él mismo no haya sido, en realidad no lo sabemos, quien esgrimiese la pluma del descubrimiento.   &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;Pedro Galmes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-9194351915417951382?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/9194351915417951382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=9194351915417951382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9194351915417951382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/9194351915417951382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/11/ciudad-y-ficcion-horizontes.html' title='Ciudad y Ficción: Horizontes catalejísticos'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-4429391462873324080</id><published>2009-11-22T05:11:00.000-08:00</published><updated>2009-11-22T06:15:15.762-08:00</updated><title type='text'>Ensayo: La ciudad de las telarañas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me vi sumergida en una escena de película hollywodense. Sería algo así: La joven sintió un escozor cuando reconoció, en el libro que llevaba en sus manos, los lugares que su rutina le hacía recorrer diariamente. Aun más extrañada se sintió cuando el personaje del relato alcanzó el tren que va de Retiro a Tigre, el mismo en el que iba ella en ese momento. La concentración a la que la tenía sumida la lectura del cuento, sin embargo, no le permitió detenerse demasiado en la coincidencia. Pero el sobresalto fue inevitable cuando, tras leer las tres últimas líneas, que contenían el trágico final del protagonista muerto debajo del tren en la estación Olivos, la joven levantó la cabeza y vio, como una risa del destino, las palabras, la estación que acababa de pasar: Olivos.&lt;br /&gt;Podríamos elevar la discusión y decir que me vi sumergida en un cuento de Cortázar, como “La continuidad de los parques”, en el cual un hombre es alcanzado por la acción de la novela que está leyendo. Efectivamente, lo que narro en el párrafo anterior me sucedió mientras leía “La segunda vez”, de Edgardo Cozarinsky. En mi caso, sería algo así como la continuidad de los trenes. Sin embargo, mi falsa modestia no me permite concebirme como un personaje cortaziano. Aunque sí me voy a permitir usar al autor de Rayuela para buscarle una explicación al hecho o, en realidad, para dejar de buscarla. En su texto “El sentimiento de lo fantástico&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;”, Cortázar propone pensar a lo fantástico, “esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen o se están cumpliendo sólo de manera parcial, o están dando su lugar a la excepción”, esos “paréntesis de la realidad”, como algo que está presente en nosotros mismos, que “no se da solamente en la literatura, sino que se proyecta de una manera perfectamente natural” en nuestra vida propia.&lt;br /&gt;Entonces, me pregunto, ¿cuál es la relación entre lo ficcional, lo metafórico, y lo real, lo figurativo? ¿Son la misma cosa, como, a lo mejor, sugiere Cortázar? ¿Dónde está el límite entre ambos? Si yo leo que el tren está pasando por la estación Olivos, ¿el tren efectivamente está pasando por la estación Olivos?&lt;br /&gt;De acuerdo a Paul Ricoeur, existen tres mímesis en el proceso que va desde la vida en acción al acto de lectura, entre el antes del texto y después del texto. Las dos primeras no nos ocupan para estos interrogantes, comprenden el momento previo a la escritura, cuando el sujeto reconoce en la realidad aquellos elementos y establece significaciones simbólicas que luego volcará en el texto, y el proceso de escritura propiamente dicho, cuando el autor configura la trama y establece una refiguración metafórica del campo de acción. La tercera, por su parte, consiste en el momento del acto de lectura, cuando el lector toma la experiencia remitida por el escritor y la refigura según su propia experiencia, la hace confluir con su propia existencia. Temiendo haber caído en tecnicismos y en aproximaciones teóricas para las que mejor resultaría leer al propio Ricoeur, me explico: el tren pasando por la misma estación en la realidad que estaba pasando en el papel y en la realidad que estaba pasando en mi vida no es otra cosa que la confluencia entre dos experiencias, la mía y la de Cozarinsky -buen día Cozarinsky, un gusto conocerlo y cruzarlo por acá, en este tercer mundo que creamos entre sus mímesis 1 y 2 y mi mímesis 3, curiosa confluencia la de nuestras respectivas reconfiguraciones de la realidad, ¿no le parece?-.&lt;br /&gt;La casualidad me explicó de la mejor manera a qué se refiere Ricoeur cuando habla de un tercer tiempo posible en la ficción. El tiempo real es desordenado y muchas cosas ocurren en simultáneo, sin embargo existe una relación de anterioridad y posterioridad que no puede revertirse. El tiempo de la narración debe ser lineal, simplemente porque unas palabras no pueden superponerse a otras y aún así ser inteligibles. La ficción da lugar a un sistema de tiempo con reglas propias, donde el narrador y los personajes pueden ir y venir y, a la vez, se encuentran con el lector. El tren de la ficción pasa por la estación en el instante justo en el que el lector lee que el tren pasa por la estación. Que ese momento coincida con el tren del lector, el tren real, no es más que una invitación, o una cachetada, del universo para comprender lo metafórico de nuestra existencia, lo fantástico de la realidad, a lo Cortázar.&lt;br /&gt;Voy a usar por tercera vez la palabra “confluencia”, es que me gusta pensar a lo metafórico y lo figurativo en un mismo plano. Es así como viendo una foto de Rafael Calviño, en la que un indigente duerme junto a una publicidad gráfica, en la cual dos personas le dan la espalda -y acá ya introduje la confluencia, porque establecí una relación entre eso simbólico (la publicidad) y eso real (la persona que duerme)- yo puedo pensar que lo que estoy viendo existe, y no por ser una fotografía es no real. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5406916029869216994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 218px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P5glpBCubw4/Swk5e2q4VOI/AAAAAAAAAMo/Ec4ajvHHOOU/s320/tv.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Capaz que verdaderamente hay un hombre que duerme usando un cartón de frazada y al lado, justo al lado, dos personas que les dan la espalda y miran una pared. Porque está bien que es una publicidad, y está bien que es una publicidad adentro de una foto, ¿pero no está ya la publicidad, la imagen, inserta en nosotros? ¿No estamos ya formateados? ¿Podemos distinguir, vale la pena distinguir, a esta áltura, la mentira de la verdad? La verdad: un mecanismo extraño para mí reprodujo lo que se vio por la lente de una cámara en un pedazo de papel, papel virtual o real. La mentira: un hombre duerme tapado con cartón al lado de dos personas en un museo de arte banalizado que le dan la espalda. Y ya no sé cual es cual.&lt;br /&gt;Y justamente porque me gusta ese momento en que, congnositivamente, como en lo que acabo de plantear respecto a la foto de Calviño, y de manera más tangible en la anécdota del tren y Cozarinsky, la metáfora coincide con lo real, es que me gusta la ciudad. Porque es, justamente, es el escenario perfecto para la creación de la metáfora, para la resignificación de esa gran bola de realidades que nos arroja permanentemente Buenos Aires, como otras ciudades, en su constante movimiento y sobreabundancia de elementos y lecturas que marean al ojo curioso, al ojo desautomatizado. Acepto esto último como máxima pero no termino de entender por qué. ¿Qué es lo que lleva a la ficción a ocuparse tanto de la ciudad? ¿O qué es lo que lleva a la ciudad a estar tan ocupada por la ficción?&lt;br /&gt;Quizás la anécdota que remito en el primer párrafo sea el ejemplo de cómo y por qué la ciudad da trama a la ficción. Tal vez sea esa sobreabundancia de elementos, de contrastes, la que incita a la literatura a acercarse a la ciudad, o quizás no sea una elección voluntaria, sino que ambas quedaron entrelazadas en una maraña de significados. Porque, justamente, eso tienen en común, son una gran telaraña. ¿Tejida por quién? ¿Será el capitalismo desenfrenado, que encuentra su más (im)perfecta expresión en la ciudad, la araña que teje y da por resultado esa red de la que lo más humano de los humanos quiere escapar y por eso recurre a esa realidad/no realidad que es la ficción para hacerlo?&lt;br /&gt;Por otro lado, la literatura no puede tocar a la ciudad sin marcarla, sin llenarla de su materialidad intangible. En este punto, voy a caer en la irreverencia de citar una obra que no leí. Afortunadamente, Carlos Gamerro, a través de su ensayo “Pérdidos en la ciudad&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;” disimula un poco mi ignorancia y me permite hablar del Ulises de James Joyce. De acuerdo a Gamerro, la Dublín que construyó Joyce, y por cómo lo hizo, en su novela se mantiene exacta en el tiempo. “Como Dublín ha cambiado poco en cien años, el viajero puede tomarse el trabajo, Ulises en mano, de comprobar por sí mismo la exactitud de sus construcciones urbanas, y donde ya no esté el edificio original probablemente encontrará una plaqueta de bronce con la figura de Leopold Bloom y la cita del Ulises correspondiente: es decir, Joyce no sólo ha puesto a Dublin en un libro, sino que ha logrado que Dublín se convierta en uno: al recorrer las calles de la ciudad la vamos leyendo en las palabras que el autor eligió para ella”, explica el escritor. Y si desconfío de que la fotografía de Calviño sea la verdad y un hombre durmiendo junto a dos personas que le dan la espalda la mentira, ¿por qué no puedo suponer que la Dublín tangible es menos real que esa formación paralela que creó Joyce, y hoy se mantiene a fuerza de placas de bronce, como esos juegos en los que uniendo puntos se forma un dibujo?&lt;br /&gt;Ciudad y ficción se hayan en una relación de reciprocidad. Una le da su elemento a la otra y viceversa. La ciudad le da trama a la ficción y la segunda entrama a la primera, de la misma manera en que lo real le da su sustancia a la metáfora para que esta juege irrespetuosa con ella y la metáfora resignifica a la realidad para que no paresca tan absurda, para unir significados y tranquilizarnos un poco, sentir que estamos presos en algo más profundo que el azar, que ese maraña, esa tela de araña, es una red donde caer, que es más suave que el piso, que el golpe duele menos y que la red está, que no es un abismo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Lucila Pinto&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; “El sentimiento de lo fantástico”, Julio Cortázar, www.ciudadseva.com&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Carlos Gamerro; “Pérdidos en la ciudad”;Ciudades de papel&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-4429391462873324080?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/4429391462873324080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=4429391462873324080' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4429391462873324080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/4429391462873324080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/11/ensayo-la-ciudad-de-las-telaranas.html' title='Ensayo: La ciudad de las telarañas'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_P5glpBCubw4/Swk5e2q4VOI/AAAAAAAAAMo/Ec4ajvHHOOU/s72-c/tv.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-526671624768225618</id><published>2009-11-20T18:08:00.000-08:00</published><updated>2009-11-20T18:16:36.759-08:00</updated><title type='text'>Ensayo: Algo más que pasión</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real&lt;/em&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;em&gt;[1]&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;José Ingenieros&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Erica Casarin Novak&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar de la esquina está lleno, de repente como si algo los pinchara a todos a la vez, se levantan de sus sillas con los brazos hacia arriba y la expresión de mayor felicidad que puede expresar un cuerpo completo y gritan al unísono ¡GOL! Nada parece comparable a ese sentir y eso me lleva a preguntarme si alguna vez se trató de explicar el por qué de ese sentimiento, pienso si a través de algún tipo de discurso se ha reinterpretado y tratado de entender todo esto, y así, de alguna manera poder comprendernos a nosotros mismos. Confluyo en un interrogante que me da vueltas todo el tiempo, ¿cómo ve la ficción esto que diviso en el fútbol? Primero debería tener en claro lo que veo y eso no es lo que me pasa, percibo algo, pero no se qué es, noto como se moviliza la gente hacia un lugar que deja de ser físico, un lugar que desconoce y se le despierta el alma, como si algo atravesara transversalmente la idea del mundo. No puedo decir que es la pasión lo que moviliza las multitudes, pero si, quizás que hay algo que los transforma, algo que despierta un ser que se desconoce, como en “Asterix, el encargado”&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt; cuando se pierde el personaje en el otro personaje, cuando en el fragor de la pelea se le revela su incógnita y logra entender en la pérdida de si mismo su propia esencia. Pienso en el fútbol, en lo que genera, en lo que moviliza y me meto en el descampado del cuento, en donde se sitúa la kermés que al protagonista lo hará tener su revelación, su satori, y en ese lugar, que describe como Una kermés de la edad de piedra, una multitud de hombres y mujeres de diversas edades se movía, pero allí mismo, como si no pudiera dejar de estar en cualquier mundo que se figurase, en cualquier ciudad que hubiera dentro de otra ciudad, aparecen los arcos de fútbol mal puestos y semihundidos, pero están. Es como si el fútbol no pudiera escaparse de nuestra realidad y Fabián Casas no lo deja irse, porque pareciera que lo mecha en cada oportunidad que tiene, paseando por barrios futboleros, haciendo alusión a una analogía de unos vendedores de anillos cumpliendo el rol de un cafetero en la cancha. El autor no deja escapar aquello que para la ciudad y para muchos es tan común, compara la preparación para ir a la guerra con los preparativos para patear un penal. Me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué es necesario mechar analogías futbolísticas cuando se está hablando de cualquier otra cosa? Me pregunto, ¿qué es lo que genera que todos sepamos a lo que se refiere cuando se expresa de esa manera? Quizás sea por esa necesidad de no sentir miedo, de ser parte de un todo mucho más grande que uno mismo, quizás sea como lo que relata el protagonista del cuento que le pasa cuando se metió en esa pelea que tanto lo movilizó, sentir que por un motivo inexplicable ya era un miembro de esa tribu. Pareciera que el fútbol nos invade a tal punto que se nos hace más fácil describir a una persona si sabemos de que cuadro es hincha, un morochón con la camiseta de un club de fútbol se me vino encima, él no sabe nada de ese hombre, pero sí que tiene un vínculo con algo que él también conoce, y es en ese instante que ese personaje descubre que tiene un don y se transforma, se convierte en su compañero y se hace nadie y con eso se redescubre, como cuando leemos algo y luego, o a medida que lo hacemos, nuestra mente se va a otro lugar, y aquello que creíamos olvidado vuelve, pero ahora diferente y volvemos la mirada al texto y repetimos el párrafo que ya leímos porque hay algo que nos hizo perdernos, pero en ese perdernos quizás nos encontramos, desde otro lugar, desde otra óptica, pero nos encontramos.&lt;br /&gt;El mundo que genera el fútbol en esta ciudad que individualiza tanto, con uniformes, con rejas, sin miradas, hasta el punto de no saber quienes somos, quizás como les pasa a los que participan de esa fiesta en el cráter, les permite soñar despiertos, o como dice la canción de PEZ, les enciende el alma, la pelota manda&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;, pero no es la pelota, es otra cosa, que no podemos descubrir, que no podemos descifrar, por eso intentamos explicarla de mil maneras distintas, llegando siempre a conclusiones diferentes.&lt;br /&gt;Caminando por la calles de nuestra Buenos Aires, se puede ver que el fútbol es inherente a la ciudad, que ella mama de él sus pasiones, sus gritos, sus colores, de la misma manera que se puede apreciar que el fútbol crece a la vez que crecen los edificios rápidamente hacia arriba, van casi de la mano, caminando juntos, pero no podemos distinguir bien el por qué, es como si a la ciudad también la pincharan para saltar y gritar al unísono el gol de la victoria y se levantara con las camisetas, con los afiches, las banderas, y ese algo, que hace que hasta sea turísticamente atractivo visitar todo lo referido a eso que no podemos explicar tan fácilmente.&lt;br /&gt;Entonces me pregunto nuevamente, ¿qué tiene el fútbol que hace que no podamos escapar de él?, que si queremos explicar algo hablemos de equipos, de bandos, de barras, de hinchadas, ¿qué tiene el fútbol que si logramos explicar cualquier realidad desde una metaforización fútbolísitica cualquier persona nos puede entender? Me pregunto el porqué de la necesidad de crear tantas canciones, películas, tantos cuentos, tanta ficción para contar lo que hoy en día se puede ver de manera masiva, ¿acaso ficcionalizamos tanto el hecho de ir al supermercado? Creo que no, parece que necesitamos entender ese misterio que tiene y por eso aparece en tantos lugares, por eso vemos “El secreto de sus ojos” y lo único que puede delatar a alguien inencontrable, totalmente críptico y ya dejado de lado, habiendo pasado por todas las opciones posibles, es el fútbol, pero no el deporte en si, porque no creo que sea el juego deportivo y reglamentado lo que moviliza tanto, parece que hay otra cosa detrás, algunos le colocan el nombre de pasión otros de unidad, de madre de los desamparados, de lógica dentro de lo que es ilógico, pero lo cierto es que en ese film, el hombre más buscado y que genera tanto sentimiento negativo, lo encuentran en una cancha. Ninguna parte de la ciudad le dio amparo y no pudo escapar a eso que lo llamaba desde adentro, eso mismo que lo delató, como si esa cosa que desconocemos no pudiera despegarse de su ser a tal punto de obnubilarse y no sentir que se deja vencer, sino que da la fuerza para pararse de golpe, como lo hace el amigo de Asterix en la pelea, aunque nos hayan pisoteado y pegado por todos lados. Pareciera que en el ir y venir de la vida ciudadana, los colectivos, las colas, los impuestos y las protestas, el fútbol otorgara esa especie de paz, que a través de una actitud que aparenta ser agresiva, les permite comprender, como al protagonista del cuento, eso que es incompresible. O en el film que mencioné antes, hasta el hombre del cual menos se esperaba, por haberse perdido en el alcohol, se ve valorizado y encuentra las respuestas en su sapiencia sobre el fútbol. Me pregunto, ¿por qué Campanella elige esa salida? ¿Por qué le da la gloria al personaje de Francella a través del fútbol y por qué le da la perdición a través del mismo eje al asesino? Quizás sea porque no sabemos qué nos da o qué nos quita o qué es, quizás no tenemos las respuestas, pero sabemos que algo pasa, que podes sentirte triunfador o perdedor, que podes ganar o perder, que podes no sentir más miedo o que podes sentirte parte en donde como dice Casas en su cuento, cuando apenas llegan a esa fiesta, ni siquiera nos percibían. Asterix, que tenía el perfil exacto para engramparle los crímenes, porque no tenía familia y nadie iba a salir a defenderlo, en esa riña, forma parte del todo, quizás como el hincha, que nada tiene, más que esperar que se le encienda el alma al ver rodar la pelota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Ingenieros, José, El hombre mediocre, Editorial Losada, 1961.pp 9.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Casas, Fabián, Los Lemmings y otros, “Asterix, el encargado”&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Disponible en http://www.rock.com.ar/letras/6/6080.shtml&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7206881372063631552-526671624768225618?l=comisiones12y22btalleri.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/feeds/526671624768225618/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7206881372063631552&amp;postID=526671624768225618' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/526671624768225618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7206881372063631552/posts/default/526671624768225618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comisiones12y22btalleri.blogspot.com/2009/11/ensayo-algo-mas-que-pasion.html' title='Ensayo: Algo más que pasión'/><author><name>Los hacedores del blog</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7206881372063631552.post-1721366109293246587</id><published>2009-11-20T17:57:00.000-08:00</published><updated>2009-11-20T18:04:21.774-08:00</updated><title type='text'>La ciudad tras bambalinas</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;La música, los estados de la felicidad, la mitología,&lt;br /&gt;las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos&lt;br /&gt;y ciertos lugares, quieren decirnos algo[…] esta&lt;br /&gt;inminencia de una revelación, que no se&lt;br /&gt;produce, es, quizá, el hecho estético.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;J.L. Borges&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5406371289795666338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P5glpBCubw4/SwdKCzwkIaI/AAAAAAAAAMg/M7ebr03asfA/s320/La+ciudad+tras+bambalinas.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Por Noelí Juliá&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad construye espacios, espacios urbanos, y ubica en esos escenarios figuras centrales y figuras secundarias. Pero lo increíble es que todos los habitantes los aceptamos, aceptamos esa disposición de los personajes, que la ciudad nos diga qué mirar, qué escuchar, qué hacer; dejamos que la urbanidad nos oriente sin cuestionamientos.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay un actor de esta sociedad que se encarga de abrir la mirada, de ver lo que no se ve, lo que queda tras las cortinas del teatro que propone la ciudad. Ese actor es el arte, la ficción en particular. Son las novelas, la literatura, las obras de teatro las que ponen en el centro lo que la ciudad conserva a los costados. ¿Por qué será que es sólo la ficción la que logra desorganizar la organización urbana? Es la necesidad de encontrar relatos, son las ganas de contar historias las que llevan a un escritor a fijarse en lo que está tras las cortinas.&lt;br /&gt;Hace algunos meses empecé a trabajar en microcentro (no es que no lo hubiera hecho antes, pero nunca había permanecido tanto tiempo en un empleo). Pasada la euforia inicial supe que ese trabajo no me traería nada bueno, que había tomado la peor decisión posible, que nunca debería haber dicho que sí. Me molestaba no poder dedicarle tiempo a la facultad, pero más me fastidiaba no tener tiempo para escribir. De todas maneras, y reafirmando la filosofía china, con el tiempo encontré el yin dentro de mi yan.&lt;br /&gt;Por suerte (ahora digo que fue suerte) tuve que correr por Florida y Lavalle, afortunadamente me estrujaron en el subte tantas mañanas. Fue bueno, y creo firmemente que fue bueno no porque quiera autoconvencerme de que no perdí el tiempo, sino porque vi y viví situaciones desconocidas, porque pensé, porque me transformé. Fui otra, me desdoblé y entendí posturas opuestas.&lt;br /&gt;Fui una oficinista que “vuela” por Corrientes sin ver ni el Obelisco, caminé chocando gente porque llegaba tarde, aún cuando no tuviera ningún horario para llegar a ningún lado, simplemente porque, ya lo dice Fito Páez, siempre se hace tarde en la ciudad.&lt;br /&gt;También y al mismo tiempo fui (un proyecto de) escritora, de artista. Gracias (y nunca mejor usada la palabra “gracias”) a tener que escribir ficción tuve que encontrar algo distinto en mi rutina, me tuve que obligar a ver más allá. Se desprendió de mí una segunda yo, una que se detiene a ver el Obelisco (aunque sea de reojo) cuando está llegando a la oficina, una que ve el color de la manta que tapa al señor que duerme en la parada del colectivo, una que sonríe sola en el subte cuando el saxofonista hace su show.&lt;br /&gt;Esa segunda parte mía se reveló ante las imposiciones de la ciudad, le dijo “no” a los protagonistas sobre los que la urbanidad focaliza su atención; espió, miró a los costados y descubrió que detrás de las bambalinas hay millones de cosas tanto o más interesantes que las que brillan bajo el foco principal.&lt;br /&gt;Oscar Wilde dice que ningún artista ve las cosas como son en realidad, ya que si lo hiciera dejaría de ser artista, pero yo no creo que sea así. El artista ve la realidad, sólo que no es la realidad iluminada por la ciudad. Es la realidad de los márgenes, la realidad en la que la ciudad no pone el foco, la más difícil de ver. Eso convierte al artista un artista, la capacidad de inclinar la cabeza y mirar más allá, de ver mucho más que la realidad establecida. Es por esto que es la ficción la única que rompe con los estereotipos urbanos establecidos, esos que nos orientan la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un factor fundamental que ayuda a la ciudad a organizar el escenario, a decidir quién recibe las miradas y quién se queda tras el pesado paño rojo: los medios de comunicación. Como lo establece Eliseo Verón&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7206881372063631552#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;, vivimos en una sociedad en vías de mediatización, es decir, gran parte de las prácticas cotidianas no sólo aparecen en los medios sino que se estructuran a partir de ellos. Esto hace que, como plantea Carlos Gamerro en Perdidos en la Ciudad, la ciudad ya no se conozca recorriéndola sino viéndola por televisión, la variedad del recorrido urbano, cuyo equivalente discursivo o textual podía encontrarse antes en la página de un diario, hoy se recrea mejor en el zapping o en un surfeo por la web, reflexiona.&lt;br /&gt;Con todo esto lo que quiero decir es que si explota una bomba en Zimbagüe, para mí y para el resto de los habitantes, esa bomba no explotó si la televisión o la radio no lo contaron. Sin ir más lejos, si un árbol mata a un perro a la vuelta de mi casa y un vecino me lo dice yo dudo de la veracidad del hecho, aunque las dudas no son tantas cuando el que me lo transmite es el conductor del noticiero del mediodía.&lt;br /&gt;Las personas confiamos mucho más en una institución que en una persona. No creemos en el resto de los ciudadanos, ¿será que somos concientes de que la ciudad nos miente?, no lo sé, no estoy segura. Sí estoy segura de que no creemos en la gente, y cuando estamos solos, nos sentimos mejor cuando ese conductor, esa figura detrás de la pantalla de la televisión o del parlante de la radio nos acompaña 
